El valenciano que conquistó Maastricht

Por Ricardo G. Moya

Se figuran a un valenciano de El­che convertido en furia humana, con las mandíbulas rotas, asal­tando la ciudad holandesa de Maastrich? Es un hecho ignorado, pero digno de rescatar. La popular ciudad -tan citada en la prensa por el tratado homónimo- fue conquistada gracias al ilicitano Gaspar Ortiz. Y no era empresa fácil, pues los recios muros y canales circundantes, inunda­dos con el caudal del cercano Mosa, la convertían en fortaleza inexpugnable capaz de sobrecoger al mílite más teme­rario. Sólo en 1871, cuando fueron de­molidas sus defensas, se transformó progresivamente en la tranquila villa, en que los ministros europeos firmaron el famoso acuerdo.

A nosotros, el apellido Ortiz nos sue­na a repostería de hipermercado; pero a finales del siglo XVI, entre los tercios im­periales que dominaba Europa, no exis­tia soldado que desconociera a los he­roicos "capitanes Ortizes (Sic) de El­che, en el Reyno de Valencia". Sus andanzas, dignas de un apasio­nante guión cinematográfico, se en­cuentran desperdigadas en los archivos; pero, injustamente, no figuran en los libros de historia.

Para empezar, el más famoso de los "Ortizes" tenia las mandíbulas destroza­das. En la rebelión morisca de las Alpujarras granadinas, a "Gaspar Ortiz le rompieron las dos quixadas a pedradas, y escupió las piedras y dientes por la boca". Esta alteración física aumentó la rareza del personaje, al "llevar de ordi­nario unos coxinetes de algodón en la boca, y por hallarse tan impedido, huía de visitas". Hubo general de tercios que dudó de su carencia y "Ortiz, sentido del agravio, le dixo: si no me quiere creer, ahí están los algodones, y escu­piéndolos quedó sin poder hablar".

Respecto a la toma de Maestrique (así era denominada), sus habitantes cometieron el fatal error de subirse "en las murallas, vestidos con los ornamen­tos sagrados de las iglesias y con imá­genes de los santos por escarnio", bur­lándose de los tercios que sitiaban la ciudad. Estas ofensas eran observadas a poca distancia por Gaspar y su primo, el abanderado Gregorio Ortiz, los cuales, incapaces de soportar la afrenta -y sin esperar órdenes del prudente Alejandro Farnesio- se lanzaron contra los holan­deses, provocando la estampida y ata­que del ejército imperial.

Según los testigos: "Gregorio Ortiz, alférez del capitán Gaspar Ortiz, sin aguardar la orden del general, puesta la celada, alzó en la mano la bandera, viéndolo otros alféreces que estaban de guardia, sin esperar la orden del general, tomaron la suya y se inició el asalto a Maestrique, saltando trincheras hasta llegar al foso." La fama de inexpugnable que tenía Maestrique, fue constatada con el sacrificio de nuestro héroe: "el capitán Ortiz, en el asalto, le volaron los enemigos con una contramina; agoni­zando como estaba no dexaba de ani­mar a los suyos". Su primo recibió nue­ve balazos en el peto. Posteriormente, aunque todos alaba­ron su valiente iniciativa, justificó su ataque a Maestrique diciendo que "ha­bía interpretado mal al escuchar la con­versación entre el sargento mayor y el capitán".

Ciertamente, no hubieran necesitado del episodio de Maestrique para su glo­ria, ya que Gaspar -amigo de don Juan de Austria- se enfrentó a los turcos en Lepanto antes de pasar a Flandes con el duque de Alba. Y allí no hubo acción de guerra en que no participara: "Estuvo en Andeganter, Bomene y Bura, plazas que se ganaron por asalto; en la villa de Sichen en Holanda". También ayudó con su compañía de 1.500 soldados a la victoria sobre el conde de Egmont, aquel que inspiró una genial obertura a Beethoven y un profundo drama a Goethe.

La familia Ortiz ya era importante en nuestro territorio antes de las hazañas europeas, al ocupar cargos de la Gene­ralidad Valenciana (Jaime Ortiz en 1544), y recibir recompensas a sus ser­vicios por la monarquía. Posteriormente, Carlos IV concedió título de conde a "don Rafael Ortiz veci­no de la ciudad de Elche, en mi Reyno de Valencia". En el mismo documento el soberano recordaba que "vuestra fami­lia es de las más ilustres del Reyno de Valencia". Los capitanes Ortices no fueron ex­cepción entre los que salieron de las ciudades del Reino. El prestigio de estos militares era una realidad en la España imperial; algunos, antes de iniciar sus bélicas jornadas por Italia, Alemania y Flandes, fueron arma­dos caballeros por el propio rey, como los Llofriu y Carbonell. Así, "el amado Pedro Carbonell de Orihuela Reyno de Valencia, armado caballero con la espa­da desnuda, tocando en ella tu cabeza don Felipe I de Valencia". (A.R.V. Diversorum Valenctiae, año 1585). El mejor homenaje a estos valencia­nos lo ofreció el marqués de Leganés cuando -en su cargo de gobernador militar del norte de Italia- se encontró rodeado de fuerzas hostiles, pero: "como tuviese quarenta y quatro capi­tanes valencianos en su compañía, le hacían poca falta los demás". (Gavalda, F.: Memoria, 1651, f.12).

En fin, parece que los valencianos, que combatían por libre decisión en los tercios, no debieran ser ignorados al cantarse las victorias de la época impe­rial.

Las Provincias 30 de enero de 1994

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