Del temps de les chapes

Ricardo García Moya

En idioma valenciano, no en el catalán de Camps y Carod, se decía la frase: "coses del temps de les chapes", aludiendo a lo que se difumina en el pasa­do. La expresión adquirió cate­goría de modismo en la literatu­ra valenciana clásica: "visten capes / del temps de chapes" (Roig: Espill, 1460); aunque ahora, el fascismo catalanero impone la grafía "xapes" pese a la documentación de esta familia léxica: "la dita valencia­na antiga, del temps de les cha­pes" (DECLLC); "ses chaperies / quinquilleries" (Roig: Espill, 1460); "tota chapada" (Roig: Espill, 1460); "poms del temps de les chapes" (Gagull: La Brama, 1495); "chapa" (Pou: Thesaurus, 1575); "soc chapat" B,Nic. Primitiu Ms. 419, c. 1795); "juem a les chapes" (Coloqui nou de la chitana, 1852); "les chapes" (La nit que venen els musics. Alcoy, 1855); "afluixa per ell les chapes" (Arnal: L'agüelo del colomet, 1877); "ni pera petróleo tenen chapes" (El Bou solt, 1877, p.95); "chapa, chapar, chapat" (Fullana: Voc. 1921); "chapa, chapar" (DRACV 1997).

A los valencianos del XV les parecía graciosa la evocación literaria de vetustos y casi mi­tológicos guerreros cargados de hierros defensivos. El propio sustantivo "chapes" surgía borroso del limbo de los vocablos sin origen concreto, del mismo modo que "cala"; voz que con ligeras variables se halla desde Marruecos a Italia, y que lo mismo puede ser celti­bérica que árabe. En las orde­naciones de la costa del Reino se cita la "Cala del Parais en Vilajoyosa" (Ord. 1673, p. 43); así como "la Caleta" (p. 42), diminutivo valenciano que no se documenta en catalán hasta el siglo XIX (1ª doc. "caleta" en 1839, DECLLC). El léxico valenciano, como es sabido, se propagaba lentamente por Tortosa y la ruta valenciana a la ciudad universitaria de Lérida. Todavía en el XVII, algún obis­po de Tortosa recomendaba predicar en valenciano, según se desprende de textos como el acuerdo del Consell Municipal de Castelló del 10 de septiem­bre de 1634: "lo doctor Pere Nicolau Figuerola jurat en cap,.. que lo senyor bisbe de Tortosa ha proveit en la penúltima vessita manant en aquella ques predique en llengua valen­ciana". Hoy sería impensable por el acoso de los reptiles de la Universitat Jaume I. En Cabanes (donde ahora, creo, hasta las misas negras se ofician en catalán), las autoridades ecle­siásticas ordenaban que: "se fasa dir la doctrina cristiana en llengua valenciana" (Archiu Mun, Gabanes Llibre de visites, 5 de desembre 1615).

També del temps de les cha­pes mos apleguen a mosatros rarees lléxiques com "Alcocó", paraula que apareix en les mateixes fulles de les ordenacions de la costa del Reyne de Valencia en 1673. El vocablo coco estava arrailat desde fea sigles com a genéric toponímic y propi; apareguent Alcocó entre els puestos a defendre per soldats del Reyne: "castell de Vilajoyosa… per lo puesto dit lo Alcocó" (p. 42). Esta voz, igual que otras creadas por mozára­bes valencianos (que podían ser islámicos de religión, aunque de origen y lengua no semita; el bilingüismo no era enemigo del Islam), muestra la fusión del artículo árabe "al" y el mozarabismo "coco" (quizá del latín "caucus", copa). Desde el sur granadino hasta el norte vasco existían variables con acepción de concavidad en el terreno; de ahí que el valenciano Alcocó equivaldría más o menos a "El clot"; construcción similar a la de "Alcoy" (al + coy), topónimo de dudoso significado que hoy conserva la 'y' griega en caste­llano por haberla adoptado de la grafía primitiva valenciana; aunque los comisarios de Camps imponen "Alcoi", obe­deciendo a sus amos del IEC.

El ciudadano medio, pusiláni­me y "caldós", si sospecha que por escribir en valenciano "Alcoy, Muchamel o sopte" pue­den llamarle facha, no dudará en adoptar las grafías catalanas "Alcoi, Mutxamel o sobte". Uno de los que escribía "sopte" fue el alicantino José Borras, autor de la comedia 'El Cullerot', estrenada el 9 de enero de 1886 en el Teatro Español de Alicante.

La grafía "sopte" era conse­cuencia del ensordecimiento que el idioma valenciano efec­túa sobre la bilabial sonora eti­mológica cuando precede a den­tal sorda, de ahí que el hebreo "sabath" diera "disapte", no el catalán "dissabte". Hay ejem­plos más complejos, como el del valenciano "ductar", un deriva­do de "dubitare" que ya en "en temps de les chapes" se ensor­decía en "duptant, ell duptava" (Crón. Jaume I, S. XIII), "tinc dupte" (Martorell, Joanot, h.1450); triunfando la morfología moderna de velar sorda a partir del 1600, con los autores barro­cos: "sens ducte que vosté,.- qui ho ducta " (Bíb. Univ. Valencia. Morlá: Ms. 666, h.1649). La comedia alicantina de 1886 refleja el arraigo del cambio consonántico: “eixiré pronte de ductes" (p. 11); “com hui es disapte" (p. 9); “m´has embolicat de sopte" (p. 11). Hoy se enseña catalán en Alicante y los comisarios escriben: "sortiré prompte de dubtes, avui és dissabte, envitricollat de sobte", Desde su Diputación, Julio de España no escatimó millones en subvencionar la implan­tación del catalán, desde edicio­nes de panfletos a recitales de Raimon (¡y cómo aplaudía!), Terra Mítica podría rebosar de 'money´ si Juliet hubiera em­pleado en ella el presupuesto de catalanización; pero lo primero es lo primero. Además, la "Puta Valencia" (dicen los neoalicantinos), siempre da las pelas a Alicante, y la Tabacalera, y la más lujosa universidad de Europa, y la Oficina de Pa­tentes, y la Filmoteca Valenciana, y la gigantesca Ciudad de la Luz, mezcla de Parque Jurásico y Hollywood europeo que atraerá millones de turistas a la dudad "hermana". Ade­más, ofendidos, inquieren: "¿Por qué "Puta Valencia" es la capital, y no Alicante?".

La tibieza de los valencianos hace que nos pongamos la soga al cuello, bien adoptando la lengua del IEC, bien renunciando a singularidades del idioma. Así, el citado "sopte" y sus de­rivados -todos prohibidos- están documentados con funciones de adverbio, adjetivo y sustantivo: "soptea: presteza" (Escrig, 1871), con el morfema valen­ciano "ea" distinto al del cata­lán "sobtadesa". El lexicógrafo de Liria recogió: "sóptament, soptat, sopte, soptea, soptísim, soptísimament" (Escrig, 1871); pero el fascismo descalifica estas singularidades y oculta que las raíces llegan hasta los creadores del idioma, los que pulieron el caótico romance medieval y desecharon provenzalismos de monfloritas trova­dores ¿Fue "sopte" un vulga­rismo del XIX? No, al figurar en prosa medieval : "mort soptana" (Ferrer, St. Vicent: Serm. c. 1400); "e sopte lo taparás" (Ferrer, St. Vicent: Serm. c. 1400); y en versos clásicos; "sopta" (Roig: Espill, 1460). Resumiendo: Camps y sus 'tagamochis' prohiben las va­lencianas "sopte, ducte, disapte…”. aunque se remonten "al temps de les chapes"; pero imponen basura como el cata­lán "plànol", invento del IEC ¡Aplaudan, aplaudan a Desenvolupament Camps !

Diario de Valencia 6 de junio de 2004

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