Clóchines y chiulits

Ricardo García Moya

Desde hace semanas, el diario del Muelas usa las pa­labras valencianas “clóchina, clóchines, clochiners”, pero con la morfología impuesta por Cataluña: “clótxina, clótxines, clotxiners”. Obsesiva­mente, dada la reiteración, las intercala en textos caste­llanos: “los cultivadores de clótxina del Puerto de Valen­cia.. la Agrupación de clotxiners” (Levante, 12/06/03), generando desconcierto: ¿desconocen la existencia del sustantivo mejillón?, ¿es “clóchina” un eufemismo pa­ra suplir a mejillón, asociado a algo que han saboreado y que no es el sabroso lamelibranquio? No es probable. Como mossos d’esquadra del Moll, lo que pretenden es catalanizar al ciudadano que, subliminalmente, almacena en el cerebro todo tipo de productos sin filtrar: el “¡un momento, un momento, un momento!” del frenético Pocholo, la canción del “iluso”, la imagen de Beckham o la clótxina del Muelas. ¿Qué lo­gran con esta praxis perio­dística? Mucho. Un tropel de liberados sindicalistas anda­luces o manchegos, con cua­tro barras y gritos de “¡Avui, ja, desenvolupament i feina al p. v.”, sólo produce asco por el odio que exhiben hacia nuestra historia e idioma; pero el “Levante” sí erosiona la ortografía de clóchina (en catalán, “musclo”), introdu­ciendo el barbarismo orto­gráfico clótxina en los cen­tros de enseñanza, gracias a que la Generahdad adquiere miles de ejemplares de la prensa del Moll-

Muelas sigue la línea de la filología progresista d’espardenya, cuyo máximo expo­nente fue Sanchis Guarner, trapatroles idiomático que mentía progresistamente. Así, en “El sector progresista de la renaixença valenciana” (Univ. Valencia, 1985), Sanchís Guarner glosaba y califi­caba como poema catalán el “Himne al Ferrocarril del Grau de Valencia a Xátiva”, composición de Salvador Estellés fechada en 1852. Los versos de Estellés destilaban ingenio literario, creando un ritmo fónico que reflejaba el ruidoso ajetreo del tren por medio de la epífora, figura retórica que consiste en la repetición de una o varias palabras al final de la estro­fa: “Gloria al Ferrocarril que nos pasa / desde el Grao a Valencia del Sit; / del vapor els oits nos traspasa / el chiu­lit, el chiulit, el chiulit”. La cadencia rítmica evocaba la de máquina de vapor: “cuánt vindrá, cuánt vindrá, cuánt vindrá; casi res, casi res, casi res... “.

La guadaña catalana de Sanchis Guarner hirió al to­pónimo Valencia con el acen­to grave galo-catalán de vo­cal abierta sobre la “é”, para acomodarse a la pastosa pro­nunciación barcelonesa del IEC y Canal 9: “Valáncia, Barsalona”. Pero también atentó contra la clásica mor­fología de voces como “chiulit”, transformándola en “xiulit”, ya que la “ch” (sea en chiulit o en clóchines), no existe para los quintacolum­nistas del IEC y su mascota AVL. El problema del fascis­mo idiomático es que no pue­den coaccionar a los clásicos. Así, el humanista Jaume Roig –al que ni Sanchis Guarner ni el Muelas le lle­gan literariamente a la pun­ta de la chirivía-, nos dejó su testimonio de “chiulets” (Roig: Espill, 1460); igual que Isabel de Villena: “han chiulat e cridat” (Villena, I.: Vita. h. 1480). La familia lé­xica permaneció invariable hasta el advenimiento del fascismo catalanero: “poques cabres, pocs chiulits” (Galia­na; Refrans valencians, h. 1760); “fer chiulets” (Coloqui de Pepo Canelles, h. 1780); “chuilits “ (Coloqui de Tito y Sento, 1789); “li pots chiular” (Coloqui de la Mosa de Peyró, 1795); “pareixia alló un chiular” (Conv. de Saro. 1820); “chiulits y safanoriaes” (El Tabalet, 1847, p. 148); “abans que pegue un chiulit” (Bib. Nac. Ms. Prims y grosos, 1859); “atra que chiula” (Colom: Cuatre có­mics, 1873); “chiular” (Belli­do: Un francés de Rusafa. 1876); “chiulem” (Millá: Els microbios, 1884); “els chiulits escoltant” (Barber: De Valencia al Grau, 1889); “eixe chiulet” (Fuster, Llorens: El nano de la falla, 1894); “Encara que chiulen “ (Peris: El dolor de fer be, 1921); “chiular” (Fullana: Voc. va­lencia, 1921); “chiula fort” (Alberola: Terres secanes, 1924); “chiular, chiulet” (Dicc. RACV 1997).

Las páginas del Levante son como las piernas de Danae, siempre abiertas a lo que llueve de arriba. El otro día tocaba a rebato por “los ataques a la unidad de la len­gua catalana en Valencia” (Levante, 20/06/03), hacién­dose eco de las baladronadas del expansionista Laporte, presidente del IEC. El dicta­dor idiomático no nos llama­ba “mariconzones”, es cierto, pero achuchaba a las blandas autoridades valencianas para que acataran la “normativa única”, como cobardemente están haciendo; pues, ¿no les sorprende tanto hablar de “robatori” en Canal 9, a la hora que regresan los niños de la escuela? El verbo robar era común a los romances peninsulares; pero, si quere­mos defender el idioma va­lenciano ¿por qué no priorizar al sustantivo “furt” y al verbo “furtar”, cuyo uso está vivo y, además, es producto del mozarabismo propio? Corominas, traducido del cata­lán, lo reconocía: “Furtar, a finals del sigle XIV en lo Reyne de Valencia, el vell mosarabisme s´aubria pas a l´us comú (.„); furt: vocable no antic en català... si be es antic, genuí y sinse ductes heretat del mosárap en lo Reyne de Valencia” (DECLLC) Por cierto, el susodicho “duc­tes”, con velar sorda, es una característica del valenciano moderno, evolución del dubitare latino: “sens ducte que vosté es frare... qui ho ducta” (Bib- Univ. Valencia. Morlá: Ms. 666, h. 1649); “sens ducte” (Villanc, Cate­dral de Valencia, 1761); “el ductós, vehí de la Creu” (Clérigues, Vícent: Consulta que li feu Masó el Ductós, 1820); “el menor ducte” (Bib. Nac. Conv. Saro, 1823); “eixir de ducte” (Gómez, Batiste; Coloqui de Goriet, c. 1850); “no’t capia ducte” (Aforismes catalans traduits al va­lencià, 1853); “ningún ducte m’oferix” (Liern: La toma de Tetuán, 1864); “eixir de ductes” (Escrig: Dicc. 1887); “tinc moltes ductes” (Alberola: Terres secanes, 1924).

Respecto a “furtar”, hay ejemplos de todas las épocas: “de furt tot lo be” (March, Ausias: Obres, c. 1450); “furt, furts, furtat” (Esteve: Líber. 1472); “li furta lo seu” (Martorell: Tirant, 1490); “furtá la carn” (Blanquerna, traducció al valenciá. 1521 ); “furtar les joyes” (Dietari de Jeroni So­ria, 1548); “furtarli la hasienda” (A. M. Elig Leg. h. 49, 1617); “furtat” (Mercader: Vida P Esteve, 1677); “seria furt” (Serrano: Tercer Cent. San Vicent, 1762); “no furtes” (Torres: Ms. Evangelis valencians d’0xford, 1730); “li furte la voluntat” (Rahonament pera Carnistoltes, 1854). Los colaboracionistas contaminan todo. En la tra­ducción del manuscrito provenzal del Blanquerna al idioma valenciano, Bonllabi tradujo la voz castellana y catalana “pescador” por el sustantivo valenciano “peixcador” de igual modo que “crescut” por “creixcut” y “recomptat” por “recontat”; pero en el libro que los ende­moniados monjes de Montse­rrat editaron sobre esta tra­ducción, descalificaban la morfología de “peixcador” por sugerencia de Sanchis Guarner, que recomendaba que “s´escriguis” (p. 48). Por cier­to, la intrépida Rita Barberá Nolla –si alguna vez dejara de reptar tras sus jefes-, podría valencianizar los rótulos de Valencia; p. e., “carrer Pesca­teria”, en “Peixcateria”.

Diario de Valencia 29 de junio de 2003

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