El gran templo de la Virgen de los Desamparados en la isla de Malta

Por Ricardo García Moya

Base aliada de donde partían los ataques aé­reos a Trípoli y Bengasi en la segunda Guerra Mundial, un general la calificó como in­vencible portaaviones en el centro del Mediterráneo, y no exageraba. Durante siglos, ante el acoso constante de turcos y piratas norteafricanos, la isla de Malta y su fortaleza de La Valeta permanecieron inaccesibles a la Media Luna; el resto de la frontera insular del cristianismo -Chipre, Rodas, Creta...- caía ante el acoso otomano. Minúscula, pero de enorme importancia estratégica (como indica su protagonismo en la crisis entre Libia y EE.UU.) fue defendida con éxito hasta fines del XVIII por la legendaria or­den de caballeros de San Juan. Y aquí entramos nosotros, ya que el Reino de Valencia era uno de los encargados de la de­fensa insular. Malta era pose­sión exclusiva de la orden mili­tar de San Juan, y el Gran Maestre debía pertenecer a cualquiera de los reinos que aportaban caballeros.

La siguiente noticia la ofrece Corciniani, cónsul de la nación maltesa que, en 1698, presenció las "solemnísimas fiestas celebradas en Alicante por la procla­mación de Ramón de Perellós como Gran Maestre de la Orden de Malta". En metafórica prosa, el panegirista escribe: "Inspiró a V. Em. (Vuestra Eminencia) la erección del Templo del Universal Amparo sobre los cimientos que ateso­ran el blasón de V. E. Raro asombro ser el centro de Malta un pomo de oro" (Fiestas por la elección de Gran Maestre de Malta. Orihuela, 1698). Las ambiguas frases sobre el Templo del Universal Amparo y el pomo áureo, por suerte, son glosadas al margen:

"Compró Su Em. en Malta, después de ser elegido Gran Maestre, un sitio para erigir a la Virgen de los Desamparados un Templo: y abriendo las zanjas hallaron un cofrecillo con una Pera de Oro, divisa del Escudo de la Casa de Su Em."

Es decir, el Cónsul de Malta describe como hecho consuma­do la adquisición del terreno en el centro de Malta, y que el valenciano "edificaba, no sólo so­bre planta que era suya, por la compra; sino sobre tierra que era de V. Em. por la posesión". Las dudas se multiplican a partir de datos concretos, pero es un hecho que, en 1698, estaban iniciadas las obras del Templo de la Virgen de los Desampara­dos en La Valeta, nombre del puerto, fortaleza y capital de la isla de Malta.

En la crónica de los festejos alicantinos, impresa en Orihue­la, en la que colaboró también el célebre Manuel Martí, Deán de Alicante, con un soneto de­dicado al "Valentino Héroe" Ramón de Perellós, hay más in­formación. Según el cónsul maltés: "Al presente, prome­tiendo a La Valeta el Siglo de Oro", el Gran Maestre quería revivir la época gloriosa de la Orden, cuando defendía Jerusalem, Trípoli y San Juan de Acre de las tropas sarracenas. El Gran Maestre valenciano tenía un poder militar respeta­ble, con compañías de caballe­ros ingleses, españoles, alema­nes y franceses bajo su directo mando. Los navios de la Orden constituían la policía del Medi­terráneo: "desde la invencible Isla, salen sus Religiosos (Ca­balleros de la Orden) como im­penetrables escuadrones y ha­cen terrible a la Cathólica Igle­sia contra las infieles milicias del Mahometano", (p. 27).

Las proporciones del templo de la Virgen de los Desampara­dos en Malta debieron ser con­siderables, y posiblemente res­pondiera al tipo de iglesia ado­sada a fortaleza: "En este solar, V. E. erige un Alcáçar que sea perenne asilo a la Sagrada Fa­milia del Bautista (los caballe­ros de la Orden militar)". El re­cuerdo de Valencia y su Patrona estaban presentes en el proyec­to: "Quedará ese Templo, Pensil del mayor Lirio del Turia en las futuras Edades". ¿No suena lo de "Lirio del Turia" como uno de los piropos del Traslado de la Mare dels Desamparats? El noble Corciniani confirma que Perellós ideó el templo para que fuera un monumento simi­lar a los clásicos: "la Torre de Alejandro; los Rodios, su Colo­so; y los Sículos, su Fharoi; les erige esa Linterna, ese Domo, para que ninguno de los súbdi­tos de esa Religión (Caballeros de San Juan) se vea náufrago, sin puerto, militante sin defensa y, en todos contratiempos, na­die sin Desamparo".

El Gran Maestre quería edifi­car un santuario a la Patrona del reino de Valencia que rivalizara con las míticas obras -como el Coloso de Rodas- que dieron fama a las islas del Mediterrá­neo clásico. No sabemos -me­jor dicho, no sé- si el templo fue acabado, o la muerte del rey de Valencia en 1700 obligó al Gran Maestre a participar en las guerras de Italia y España, inte­rrumpiendo la construcción. Lo indudable es que, en el centro de La Valeta, permanece algún gran edificio cuyos cimientos y muros son testimonio de la fe valenciana en la Patrona del Reino.

Algún día -cuando la Gene­ralidad deje de quemar miles de millones en la catalanización-, podremos investigar nuestra gloriosa historia. Mientras tan­to, los de arriba -los del "cientifismo riguroso" que se apro­pian de los papas de Xátiva- incluirán a nuestro Gran Maes­tre como estratega catalán en el Museu d'Historia de Catalunya.

Las Provincias 12 de mayo de 1996

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