El fin de milenio y las lenguas de Eco

Por Ricardo García Moya

Umberto Eco se olvidó de la valenciana en su libro "La búsqueda de la lengua perfecta", y era de esperar. Las editoriales embarcadas en "La construcción de Europa" -significativo título de la colección- eran de Munich, Oxford, Roma, París...  y  Barcelona.  Los  lapsus cálami -como decir que "Ramón Llull era un catalán nacido en Mallorca" (p.55)- cometidos por el semiólogo son  inquietantes,  por lo que convendría aportar datos relacionados con la lengua valenciana y los temas que apasionan al erudito escritor.  Piensen que Umberto Eco tiene que participar en los actos del "Fin de Milenio en el Reino de Valencia" (¿se llama así?) y no estaría de más que se informara sobre nuestra personalidad para que (pensando que nos hace una gracia) no nos suelte el "ja soc aquí",  provocando cataplexia colectiva.

Todos sabemos -y Eco mejor que nadie-, que las hipótesis nacionalistas sobre idiomas florecieron en el barroco. Exaltados por el poder y envanecidos por el territorio conquistado, hubo lingüistas que caían en lo que Hegel bautizó como "astucias de la razón"; autoengaños para admitir marrullerías idiomáticas que ensalzaran la lengua propia.  La obsesión era demostrar que tal nación -la del filólogo que redactaba la tesis, por supuesto- usaba la lengua madre de todas, la de Adán.

En Inglaterra, Rowlan Jones tildaba de dialectos a todos los idiomas, menos al suyo: "La lengua inglesa es la madre de todos los dialectos y del griego." Hasta el cerebral Leibniz -que daba "más antigüedad al germánico que al arameo bíblico"- se ofuscaba por el chauvinismo. Una lengua menor, la de Amberes, era de inspiración divina según Goropius Becanus.

A Umberto Eco le hubiera encantado conocer que en el Reino de Valencia no llegamos a tales excesos, aunque la euforia barroca afectó a don Vicente Marés, retor de Chelva. No se atrevió a decir que la lengua valenciana era la del Paraíso, pero anotaba: "Es muy verosímil que Adán y Eva estuviesen en los montes de Chelva" (Marés, V.: "La fénix". Valencia 1691, p.18) .

Su hipótesis era: "La lengua valenciana es una de las que resultaron de las que quedaron de la confusión de Babilonia; contiene muchas  palabras  de  la  hebrea, otras de la griega, otras de la  latina; y otras de las mixtas, pues se hallarán  vocablos  de  la  lengua celtíbera, catalana, arábica." Razonamiento sensato, pues admite la procedencia griega y latina (incluye la hebrea por respeto a  la Biblia) de nuestro idioma; destacando  su  relación  con  lenguas menores, como la catalana. Coincidía con Cervantes al apreciar que "la lengua valenciana es breve, elegante y dulce" (p.100).

Hasta  el  más  enamorado  de nuestra lengua en el siglo XVIII, "el artiacá de Mólvedre y Catedratich  de Arts y Teología,  doctor Iván Batiste Ballester", no traspasó los límites de la exaltación razonable. Aunque Umberto Eco no lo sepa (en sus visitas a Barcelona no creo que le informe el Omniun Cultural) este personaje -doctor a los 16 años, catedrático a los 19- publicaba en 1667 el libro "Bateig del Fill y Fillol de Valencia", enarbolando bandera de guerra contra las otras lenguas europeas: "Que sia la llengua Valenciana millor que totes les de Europa, en aprés de la lengua Santa, que es la hebrea". Por cierto, en valenciano permanecía el clásico aprés (después), y en catalán ya usaban la corrupción després; contagiada luego al Reino.

Tras viajar al país de Umberto Eco, y conocer otras lenguas en Roma, Iván Batiste reitera que "la valenciana es molt suau, mes dolça"; anotando algunas reglas gramaticales, p.e.: "Se escriu en valenciá sols un L al principi, y es pronuncia com dos; tambè es deixem, y menchen les vocals al principi, al modo de la italiana". Eran las normas valencianas de 1667; distintas a las actuales como es lógico, pero independientes de las catalanas.

EI "artiacá" recuerda a los paisanos de Eco que "la llengua Valenciana es la mare de moltes poesíes, de qui ho apréngueren los de Italia". No menos deleitosa es la alabanza  al  autor  que,  cuando predica, "van al vol, millor que les del Micalet, les campanes de la Retórica; tocades no al batall (badall) de argent, si sols ab la lengua valenciana". Los predicadores riutorts, mallorquines e inmersionistas, no habían surgido todavía.

Ballester refleja la autonomía del valenciano respecto al casteIlano y el catalán. En su prosa encontramos terminaciones verbales actuales, como "atrevixen", no el "atreveixen" catalán recomendado en el Winverbs editado pór la Generalidad Valenciana para Windows. En las normas del 67,- BaIlester utiliza la ch, las terminaciones en ea y la y griega, escribiendo jagant, Ilechea, ademés, chicotet, bellea, destrea..., rechazando los castellanismos catalanes como bellesa, tan queridos por Canal 9.

¿Y saben qué hallará Umberto Eco en la biblioteca de su Universidad de Bolonia cuando busque información sobre el artiacá de Molvedre?  Encontrará la GEC, Gran Enciclopedia Catalana; regalada por el Régimen a las universidades europeas. Respecto a Batiste Ballester y la obra comentada, en el colmo de la manipulación, la GEC afirma que "hace la apología de la lengua catalana"; hasta transforman el apellido Batiste en el catalán Baptista. Umberto Eco no podrá enterarse de que el texto original  -el  de 1667- defiende la lengua valenciana, y que Batiste procuraba que "tot lo Sermó tinga paraules tan Valencianes, que ni mudantles la terminaciò, no les pugues castellanechar".

Alguien tendría que aclarar el enredo, para que Eco no sea ídem de las trastadas de la Universidad del Eje. En caso contrario nos exponemos a que el semiólogo áureo -con el mesianismo  que  despierta-,  nos amargue el Fin de Milenio en el Reino de Valencia. Por cierto, ¿qué tendrá este italiano para hacer tan atractivas sus obras? No se pierdan la última; "Interpretación  y sobreinterpretación" (Cambridge, 1995).

Las Provincias 27 de Noviembre de 1995

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