El huevo de Colón (de Basilea)

Ricardo García Moya

Hay que reconocerlo. El vis­ceral Camps está empeñado en fomentar la próxima derrota de su partido en el Reino de Valencia. Desde la Generalidad sigue quemando millones en los medios que le escupen y las ins­tituciones que fomentan el independentismo de España e integración en Cataluña, Cuan­do en las próximas elecciones le den la coz en los glúteos el PSOE o la ERC, los nuevos go­bernantes no tendrán que mo­ver del sillón a los elegidos por el PP para catalanizarnos; sean los de la academia Ascensión o la miríada de normalitzadors del catalá de la Generalidad; aunque a Camps se la trae flácida, pues el sueldazo de `presi´ lo gozará hasta que la palme ¡Y qué espectáculo en la ense­ñanza! Al entrar en les uníversitats catalanes (así se califi­can) de Elche, Alicante, Cas­tellón o Valencia, tengo la sen­sación de penetrar en una gran­ja del PP de Camps, donde se ponen huevos catalaneros. Así, en las estanterías de la Universitat d'Alacant ha puesto un huevo sobre 'Les regles d'esquivar vocables' el castellonense Germá Colón, miembro del IEC y erudito transgénico.

En 'Les regles d´esquivar vocables. Autoría i entorn lingüístic´ (Colon, G.: IEC, Bar­celona, 2001), el susodicho reconoce que: "Todos han dicho su opinión sobre el autor de las Reglas, y todos se han equivo­cado" (p. 11). Y aquí, por una vez, acierta; pues Corominas, Badía i Margarit, Martí de Riquer y el mismo Colón se des­calificaron a zurriagazos docu­mentales hasta demostrar, involuntariamente, que las re­glas no fueron escritas ni por el valenciano Bernat Fenollar ni los catalanes Pau y Carbonell. ¿Consecuencia? El enigmático autor de las Reglas fue un mentiroso que intentó atribuirlas a Pau, Carbonell y Fenollar ¿Qué necesidad tenía de ocultarse en 1492, si las reglas no contenían crítica religiosa ni política? Este hecho debiera suscitar recelo entre los palmeros del Instituí d'Estudis Catalans, pero no es así. ¿Por qué motivo? Lo diji­mos en el Diario de Valencia y lo repetimos en el libro `Historias del idioma valenciano': por ser el filólogo nacionalista Jaume Massó, paleógrafo ex­perto y fundador del citado IEC, quien elaboró la falsifica­ción entre 1920 y 1932.

En su ensayo, Colón revisa cada palabra de las Reglas; pero sólo para encontrar fallos al estudio de Badía i Margarit (Regles, 2001), p.e.: el topónimo Gerau está documentado en el XV y Badía lo negaba. Esta actitud de Colón es comprensi­ble, Durante años ha sido un Chiquillo de la Calzada para los filólogos que despreciaban su opinión: "En tot cas no val res la cita de Germá Colon" (Corominas: DECLLC, t.V p. 551); su espíritu crítico: "On demostro, a desgrat de les valuoses dades aportades pel nostre compatriota i savi col-lega Germá Colon, sempre més erudit que dotat d´esperit crític" (t. VII, p. 141), o su fan­tasía: "deixant de banda les rampoines que s'entreté a recollir Colon en el seu article, totes tan fantástiques com aquell que ho feia venir de... ens abstindrem de perdre-hi temps". (VIII, p. 630). Como respuesta, Colón arremetía contra Corominas, llamándole "intem­perante que debería amarrar su capacidad de invención, con harta frecuencia desprovista de asidero documental" (Rev. Filo­logía. CSIC, Dic. 94, p. 294). Estos inquietantes lingüistas, boi­nas verdes del expansionismo catalán, son los padres putati­vos de la academia de Ascensión.

Respecto a las falsas reglas, Colón repite los tópicos babo­sos, p.e.: "Les Regles, aquest notable monument lingüístic" (p. 10) Entre tanto incienso y tachín tachán, el de Basilea oculta el hecho repugnante de que son una falsificación del siglo XX, ideada para hacernos creer que, en 1492, el valencia­no Fenollar habría participado en las mismas como usuario de un dialecto catalán. Pero detrás del embrollo no estaban Fe­nollar, Pau o Carbonell; sino la mano del escritor fascista Jaume Massó que, desde Barcelona y en 1932, encorsetaba las catalaneras Normas de Castellón. Los detalles acusan la falsedad. El códice Carbonell de la cate­dral de Gerona había sido revi­sado, analizado y catalogado en 1807 por el investigador setabense Jaume Villanueva (tan detallista que escudriñaba hasta las cagadas de mosca sobre las letras), y las 'Regles' no estaban aún escritas. En 1864, el erudito catalanista Manuel de Bofarull también estudió con microscopio el cita­do códice y no dice ni mu de "la valuosíssima primera gramáti­ca catalana"; es decir, en el siglo XIX no estaban escritos todavía los dos folios y medio que ocu­pan las tiñosas reglas. El códice Carbonell contiene una misce­lánea de documentos entre los que quedaban y quedan folios en blanco. Era habitual, como en la Crónica de Pedro III, donde el texto de 1300 dejaba espacios en blanco que, siglo y medio después, fueron rellena­dos con dibujos a pluma de unos jinetes atizándose mam­porros (Bib. Cataluña, Ms. 486) ¿En qué se inspiró Jaume Massó para idear las reglas? Hacia 1900 era popular entre los paleógrafos (como Massó), el palimpsesto 17 de Viena, más conocido como el Appendix Probi. El pergamino ofrecía una serie de reglas con dos voces latinas, la culta y la vul­gar. Podía censurar síncopa, "speculum non speclum", "articulus non articlus"; alteración de hiato, "vínea non vinia"; o cualquier cambio morfológico: "formica non furmica, avus non aus, cloaca non cluaca, olim non oli, ansa non asa, roses non resis, turma non torma, terrae-motus non terrimotÍum", etc. Estas reglas de esquivar voca­blos corruptos eran conocidas por los estudios de Endlicher (Analecta Gramática, Viena, 1837), Foerster (1892), etc. El original se fecha hacia el 250 d.C., y el conservado en Viena , es una copia del siglo VIII en palimpsesto, es decir, sobre un pergamino escrito que tras ras­parse, volvió a utilizarse. El poco espacio que ocupan las 227 reglas o vocablos latinos con­frontados del Appendix Probi contrasta con el inmenso valor lingüístico de las mismas. Justet lo contrari de les puden­tes Regles de Massó, que tenen mes valor pera mosatros les dos tulles de paper que el text.

Lamentablemente, antes de 1932 la lengua catalana no poseía obras similares al Appendix Probi, ni tampoco al Líber Elegantiarum en idioma valenciano, o la Gramática de Nebrija, o las Glossas de Reichenau...; pero el genial Massó ideó la solución: con similar estructura que el Appendix crea­ría una lista de vocablos cultos y vulgares. Massó estaba ca­pacitado tras 30 años de in­vestigar la gramática y léxico de manuscritos provenzales, catalanes y valencianos del siglo XV debiendo almacenar un glosario de miles de vocablos medie­vales, Casi lo logra el cabrito, casi, pero había piezas sin enca­jar, como el recomendado `baxar' o 'baixar´ de la regla 295 que, curiosamente, lo re­chazaban en sus escritos los supuestos autores Carbonell y Fenollar (1'atre artiste, Jeroni Pau, pareix que en sa vida escrigué una paraula en catalá). Por cierto, en el ensayo o huevo de Colón no hay referencia a la regla "juhiverd per dir juliverd", titubeantes grafías de los filólogos catalanes del 1900, no del renacentista 1492. Y otro detalle feo de Colonet, pues en Basilea podrá engañar a los de la Universidad, pero es ofensivo para nosotros que catalanice a Bernat Fenollar en `Fonollar´ (p. 85) Comprendo que Corominas recomendara no hacer ni puñetero caso al Colón de Basilea.

Diario de Valencia 28 de marzo de 2004

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