El `borratxo´ Franco

Ricardo García Moya

Hace cuatro años, tras obtener el PP la mayoría absoluta, una colega que impartía cata­lán me pidió la gramática de la RACV. Estaba convencida de que el PP les impediría ca­talanizar a placer. A los pocos días, exultante, comentaba que el conseller escogido “era dels nostres”. Estamos en mayo, finalizando la legislatura, y el Ayuntamiento de Alicante y la Conselleria de Tarancón ofer­tan “Cursos de valencià, 2003”, en unos folletos donde aparecen como modelos idio­máticos la falsa gramática valenciana de Bromera y las Rondalles de Enric Valor. Es decir, los mismos autores y libros que usaban los del PSOE.

Eligen a Valor, cuyo currícu­lo ocultado a los valencianos figura en las actas del “Ho­menatge a l’escriptor i lingüis­ta Enric Valor”, ofrecido por el Departament de Filología Catalana de la UAB (Univer­sidad Autónoma de Barcelona; 10/05/2000). Allí recuerdan con orgullo que Valor, “de nen aprengué catalá escrit a casa amb una col-lecció de l’Es­quella de la Torratxa, que el seu pare havia comprat a Barcelona quan hi estudiava Filosofia i Lletres... col-laborà en diverses revistes en català. Amb la familia es traslladà a Alacant el 1932 on, a partir de 1933, promogué l’ortografla fabriana...”. La obra de este colaboracionista está en cata­lán, no en valenciano; de ahí que Tarancón y el Ayunta­miento de Alicante (¡ojo, y el de Valencia!) exijan copiar a este tipejo para poder aprobar los humillantes y falsos exámenes “de valencià”. Enric Valor es el autor preferido por la Conse­lleria de Inmersiomán y los ayuntamientos del PP; prefe­rencia que enriquece a Eliseu Climent, pues raro es el estu­diante valenciano al que no le hayan obligado a comprar “La flexió verbal” de Valor, editada por Climent. La Universidad de Barcelona destaca que, en sus Rondalles, mantiene “la sòlida tradició catalana de re­plega rondallística”; y la “seva Flexió verbal te un considera­ble relleu por a l’us del català”. ¡Vaya colección de tipos y topos que nos gobiernan!

Hablando de insectívoros, la revista El Viejo Topo (abril, 2003) mantiene los caducados chascarrillos hacia los obispos “españoles”, a un Fraga que habla de “fosas de la Guerra Civil y rojos masones”, y a un Zaplana que invoca la Guerra Santa al grito de “¡España, España, España!”. Lo sorpren­dente es que la financiación de esta fósil mierda madrileña la pagamos los valencianos, pues entre la escasísima publicidad institucional figura la de la Ge­neralitat Valenciana y La Fil­moteca (¿alicantina?). El PP es generoso con nuestros im­puestos, anunciándose tam­bién la Institució Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia (¿topos entre les taranyines de la Institució?).

Más sarpullidos valencianos en El Viejo Topo: la entrevista a Alfons Cervera, titulada “Del dolor que se enquista en la carne”. El alopécico melenudo Al­fons Cervera es aquel que en la revista Saó, editada gracias a la Diputación de Valencia (¡qué casualidad!), se enquistó en la carne del asesinado Bro­seta. Por lo visto, Alfons seguía la trayectoria del profesor y, con los datos que poseía, afir­mó que era uno de los conspi­radores que idearon “una es­trategia diabólica de tensión y odio a muerte sin contempla­ciones” (Saó, octubre 2001, p.23). El tipejo señalaba a Broseta como responsable de una serie de hechos criminales a “sang i foc” contra la de­mocracia. Con la ayuda de la Diputación de Valencia y sus topos, el asesinado fue conver­tido en diabólico conspirador. La infamia es arte para estos “progres” que luchan por implantar el nuevo orden cata­lán. El colaboracionista Valor, “oferí valuosos matenials per al Diccionari etimològic de la llengua catalana de Coromines”; es decir, remitía pala­bras valencianas para que Corominas las robara e inclu­yera en la citada obra, su­puestamente limpia de viscera­lismos. Era todo lo contrario, y valga de ejemplo que Coromi­nas llama a Franco “dictador borratxo” (Corommas: DECLLC. Ed. “La Caixa”, Barcelona, 1993, tomo 5, p.185). Que sepa­mos, Franco era tan alcohólico como Broseta antidemócrata. Una reflexión: si los mossos d’esquadra del Ferranet Belda se lanzaron a degüello por lla­mar hierático al mayestático Lerma ¿Qué ocurriría si en un libro dé la RACV se llamara, por ejemplo, “borracho” a Za­patero o Llamazares?

Hace años, ser profesor en una universidad extranjera provocaba desmayos. Era el ca­so del castellonense Germán Colón de la “Universitat de Ba­silea”, hasta que el malvado Corominas lo convirtió con sus burlas en un Fofito de la etimo­logía. Al colaboracionista Ger­mán Colón le parece “sense dubte divertit” ridiculizar a los valencianos que prefieren decir “clóchina i no musclo; servici i no servei, etc.”(Lliçó d’obertu­ra del Curs 2000-2001, Univ. Castelló). En el catálogo de “El camino de la lengua castella­na” (mayo, 2003), aparece un artículo de Germán Colón, ensalzando la traducción cata­lana del Nebrija, hecha en 1507. Son tantas las alabanzas que induce a pensar que la obra principal es la copia catalana y no la original del gramático castellano. Además, en alarde de tendenciosidad, cita diccio­narios como el de Calepino, pero silencia toda alusión al idioma valenciano y al primer diccionario impreso en roman­ce peninsular: el valenciano de Joan Esteve; anterior al Nebrija. Dan asco sus tendencio­sos comentarios: “El español, el catalán, el portugués y el sici­liano son los romances que poseen un caudal arábigo más conspicuo” (Colón: Los cami­nos de la lengua castellana, Silos, 2003). El sabe que el idio­ma valenciano, en contacto con la mayor población morisca hasta 1609; es el de más rique­za en arabismos, pero su misión es destruir Valencia y su lengua. Eramos pocos y parió la abuela Rita el catalanismo “Petxina”, nombre que ha dado al Complejo deportivo munici­pal Esta alcaldesa siempre se mostró, por cataplines, defen­sora de la lengua que impone nuestro amo el Institut d’Estu­dis Catalans y, en esta ocasión, se cisca en el sustantivo “pechi­na”, tesoro léxico de nuestros antepasados: “pechina parece ser de procedencia mozárabe va­lenciana” (Corominas, DCECH); “collia pechines” (Fray Antoni Canals, 1395); “pechines de mar” (Esteve: Liber, 1472); “pechina” (Palmireno: Voc. Humanista, 1569); “pechines aspres” (Pou: Thesaurus, 1575); “pechina de argent” (AMC. Inventari de Sta. María de Castelló, 1604); “pechina de tan bona perla” (Ballester: Ramellet, 1667); “com una pechina” (Archiu Cat. de Va­lencia, Ms. Melchor Fuster, h, 1680); “cuansevol pechina” (Baldoví: Pascualo y Visanteta, 1861) “en la Pechina, volant” (Llombart: Abelles, 1878); “en pechinetes y tot” (La Traca, 23 octubre 1915). Como proclaman la simpática Rita, el risueño San Zaplana y el guapo Inmersiomán, ya no existe para ellos el conflicto lingüístico; pues la lengua que imponen es la que ordena el Institut d’Estudis Catalans: la de Valor y Eliseu Climent. Con cuatro años más, el In­mersiomán de turno catalani­zará hasta los turistas.

Diario de Valencia 18 de mayo de 2003

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