Almansa y la mentira catalana

Ricardo García Moya

 

La divisa emblemática de los nacionalismos vasco y catalán es la mentira compulsiva. Mienten en la lengua y mien­ten en la historia. Para eso cuentan con esa gran tropa de historiadores ciencia-ficción dedicados a la afanosa tarea de hacer histeria en vez de historia. El fílibusterismo editor, cómplice del delito fal­sario, completa el cuadro.

El 25 de abril es siempre la fecha elegida por los trileros de la historia catalanenca (los Rovireches, los Blocqueros y demás troleros...) para bajar, con sus mesnadas pardas, a insultar a los valencianos y para confundirlos, otra vez más, con el tocomocho de la batalla de Almansa: esa gran mentira que se inventaron los catalanes para enriquecerse a costa de los valencianos que fuimos, por su culpa, las ver­daderas víctimas de tan feno­menal descalabro.

A los valencianos nos gusta celebrar victorias. Al `nazionalismo´ catalán le gusta celebrar derrotas. El Reino de Valencia, victorioso tras la conquista del Rey Jaime I, celebra, con su “9 d´Octubre”, el gran triunfo de los valen­cianos sobre el rey moro. El 25 de abril nos bajan del ‘condadito’ los trileros catalanencos para recordarnos su derrota que arrastró para los valencianos la pérdida de nuestros “FURS” (derechos forales del Reino de Valencia). A la muerte de Carlos II el Hechizado, rey de España, los valencianos perdimos la Gue­rra de la Sucesión (1707) al posicionarnos, por nefasta influencia de los catalanes, a favor del Archiduque Carlos de Austria y contra el here­dero legítimo que era Felipe V el Borbón francés.

La “Gran Alianza de la Ha­ya” entre Inglaterra, Holanda y Austria había declarado la guerra a Francia y, frente a Felipe V que era el titular legítimo del trono español, las potencias europeas nos que­rían imponer su candidato, el Archiduque Carlos de Aus­tria. Cataluña arrastró erró­neamente a los valencianos a posicionarse a favor del Ar­chiduque Carlos y en contra del heredero legítimo, Felipe V.

Tuvo lugar la llamada Guerra de la Sucesión y los valencianos la perdimos: culpa nuestra por posicionar­nos por el candiadto equivo­cado. Evidentemente Felipe V hizo su vendeta que consistió en privar a Valencia de nues­tros fueros mediante el Decreto de Nueva Planta de 1717. Ahora bien, los falsifi­cadores de la historia –histo­riadores, editores y burguesía catalana- mienten y se pre­sentan como las víctimas de esta derrota cuando, pese a ser los mayores culpables, los catalanes fueron los más beneficiados de la derrota. Los realmente dañados fui­mos los valencianos.

El comisariado nazionalista y su “popaganda machine” hace culpable de todos los males acaecidos contra la Cataluña y Valencia del 1700 al famoso “Decreto de nueva Planta” (1716) del Borbón Felipe V. Dicen ellos (falsa­mente) que “Cataluña perdió su personalidad y su lengua fue prohibida”. Pura ficción y falseamiento histórico pues, como decía el historiador catalán Vicens i Vives, no existe en ningún artículo de dicho Decreto la prohibición del uso de los dialectos catala­nes. Lo único que se dice en el Decreto es que las sentencias judiciales deberían de escri­birse en castellano, pero... porque hasta ese momento se habían escrito en latín y por­que, al igual que pasó en Inglaterra, Alemania, y Francia en ese momento, se proclamaron obligatorias las respectivas lenguas naciona­les para las sentencias judi­ciales. Los dialectos catalanes se siguieron usando total­mente.

El famoso historiador cata­lán Vicens i Vives en su famo­so libro: “Aproximación a la Historia de España” nos dice: “Un Decreto de Nueva Planta echó por la borda del pasado el anquilosado régimen de privilegios y fueros de los con­des feudales. Y este desescom­bro benefició insospechada­mente a Cataluña porque le brindó las mismas posibilida­des que a Castilla en el seno de la monarquía común”...

Hasta el mismísimo cate­drático catalán Emíli Giralt dice en su manual de historia: “la Barcelona conquistada (‘por Felipe V´) era una ciudad típicamente medieval y sería difícil de encontrar un ejem­plo tan patético de inmovilismo”... Cataluña se modernizó y creció a costa del hundi­miento del Reino de Valencia pues, al poco del Decreto de Nueva Planta, se canalizó hacia Barcelona el paso de 25.000 hombres camino de la conquista de Sicilia y Cerdeña y esto hizo que se reanimara el comercio, la artesanía de confección y calzado, así como la fabricación de barcos cata­lana.

En 1718, Felipe V para pro­teger la industria catalana, prohibió la importación de tejidos de Asia y China y se empezó entonces el aumento demográfico de Cataluña que pasó de 350.000 habitantes en 1708 a 817.000 habitantes en 1787. Entre 1745 y 1770 y, gracias al comercio ultrama­rino, el puerto de Barcelona alcanzó la primacía en España: no sólo se exporta­ban tejidos y calzados, sino también el vidrio, de Mataró y el papel de Olot. Y fue a Felipe V y al gobierno de Madrid a quien Cataluña le debió el incremento del culti­vo de la viña, la exportación de vinos a América y el creci­miento de las cepas en el Ampurdán y el Penedés ¡que dieron lugar al actual cava!.. con toda su riqueza.

El muy actúal historiador Marcelo Capdeferro dice en su libro “Otra Historia de Cataluña” (pág 371): “Gra­cias a la paz y al orden y a la laboriosidad de todo un pue­blo; y gracias también a la desaparición de unas institu­ciones anacrónicas y oligár­quicas, en menos de medio siglo, se operó un desarrollo impresionante en Cataluña en todos los órdenes”. Y lo mismo opinan, además de Vicens i Vives y Emilio Giralt otros historiadores como Henry Kamen, Antonio Pons, André Laborde y el profesor Tamames.

El problema real lo tuvo Valencia quien, tan mansurrona y soguzgada ella como de costumbre, fue la más marginada y la que más per­dió pues fue esa fecha (1745) cuando el puerto de Valencia y su economía empe­zaron un espectacular declive que se prolongó durante lus­tros. Y es que como nuestro profesor de historia nos decía en clase: “La historia de Cataluña y Valencia, desde siempre, ha sido la historia de dos fieras competidoras y a lo largo de los siglos se ha visto claro que, cuando Barcelona ha subido, Valencia ha bajado. Y viceversa.” El mal económi­co y financiero no le vino a Valencia desde Almansa como los manifesteros fletados desde el Contat, cada 25 de abril, pretenden intoxicarnos. El mal le vino a Valencia –y le sigue viniendo por oleadas-, desde sus vecinos del norte quienes, como de costumbre, hicieron lo indecible por sacar ventajismo y tajada de su situación a costa de los veci­nos del sur –els “ valencianets”-, cuyo desarrollo econó­mico siempre bloquearon y si­guen bloqueando como ahora mismo con el Plan Hidro­lógico y con el AVE. Y siempre con la complicidad de esta vergonzante izquierda socia­lista antivalenciana, cómpli­ce del catalanismo burgués y enemiga del desarrollo de Valencia: ahora los socialistas nos la matarán, llenándola de salmorra y tendremos un Mediterráneo muerto.

Los tontos útiles del pasa­calle manifestero del 25-A son los que siempre traen, desde el norte, el verdadero “mal de Almansa”. Los archivos e his­toriadores catalanes decentes así lo testimonian. Los trileros, mienten. Y los tontos úti­les se lo creen.

 

Diario de Valencia 25 de abril de 2004

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