Eduard J. Verger: poeta con motosierra

Ricardo García Moya

Como es habitual, estos días se celebra en San Miguel de los Reyes un curso de perfecciona­miento de la catalanización del profesorado. La Conselleria de Tarancán (él lo ignora, ¿eh?) ha seleccionado añejas `delicatessen´ para el futuro titulado “Quatre llengües, quatre literatures” (castellaño, catalán, gallego y vasco. El

idioma velenciano, ya se sabe, no lo reconoce nuestra Generalitat). A los asistentes, la Dirección General de Ordenación e Innova­ción Educativa y Política Lingüís­tica otorgará un diploma de acre­ditación para que puedan catala­nizar bragueta abierta en la LOGSE. Entre los que darán ejemplo estará Eduard J. Verger (Carlet, 1949), veterano de la Ba­talla de Valencia y experto en lexi­cografía ‘d’espardenya’. Comenzó rimando en castellano, sin éxito; así que se pasó al catalán, pescan­do la Viola d’Or en los Jocs Florals de la Llengua Catalana de 1975... en Caracas. Todo se volvió rosa al ser nombrado subcomisa­rio de Joan Fuster en un chollo institucional.

La labor de Eduard J. Verger perdura como los residuos ra­dioactivos. En la Universidad de Alicante se sigue estudiando co­mo dogma de fe sus manipulacio­nes mamarracheras en libros que, bajo la autoridad de Joan Fuster (¡fardacho, fardacho!), editó la Alfons el Magnanim de la Di­putación de Valencia. Una de las obras violadas por el ente Verger-­Fuster fue el dietario que Joan Porcar escribió entre 1589 y 1629, desde su observatorio como sacer­dote de la iglesia de San Martín en Valencia. La edición fusteriana salió a luz en 1983 y, para que todas las universidades del mundo se enteraran, se advertía que eran “textos revisats i corre­gits per Eduard J. Verger” (Dietari. Dip. Val. 1983) ¡Sí, sí, muy revisados!

Tienes que reconocer, Eduard, que no tenías ni puta idea del ma­nuscrito de Porcar, ni lo habías visto en tu vida; ni sabías en qué lugar se hallaba. El texto revisado por ti afirma que: “El original se conserva en la Biblioteca Na­cional de Madrid” (p. 9) No, nunca éstuvo en la Nacional, sino en el caserón decimonónico de la RAH. Supongo que tu jefe te daría, más o menos, esta metodo­logía a seguir: “Che, nano, agarra la motoserra y retalles lo que t’ix­ca dels collons; ya saps: desde la ch a la y grega”. La chapuza la realizasteis sobre la edición moderna del dietario hecha por Castañeda (Madrid, 1934), alte­rándola a placer. ¡Ay, cutres cen­sores, presumíais de científicos filólogos y sólo erais peones del expansionismo catalán! Me dais tanto asco que me voy a releer el manuscrito original para inmuni­zarme.

Estoy en la diminuta biblioteca de la RAH, en la calle del León en Madrid. Estamos a 13 de noviem­bre y llueve un huevo, pero la obra de Porcar sigue donde esta­ba, no en la BN. Tengo delante el original y el “corregit per Verger”; pero son tantas las alteraciones que sólo comentaré alguna. La prosa de Porcar incorporaba cul­tismos como el derivado del “terrae motus” latino: “gran terremot en Valencia, 26 dehem­bre 1598”; y mantenía sustanti­vos de origen mozárabe como “fardacho”. La motosierra de Verger destrozó su morfología para que ningún estudiante viera la africada sorda valenciana “ch”, inventando la payasada léxica “fardatx”. También Castañeda al­teró en 1934 lo escrito por Porcar el 12 de maig de 1613, ya que no es “fardach” lo que veo en el ori­ginal; sino la morfología valencia­na perfecta, con o final: “com a tall dels de fardacho” (f. 179).

Verger manejó la motosierra con alegría: los “torments a Va­leriola”(f. 115) los transforma en “tormenta a Valleriola”. La or­tografía valenciana de “milo­cha” (f. 104) la convierte en la bár­bara “milotxa”; y la frase “les des­dichades Corts de Monçó” la corrompe en “desditxades Corts de Montçó”. Inquisidor frenético, donde aparece “peixcador” (f. 179), lo catalaniza como “pescador” (!ni que fuera Rita Barberá!); y el valenciano “mon­tanyes” (f. 105) lo transforma en “muntanyes” ; los adjetivos llarc, desdichat y sort (d’orella) los con­vierte en llarg, desditxat i sord. El adverbio tart, “acaba molt tart” (f. 93) lo falsea en “tard”. El pro­nombre “yo”, valenciano clásico, lo altera en el cómico “io” de Torrebruno (q.e.p.d.). Sintiéndose virtuoso de la filoloespardenya, Verger resbale al sustituir el adje­tivo valenciano “vert” por el cata­lán “verd”. Es el mismo error fatal que cometió el falsificador de las “Regles d’esquivar vocablos” hacia 1920, al querer pasar “juhí­verd” y “juliverd” como morfolo­gías de 1496; olvidando que la ter­minación sonora “d” no existía en “jolivert”, ni en “vert”, en aquel tiempo. (Martí de Riquer: ¿cuán­do reconoceréis esta burda falsifl­cación?).

Hay curiosos bucles de altera­ciones. En el manuscrito aparece el viejo verbo “adonar” (Escnig, 1871), usado pronominalmente: “sens ell adonarsen”. A Cas­tañeda no le gustó, sustituyéndo­lo por “enterarsen”(Ed. 1934); y el de la motosierra añadió el guioncito fabriano, separador de encliticos: “enterar-se’n”. Otro cambio afectó a la metáfora en que Porcar usa el sustantivo “favetes” (f. 159); que Castañeda cambió por “bolchaques” para clarificar la expresión. En 1983, Verger se cargaba la ch y dejaba “bolxaques”. El clásico valencia­no “disapte” (presente desde la prosa medieval con simplificación de sibilantes y bilabial sorda), es el único usado por Porcar; pero el de la motosierra lo cambia por “dissabte”. En fin, Porcar usaba morfología y léxico valenciano ahora perseguido por Tarancón: milacres, peixcar desamparats, canalobres, estandart vert, du­menge, cegos, ataut (la frase “en una taüt”, que dan Verger y Castañeda, es en realidad: “el posaren en un atahut”, f. 115). El idioma, como demuestra Verger, indica de qué pie cojeamos; y Porcar guardaba resentimiento hacia los castellanos por ciertos detalles humillantes en 1599; así que, cuando escribe “les naus estaven en la placha” o “cha­gants” por esas fechas, era cons­ciente de que no castellanizaba, al alejarse de la morfología de “playa y gigantes”; igual que de la catalana de “platja i gegants”.

Fuster, jefe de Verger, despre­ciaba a Porcar y le llamaba “cape­llán vulgar y apagado” (Dec. 139); aunque una vez traducido el die­tari al catalán, lo elevan a figura literaria. Lo cierto es que Porcar y sus compatriotas usaban el idio­ma valenciano, y así lo anotó: “el 27 de giner de 1608 predicá en va­lenciá Geroni Escolano”. El ma­nuscrito alude a poesías en valen­ciano, castellano, catalán, gallego y vizcaíno en 1612; tiempos en que la Generalitat no hubiera tolerado foros de catalanización en “quatre llengües”. De momen­to, la Conseilenia d’Educació sigue adorando a fósiles catalane­ros de la Batalla de Valencia. Son idóneos, según parece, para la Innovación Educativa y Política Lingüística de formación del pro­fesorado de la LOGSE.

Diario de Valencia 24 de noviembre de 2002

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