Bemoles, bemols y bemolls

Ricardo García Moya

Leía el “Coloqui de les campanes” (a. 1729) en el silencio de la sala. Era lo normal en la biblioteca de la Universidad de Valencia, lo insólito fueron unos golpes descomunales se­guidos de gritos desgarrado­res. Salimos al claustro y jun­to a la estatua de Luis Vives, dos trompellots con sotana de taekondo o ninja se atizaban estacazos con una tranca.¿Era un `curset´ de Camps pa­ra el comísariado de catalanización? No els fa falta per a chafarnos a mosatros, els tendrets valencians. Serían las 11 del miércoles 31 de marzo, ¿son horas para estas ac­tividades a diez metros del lec­tor? Discretamente, sin provo­car al ninja, retorné a la sala. Me había traído una edición del “Coloqui de les campanes”, hecha por el colaboracio­nista Ricard Blasco, para con­frontarla con el original de 1729. La salvajada de Blasco es de 1984, cuando la sociedad estaba desconcertada y el fas­cismo catalanero fingía luchar por la libertad. Usando retóri­ca similar a la que oíamos en Escolapios o Jesuítas, todo desvío de los preceptos del Institut d´Estudis Catalans era vicio nefasto para Blasco. Los filólogos normales hubie­ran usado conceptos de singu­laridad morfológica, tradición léxica, simplificación conso­nantica, creación de neologis­mos, acomodación sintáctica, matices semánticos..., pero Blasco lo reduce todo a repug­nante vicio valenciano.

En el coloqui de 1729, en el original, leo “bemol” (v. 255), que Blasco catalaniza en “be-moll”. Al no existir la palatal `ll’ en latín, del “be molle” surgió el medieval “bemol” para el signo musical, aunque el IEC y su tifosi Camps obli­gan a los valencianos a escri­bir “bemoll”. En el XV cuando se documenta el sustantivo; nuestro Ausias March ya usa el plural “bemols”, diferencia­do del catalán “bemolls” y el castellano “bemoles”. En con­secuencia, es tradición culta la grafía valenciana: “la clau de bemol” (Bib. Univ. Valencia. Coloqui de les campanes, 1729); “¡Mira que te bemols!” (Bernat: Un ensayo fet en regla, 1845); “bemol, bemolant, bemolar” (Escrig, 1871); “bemol, bemolat” (Fullana, 1921); “bemol” (DRACV 1997). Blasco reptaba tras cualquier arcaísmo que coincidiera con los impuestos en el siglo XX por el IEC;.-otras ve­ces, para rechazar una voz va­lenciana e imponer la catala­na, alegaba razones etimológi­cas; pero no dudaba en piso­tearlas si lo ordenaba Barcelo­na. Así, en el coloquio tene­mos los versos “a qui arreba­taran” (v. 71), “arrebaten los sentits” (v. 231), grafía culta que Blasco sustituye por las corrupciones “arrevaratan” y “arrevaten”. La hipocresía de Blasco olvida el rigor etimoló­gico que, según él, debe regir la selección morfológica. El verbo valenciano “arrebatar” entroncaba directamente con su étimo árabe: rabat > ribat > rebat > a + rebat > arrebat; y así lo recogió Escrig: “arrebat, arrebatan!, arreba­tar” (1871); Fullana: “arrebatat,  arrebatament” (Voc. 1921); y la Real Academia Va­lenciana: “arrebatat, arreba­tar” (DRACV 1997).

En el Coloqui tenemos sus­tantivos como “tonyner” (v, 43), un derivado del mozárabe que en catalán daría “tonyinaire”; pero los vicios que per­sigue Blasco no se reducen al léxico, sino que afectan a sin­gularidades morfosintácticas prohibidas por el fascismo inmersor. Paradigma de ello se­ría: “pera pendreu” (v. 167), donde el poeta de 1729 usa li­terariamente la fusión de infi­nitivo y pronombre enclítico, con supresión de la ‘h´ muda y cerramiento vocálico. Traicio­nando el original, Blasco ofre­ce al lector la traducción ca­talana “per a prendre-ho”, alejada del “pera pendreu” que sigue vivo entre los valen­cianos normales. Si el texto de 1729 dice: “no mes averiguar els punts” (v. 432), Blasco es­cribe “esbrinar els punts”, que no es lo mismo; y, por su­puesto, censura el enriquecedor uso del neutro valenciano: “lo que no tindré” (v 381), “lo que he guanyat” (v, 430), “lo que haviem pintat” (v. 83). Así, la frase: “Yo lo que dich” (v. 288), la catalaniza Blasco en: “jo el que dic” (p. 121) Es­tas canalladas idiomáticas, no lo olvidemos, se enseñan dia­riamente a nuestros hijos, pues, para destruirnos no ha­ce falta Carod ni la tía de les barres; basta con la Generalitat de Campspons.

Blasco llama viciosa a la pre­posición ‘en’, sustituyéndola por la catalana `amb’ en el texto de 1729. La frase “en l´armonia” (v. 72) la degrada al catalán “amb l´harmonia”, añadiendo “h” a una voz que, ya en el siglo XV, se escribía sin ella en valenciano: “armonía” (Roig: Espill, 1460). Estos tipos que corroen el idioma son recompensados por Cataluña con Premios Nacionales, como los obtenidos por Joan E Mira y María Beneyto. El poeta de 1729 empleaba la locución va­lenciana “per tot lo rededor” (v. 75), hoy relegada por la ca­talana “al voltant”, inexistente en valenciano hasta el cha­laneo floralesco del XIX. Y el verso: “en nosatros lley” (v. 372), Blasco lo empuerca así: “amb nosaltres llei”. Por cier­to, entre la mariconada de “nosatres” y el arcaísmo “no­saltres”, preferiría éste últi­mo; siempre que el idioma va­lenciano heredado de nuestros padres no contara con el pro­nombre ‘mosatros’, condenat per 1’IEC y la corda de funcionaris sardaners, andalusos quatrebarres, llingüistes zen y, lo mes trist, els valencians que tremolen per el marmolar dels navaixers catalaners. En el verso: “y en açó está concluit” (v. 442), aparece el par­ticipio ‘concluit’ que, para Blasco, “es inadmissible” (p. 126). ¿Quí es ell, cuc catalaner, per a pontificar? Esta gente no se entera de que no viven en Olot o Manresa, pues el citado participio ya estaba admitido en el idioma valen­ciano por la libre voluntad de nuestros antepasados. Desde el Renacimiento estaba arrai­gada esta morfología verbal: “concluixc dient” (Bib. Nac. Madrid, Ms. 1701, £ 70, h. 1590); “ara vaig a concluir” (Mulet, E: Poesies a Maciana, h. 1640); “done per concluit” (Bib. Univ. Valencia. Morlá, Ms. 666, h. 1649); “que concluix este joch” (Ros, Carlos: Romano dels jochs, h, 1730); “una proba concluyent” (Mas:. Sermó S, Vicent 1755); “concluix, m´ataca; no puc resposta donar” (Conv. de Saro. 1820); “concluit, conclusió, concluyent” (Escrig: Dice. 1887) y “concluir, concluit” (Fullana: Voc. 1921).

Huí, els valencians de pae­lla, El Código da Vincí, pet, fútbol y traca patixen la por a que´ls tilden d’incults, usant el ridícul ‘conclós’ del IEC en lloc del valencia ‘concluit’; inclús tenim titots en sindícats que escriuen el cátala “jo concloc”, fugint del valencia “yo concluixc” usat desde fa mig mileni. En 2004, pagats per Camps, mos aufeguen els butonis catalaners per tots els puestos: rótuls dels carrers de Rita Barbera, la televisió d´Empar Recatalá o el `dèria´ d’Artur Avuir en Lletraferit (II.04). Cult y zen, Artur Avuir diu haver viajat al sigle “XV i al XIV al XVI...”, pero a la torna de tan llarc viage pareix que’n visita el femer barceloní del XIX, d’ahon arreplegá bonyigos com “dèria”, aparegut per 1’any 1850, sent paraula inexistent en idioma va­lenciá. Com es sabut, l´academia catalana de Ramonet Ferrer y Ascensió preferíx el ro­segó lléxic cátala al vocable valenciá paregut a atre castellá. Tots tenim un preu, y Mespantofles Camps fa aple­gar a la academia Ascensió a fi de mes la tentació en millars d’euros. ¡Oom, money bolchaca, mani padme hum, ooom! ¡Hare Krishna!

Diario de Valencia 18 de abril de 2004

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