El catalán “tram” llega a Alicante

Ricardo García Moya

Los conflictos, sean en Iraq o Rusia, dejan poso léxico. La Revolución de 1917, por ejem­plo, incrementó la onomástica con nombres alejados de la hagiografía. Los equipos Lokomotiv y Dínamo son huella de aquel entusiasmo por la mecanización, sentimiento que compartía el padre de Electrina, protagonista de “La bolcheviquí del Carme”, comedia de Peris Celda. Am­bientada en 1932, un vecino murmura: “Electrina ¡quín nom...! Les idees de son pare l’han fet ser lo qu’ella no mereixia” (p.7). La militan­cia republicana de “esta bona chica de 20 anys”, le hace rebautizar los “Jardins del Real” como “del Quinset” (p.13). Aparte de la “noblea y franquea de cor” (p.25) de Electrina, sus ideas le acarre­an un sobrenombre: “Aixina me diuen. La bolcheviquí del Carme” (p.26). El adjetivo ‘bolcheviquí’ se documenta en idioma valenciano en 1919, a pocos meses del fusi­lamiento de Nicolás II. En una historieta del Pensat y Fet, el “bolchevikí” aparece como un tipo siniestro que exige sitio en un pajar reple­to de inquilinos: “Ya allí no’n cabíen més / cuant se presentá un intrús / exigint li feren puesto / pues era bolchevikí..., y rus” (Pensat y Fet, 1919). El uso de k, como en Lokomotiv, era un intento de caracteriza­ción morfológica del cirílico; pero ya Peris Belda, en 1932, muestra “bolchevic, bolchevi­ca, bolcheviquí” con la grafía valenciana de lá RACV (no la catalana “bolxevic” de la AVL).

Lejos de la gestación de neologismos y cultismos en condiciones normales, en las trincheras surge un léxico cercano al argot. En 1938, entre zambombazos, eI verbo marcelinear, por ejemplo; se extendió por el frente: “La Marcelina valenciana era un auténtico paraíso culinario..., marcelinear se decía por darse la gran vida” (Serrano:

Dicc. para un macuto, p.491); otra voz era ‘peloches’, alusi­vo a las mujeres rapadas como represalia. El idioma valenciano era idéntico en los dos bandos. En un poema de la revista “Ofensiva” (gracies per la informació, Ricart Pla), un valenciano de Alicante alterna los “¡Vixca el Poble, vixca Rusia!” con halagos a “Alacant, terra de hospitali­tat”, y alusiones al enemigo: “y hui, que el fascisme u vol” (Boletín de la 18 Brigada Mixta, 27 de marzo de 1938, v.13). Este soldado, si viviera en el 2003, se encontraría con la mascota del IEC, la AVL, que le obligaría a usar el cata­lán ‘feixisme’. Ademés, tota la brigá de millonaris filólecs del ¿quína subvenció me’n dones hui?, li tacharien d’in­cult per escriure estes coses: “...els antifascistes, dins del gran Front Popular. Que no te arredren els negres pardals dels fascio brutal” (ib.1938). Esta poesía de trinchera ha sido estudiada gracias a instituciones americanas: The Graduate School of the University of Minnesota, Institut for the Study of Ideologies and Literature (Minneapolis), etc. En sus bibliotecas, aparte de las hor­nadas catalaneras que remite el eje del mal CiU-PP, los investigadores observarán el léxico valenciano del poeta antifascista: “vixca, sanc del poble, chagant, placha, nosa­tros, ya ha triunfat, admiti­xes, seguix, homens sufrits…”.

Aunque asesinado en 1936, el diari de Andrés Ivars mues­tra la lengua valenciana de los que el brigadista conside­raba enemigos (Ivars era apo­lítico). Escrito con lápiz, describe sus últimos días en un idioma que, aunque más culto, es el usado por el com­batiente republicano: “als fascistes, llixc, telefonejar, vestixen, prometixc, comunis­te, desamparats...” (Ivars: Diari, 1936). Respecto al poema del brigadista, el pro­fesor Antonio Ramos lo inclu­ye en el Romancero del Ejército Popular, siendo el romancero un casillero litera­rio donde el idioma valenciano estuvo bien representado desde antes de Timoneda. El erudito Don Julio Caro Baroja, en su caserío de Vera de Bidasoa, conservaba obras de literatura valenciana de este género, diferenciándola de la castellana y catalana. El sabio, al tratar el tema, usa la voz valenciana en “Romanços de cego” (no el “cec” catalán de la AVL), destacando las ediciones en imprentas valen­cianas de obras en “castellano y valenciano” (Ensayo sobre la literatura de cordel. Madrid, 1990. p.33). En el mismo párrafo recuerda las ediciones castellanas “de Barcelona, pese a que mucho de lo que salió de sus prensas está en catalán” (p.33) Este diferenciar entre valenciano, castellano y catalán no lo podía exponer Don Julio cuando leía conferencias en Barcelona.

Literatura prebélica es la comedia Electrina, donde los proletarios (tranviers, mata­Iafers,...), comienzan a usar voces de la mecanización que, poco a poco, acomodaban su morfología a la lengua valenciana. Así, hacia 1870, de los ingleses ‘tram’ y ‘way’ apare­ce el calco ‘tramway’ en fran­cés, valenciano, castellano y catalán; exótica grafía que pronto, en idioma valenciano, desechó la bilabial ‘m’ y tra­dujo ‘way’ por ‘via’. Ya en 1894, el comediógrafo Llorenç Fuster dejó testimonio litera­rio de su presencia: “está pasant el tranvía” (Fuster: El nano de la falla, 1894 ). Medio siglo después, en Electrina figura consolidado el sustan­tivo en boca de socialistas y comunistas valencianos: “tranvies y autobusos” (p. 21); así como en la prosa culta del investigador fray Andrés Ivars, nacido en Benisa: “he anat a Serrano a pujar en el tranvía” (Diari, 22 de juliol, 1936). Por tanto, “tranvia, tranvies” es el sustantivo adoptado libremente por nuestros antepasados, heren­cia que no gusta al eje CiU-­PP.

Con nocturnidad, mientras Iraq era una falla, los cartelis­tas de la Generalidad del PP han llenado todo Alicante de gigantescos carteles donde aparece escrita con enormes caracteres la palabra catalana ‘Tram’. Aquí, ningún valen­ciano hablante sabe qué sig­nifica ‘tram’, pero la Gene­ralidad -quemando millones que faltan en Sanidad o Ge­riatría-, se ha propuesto in­crustar en nuestro cerebro la voz catalana ‘tram’, que es como llaman en francés y catalán “als tranvies”. Los carteles del ‘Tram’. Gene­ralitat Valenciana” los han situado cercanos a los del can­didato Camps, buscando un fin electoral que pagamos todos. Los anclajes de los car­teles, estructuras militares, están preparados para que efectúen su colateral tabor lingüística 5 ó 10 años, sufi­ciente para que se olvide el valenciano “tranvia, tran­vies”. Los carteles incluyen nombres catalanizados de las paradas, como la de ‘Carrabiners’. Documentada la voz ‘carabina’ en idioma valenciano antes que en cata­lán -procedente del francés ‘carabine’-, jamás mostró la vibrante múltiple ‘rr’, aun­que vacilara entre bilabial y labiodental: “caravines” (Esteve, Fray Perez : Poesies contra els micalets, 1651); “desparessen caravines” (Sacro Monte. Valencia 1687); “carabina, carabiner” (Escrig: Dicc.1851); “carabi­na, carabiner” (Fullana: Voc, 1921); “una chica ab una carabina” (Ivars: Diari, 21 juliol 1936); “carabina, carabiner” (DRACV. 1997). Sin miramientos y con nuestros impuestos, la Generalidad de Inmersiomán, la hermanita del Cipriano y su marido, etc., está culminando el proceso de catalanización soñado por Prat de la Riba.

Diario de Valencia 30 de marzo de 2003

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