A Honorato no le gusta charrar

Ricardo García Moya

Honorato Ros, mestre pro­gresiste, ha progresado hasta ser académico de la AVL; re­compensa, quizá, por defen­der el país catalán (no el Rei­no de Valencia), la bandera catalana (no la Real Senyera) y la lengua catalana (no la va­lenciana). Produce pánico que este militante del PSPV y co­fundador del catalanero Sin­dicat de l’Ensenyament del PV (Stepv), sea guardián del idioma valenciano que, du­rante décadas, ha intentado sustituir por el catalán. En reseña de Alfons García, leo que Honorato “ha realizado un primer repaso de las 192 palabras enviadas por el Con­sell”; y hasta en esas pocas voces (añadidas para disimu­lar), alteran morfologías. En­tre las avaladas por “los lexi­cógrafos valencianos más prestigiosos” (¿Honorato?), hallamos “xarrar” (DOGV; 24/06/02).

Para hablar de “charrar” tenemos que dejar a Ho­norato e irnos al 1526, año en que la reina Germana de Valencia, tras envenenar cariñosamente a su segundo marido el Marqués de Bran­demburgo (¿lo hizo con el pri­mero, Fernando el Católico? ¿Tuvo una hija con Carlos V?), se casa con el Duque de Calabria, organizando una de las cortes más folladoras y cultas de Europa. Mientras vivió, entre cópula y cópula, Germana se rodeó de huma­nistas que usaban el idioma valenciano; aunque en corte tan internacional, los inter­cambios léxicos eran inevita­bles. En “El Cortesano”, Milán retrata el ambiente áulico, “haciendo que hablen en nuestra lengua valenciana como ellos hablaban” (Epíst.). El idioma es el del primer tercio del XVI, y en él hallamos el adjetivo “charrador” (pro­hibido por Honorato e Inmer­siomán), como primera docu­mentación: “per ser tan gran charrador”, testimonio léxico ocultado por la delincuencia cultural: el DECLLC de Co­rominas (que conocía la obra); y el DCVB de Sanchis Guar­ner que, a cambio, ofrece ‘bonyigá’ del IEC: xerrar, xerramenteria, xerradissa, xerraireria, etc.

La voz derivada del italiano vulgar ‘ciarrare’ se filtraría, quizá, por el colectivo va­lenciano en Roma, influyente incluso tras la caída de los Borja, (Naharro, en 1515, es­cribe y representa en valen­ciano e italiano en el palacio de Julio de Médicis). Posible origen del castellano ‘char­lar’, la valenciana ‘charrar’ no se incorpora hasta 1970 al DRAE, donde se afirma que procede de la onomatopeya charr (¡arre burro!). La corte valenciana atraía a escritores como el aragonés Jayme de Gueta (sic), quien hacia el 1530 usa charradora en su comedia Vidriana; en el sur, Javier Fuentes lo recogía en Murcia junto a otros valencia­nismos: “charrar, chepa, chu­lla.” (Murcia que se fue. 1872, p. 404). Por el norte, el catalán derivó hacia los monstruos promocionados por la acade­mia Inmersiomán.

Alegarás, Honorato, que el ‘charrador’ de 1525 fue la excepción que confirma el uso del ‘xarrar’ propuesto por los ‘lexicógrafos valencianos más prestigiosos’ (¡Quina vergon­ya, mareee!). No, Honorato, no. En 1575 el valencianiza­do Pou (Thesaurus. Valencia, 1575) dejaba impresos el infi­nitivo, el sustantivo y el adje­tivo de esta familia léxica valenciana, más sus equiva­lentes latinos “charrar, ga­rrio; charrativa, garrulatis; qui es molt charrador, garru­lus”. El humanista avalaría la concordancia semántica con el valenciano actual: “charra­dor o charraor, qui parla llau­gerament y sense molt de tre­llat”. Otro humanista, el cate­drático Gaspar Guerau, apli­caba irónicamente el verbo charrar (a.1586), en su sátira de los notarios valencianos. Los que no aparecen son los nosferatus léxicos ‘xarrar, xerrar’.

Comprendo, Honorato, que tú y tus colegas del AVL ocul­téis que ‘charrar’, en idioma valenciano, lleva ‘ch’; vuestra misión es catalanizar, de igual modo que los subvencionados santones de Saó, pese a cono­cer que en prosa mística valenciana se usaba la morfo­logía correcta: “acostumat a parlar y charrar.,.estes persones charradores” (Montan­yés, Jaume: Espill de ben viu­re, Valencia 1559). Las voces permanecieron vivas en todo el Reino, incluso en el siglo XIX. Mira, Honorato, este ejemplo de obra impresa y representada en Castellón: “no amolle cap charrá” (Co­lom: Tal es Cualis com Cama­lis. Castelló, 1872); o este otro de Alicante: “el atre va y se asenta, y charra que charra” (Semanari El Cullerot. Ala­cant, 1898); y, por supuesto, de la capital del Reino: “no charreu. Esta charraeta...” (Roig: Un chuche, 1873); “ca­da charrá lo tomba..., eixe niu de charraes” (Fambuena: Un fransés en Almásera, 1877); “podrem charrar un ratet” (Balader: El pare alcal­de, 1871); “S’hani entreten­gut charrant” (Peris: La peix­ca de la ballena, 1926). ¿Lo ves, Honorato, como sois una panda de pelafoches (Morlá, 1649) morfológicos al prohi­bir la ‘ch’ de ‘charrar’ en idio­ma valenciano?

A ‘charrar’ se le atribuye origen mongol, pasando des­pués al turco, italiano y valen­ciano. Respecto al hijo pródi­go ‘chará’, vendría del mismo origen, pasando por el francés ‘charaude’ y con acepción cer­cana a adivinanza. El genial Baldoví lo usa con valor de logogrifo: “Charada: Adivi­neu, si os pareix...” (Semanari El Tabalet, 1847); más tarde adquirió la morfología moder­na, con la apócope que tanto odia la catalanización: “chará per parts” (Semanari El Bou solt, 1877). Baldoví era un virtuoso en provocar la sonri­sa combinando en una frase voces de varios idiomas, y el galicismo “charada, chará” de 1847 lo utiliza en la misma época que escribe sobre “Los Misterios de Patraix”, desen­trañados por “l’agüelo Menti­reta”. Este artificio sainetes­co parodiaba “Los Misterios de París”, que Eugène Sue publicó por entregas en el Journal des Debats en 1843. El autor del “Virgo de Visanteta”, el mejor sainetis­ta del XIX, enriqueció léxicamente el idioma valenciano moderno; aunque los parási­tos catalaneros quieren hacer creer que todo vino en las alforjas idiomáticas de los analfabetos cruzados de 1238. Por cierto, la susodicha fór­mula de cortesía: “si os pareix”, usada por Baldoví, hoy sería “si vos pareix”; aun­que la inmersión impone el arcaísmo y catalán actual: “si us plau”.

Lo siento, Honorato, pero en el pueblo valenciano (pese a que los euros los incinera Inmersiomán con vosotros), hay quien heroicamente man­tiene la grafía correcta: ‘cha­rrar’ (Voc. GAV, 1983); ‘cha­rrar’ (Dicc. RACV, 1997); ‘cha­rrar’ (Castellano: La conjuga­ción verbal valenciana, 2001). En el idioma barroco valen­ciano aparece un sustantivo consolidado, con aféresis y pérdida de ‘h’ muda: “norabo­na” us o por Morlá, Serres, etc. Y habría que dar la “norabona” a... ¿Honorato, aca­démico para rato? No, ya te prou en lo que li donen. La “norabona” se la merece Mi­quel Castellano, por su es­fuerzo en defender los verbos valencianos vivos; incluido ‘charrar’.

Diario de Valencia 9 de febrero de 2003

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