El `Nort´ de Soler Godes

Ricardo García Moya

Los grabadores románti­cos, ante la virginidad de las Tierras Árticas, creaban imágenes de un infernal des­ierto de hielo, con abismos tenebrosos y oníricos mons­truos que devoraban explo­radores. Parle d´orella, el meu Nort es Valencia (via­jant desde Alacant) y, en este parais de flors, fruts y belle­es, a soles mos trobem en Gloria Marcos, Consuelito Císcar, Rita Barberá, etc. Tras la perorata, la realidad son las elecciones y el hecho de que la AVL seguirá legali­zando barbarismos como “Nord”, pese a aparecer en catalán en 1805, posterior­mente a su equivalente va­lenciano: “Nort del riu” (Blay: Sermó de la Con­quista, 1666); “al Nort” (Ba­llester: Ramellet, 1667); “Nort” (Ros: Corrección de voces, 1771); “al Nort, que es ma esperanza” (Pintura en ecos a una Bernarda, 1823); “Nort” (Escrig: Dicc. 1887); “del Nort” (Martí Gadea: Tipos, 1908, p. 139); “del Nort” (Fullana: Gramá­tica, 1915). Como es lógico, la Real Academia mantiene “Nort” (Dicc. RACV, 1997); pero la de Ascensión lo pro­híbe (para eso cobran).

El Nort trae a la mente territorios de noches eternas, historias de naufragios, novelas de Julio Verne y expediciones con la muerte de compañera; no obstante, el Norte no preocupó a nues­tros antepasados, pendien­tes del Mediodía berberisco y el Oriente turco. Los litera­tos preferían usar septen­trional a norte: “el septen­trional viento espantoso” (Virués: Hist. 1588, párr. 173), aunque el portugués Montemayor escribe: “sin nort, el marinero en mar insana” (La Diana, 1559) ¿Influencia valenciana? Qui­zá, pues llegó a traducir a Ausias March. Hoy, fieles al cientifismo fascista, los eti­mólogos catalanes ocultan la documentación de Nort en lengua valenciana, presen­tando su monstruito Nord como las lentejas: las tomas o las dejas. Este expansionis­mo idiomático catalán tiene sus héroes míticos, como Enric Soler i Godes, (Caste­llón, 1903), el cual, tras es­tudiar Magisterio en Catalu­ña, a los 18 años ya era maestro y filólogo d’espar­denya, estampando su firma en las normas de Castellón (1932). El mismo año, su servilismo era premiado con una beca de la Generalitat de Catalunya, asistiendo a las Escolas d’Estiu catala­nas en compañía de Carlitos Salvador, el Llapisera de la semántica. La estrategia del Institut d´Estudis Catalans disponía de la Banda del Empastre quintacolumnista: Soler Godes envenenaría Castellón; Carles Salvador socavaría Valencia; y Enric Valor destruiría Alicante.

Per el Nort valenciá fa el butoni la Fundació Cátedra Enric Soler i Godes, ampará per la Universitat Jaume I, la Diputació y l’Ajuntamien­to de Castelló. Han converti­do al mestre trabuquer en insigne pedagogo, Gandi beatífico preocupado por el respeto al opositor ideológi­co. ¡Qué enternecedor! Olvi­dan que era colaborador de La Traca, revista que fomen­tó el exterminio y tortura de los que no eran tan progre­sistas como el becario de Cataluña. El sensible Soler Godes jamás denunció a estos criminales, sino que participó en aquel panfleto obsesionado en mutilar y fusilar a los derechistas, especialmente curas y mariconas: “con un bisturí les cortaría las espaldas hasta verles la espina dorsal, les echaría un puñado de sal y los colgaría de los ojos” (La Traca 1931, 1936). ¿Aplicaba la técnica Freinet a los alumnos de su escuela con este semanario? La pregun­ta no es retórica.

El franquismo catalanero (Fuster y sus azules) recupe­ró la basura útil, regresando nuestro pedagogo con su odio al reino (nos llamaba país; pero a los de arriba, Principat), falseando historia e idioma, siempre al ser­vicio de Cataluña. Así, en la siniestra Gran Enciclopedia Valenciana aparece un gran mapa de América del Norte para ilustrar la biografía de Tomás de Suria. Este valen­ciano fue el dibujante cientí­fico de la expedición Malas­pina que, a bordo de las cor­betas oceánicas “Descu­bierta” y “Atrevida”, exploró los mares helados buscando el soñado Paso del Noroeste en 1791. Navegando entre bancos de hielo e icebergs, estudiaron las costas de Alaska y Canadá, donde Tomás de Suria realizó unos magistrales dibujos que hoy en día son insustituibles para los geógrafos, botánicos y antropólogos norteameri­canos.

Los valencianos no valo­ramos al dibujante de En­guera, aunque los grabados sobre la llegada de los mari­nos españoles a las playas de Nutka (Museo Naval de Madrid), confirman que su maestría era equivalente a la de los grabadores holandeses o ingleses del XVIII.

¿Y qué tiene que ver Soler Godes con la exploración del Norte? Hay, hay conexión. El grabado de la Gran En­ciclopedia Valenciana tiene este texto: “Dibujo del viaje del dibujante Tomás de Su­ria con Alejandro Malaspina, 1791”. La trilera redacción de la frase es intencionada, pues la mente asocia “dibu­jo” más “dibujante” al nom­bre propio y fecha de 1791, obteniendo un subliminal resultado: el mapa es un dibujo de Tomás de Suria hecho en 1791 ¡pero, cuida­do, es una cepo de la GEV! El diseño contiene una car­tela barroca con texto en catalán, fecha de 1791 y escudo de la ciudad de Valencia. En el centro del mapa, con grandes caracte­res y caligrafía de fines del XVIII, leemos: “Amèrica del Nord”. ¡Vaya sorpresa! ¿El valenciano Tomás de Suria escribía Nord en 1791, como si fuera un Palomero cual­quiera? No, por supuesto. El mapa que trata de engañar al lector no es de 1791 ni copia de un original, sino del franquista año 1953 y dibu­jado por el becario Soler Godes. Así que ya saben: de “Nord”, nada de nada en 1791. La documentación en idioma valenciano (no dibui­xá per el companyer de Llapisera) legaliza “Nort”; aunque si algún estudiante lo usa en la Universidad, los comisarios de Inmersiomán se lo cepillarán científica­mente.

Lo infectan todo. Como es sabido, en muchas ciudades existía el Carrer dels Desam­parats, en honor a la Patrona del Reino. Así, en “El Cullerot de Alacant, periodic semanal”, aludían en 1898 a un “fadrí que casi totes les nits” molestaba a los vecinos en “el Carrer De­samparats” (El Cullerot, nº 13, 1898).

Hace 15 años, el alcalde socialista Lasaleta catalani­zó el rótulo en “Desemparats”, y el actual alcalde del PP le ha sacado brillo. Aquí todo es corrup­ción cultural y encumbra­miento del que más enmier­da. Ya que hablamos de la Gran Enciclopedia Valen­ciana, al tratar sobre el ape­llido Tirado, leemos: “Linaje que procedente del Reino de León pasó al País Va­lenciano” (tº 11, p. 236). ¿Saben quién es el puñetero autor de la reseña que oculta el título de Reino de Valencia y mantiene el de León? Pere Mª Orts, académico de As­censión, uno de los que más han luchado para implantar las cuatro barras (incluso mintiendo sobre la docu­mentación), la lengua cata­lana y la denominación de país.

Diario de Valencia 8 de junio de 2003

INDICE

http://rgm.idiomavalencia.com