El “Villancico de las Naciones” y los valencianos

Por D. Ricardo García Moya

El "Villancico de las Naciones" era complejo, pues en pocos versos debía reflejarse el prototipo "nacional" que acudía a adorar al niño. Los cantados en la catedral de Lérida la Nochebuena de 1671 utilizaban los recursos habituales para la identificación del origen del personaje. Así, los niños y capones dirigidos por el maestro de capilla Iván Barter aludían a los valencianos que iban a Belén con "la Dulzayna valenciana" (ahora la Ilamarían levantina o mediterránea). Los "de Francia tocaban violines y, los de España, guitarricas". Nótese que nadie coaccionaba a los leridanos a usar el español, pero ellos así lo deseaban, siendo la imprenta de la Universidad de "Lérida" (sic) quien imprimió estas composiciones en la lengua de Quevedo, mucho antes del cuento de botiflers malvados y maulets beatíficos.

Aparte del valor semántico del gentilicio, el autor perfila la identificación del oferente con sutiles alusiones políticas. Tras la arenga: "¡Ea, Naciones, ea, fiestas se hagan en competencia!" desfilan por las estrofas los representantes de Castilla, Valencia, Italia y Cataluña. Este último, "un catalán muy ceñudo, le ofreció al Niño ser Conde de Barcelona, pero Rey, por ningún caso; y la rargeta dezia: por el Conde sus vasallos, como al Rey darán la vida" (Barter, I.: Villancico, año 1671, imp. Univ.) En Lérida sabían que no existía un rey de Cataluña, algo que las actuales universidades no acaban de entender. Por el contrario, el "florido valenciano" regala al Niño unos guantes con el lema: "Son para el Rey a sus manos". Nuestros antepasados sí podían proclamar rey al Niño.

Otro recurso para identificar la "nación" del adorante es el idioma. En la primera estrofa leemos: "De Belén el Portal / es Chatedra de Remedios / para toda enfermedad". En consecuencia, para hallar curación a las dolencias "van Ilegando las Naciones, cada una con su ay", organizándose un ameno y caótico diálogo én varias lenguas. Analizaremos la que el letrista utilizó para diferenciar el idioma valenciano del castellano, francés, catalán, italiano y portu- gués. EI valenciano explica que "lo dolor de migranya/ me dona pena/ que lo olor me ha causat /de una violeta". Le recomiendan comer en abundancla, respondiendo el valenciano que eso sería "curar de migranya /y caure de en- fit".

EI letrista acertó al elegir la jaqueca, pues "migranya" era un vocablo exclusivo  del idioma valenciano -derivado del latino "hemicrania"- y habitual en los textos clásicos de Roig, Fenollar y Johan Moreno. Durante su estancia en el Reino, Covarrubias la recogió como palabra valenciana y la incluyó en su vocabulario, de donde fue tomada como castellana en diccionarios posteriores. También "enfit" o empacho fue un vocablo usado por nuestros clásicos, pudiendo estar:emparentada con el mozárabe "qunfit", documentado como "confit" en el diccionario valenciano de Esteve (1489), antes de que pasara al catalán. También el verbo "curar" es usado en su acepción valenciana de sanar, no en las catalanas de "responsabilidad" o "pensar".

Los estudiantes y profesorado valenciano asistente a los actos catedralicios sonreirían al escuchar el irónico "Villancico de las Naciones", cargado de matices peyorativos contra el "catalán ceñudo" que padecía un vulgar mal de "ventrell". Tampoco eran enaltecedores los versos en los que el catalán afirma que es un cachorro, "so  cadell", del hambriento de mendrugos de pan o "nyaros" ("rosegons", en valenciano). EI contraste conceptual establecido por el letrista es innegable: florido valenciano y ceñudo catalán; el valenciano huele violetas,  el  catalán  devora  incesántemente desperdicios de pan. En el villancico también aparece el navideño "pesebre", vocablo que mereció este razonamiento de Corominas: "EI valenciano pesebre, con s sonora, parece ser un mozarabismo autóctono". Este sustantivo que, traducido del valenciano al catalán sería "gripia o menjadora de bistias", ya lo encontramos asociado a la Navidad en los versos que Timoneda escribió en 1555: "En Belén está (...) y son fill en un pesebre".

Hay que tener presente que en la Universidad de Lérida, desde 1300 hasta 1714, hubo presencia constante de profesores, predicadores y estudiantes del Reino que mantenían y hablaban su lengua valenciana (como testificaron autores catalanes coetáneos). La intensa relación entre los numerosos valencianos que daban vida a la minúscula ciudad, y la escasa población  autóctona fomentó la  progresiva valencianización lingüística del occidente catalán. EI rudimentario romance leridano medieval, por la influencia citada, se fue distanciando del provenzal en los XIV y XV, y de la lengua catalana en los siguientes.

La valencianización  idiomática de  Lérida tampoco la acaban de entender los catalaneros que peregrinan a Cataluña. En la lujosa revista en catalán "Caràcters" -publicada con ayuda de Bancaixa- aparece el artículo "Els catalans pel mon", en los que Lourdes Toledo afirma que en la "nació catalana" está el "Principat i el País Valencià" (aplica títulos al dictado del IEC), y que durante su estancia en Lérida se entendía perfectamente con los leridanos. No me sorprende, pues aparte de la secular valencianización, la citada Toledo utiliza voces como "seure, petit, feina, aquestes, amb..." etc. (Caràcters, n." 5,1998, p. 26) . En fin, olvidemos que Bancaixa sigue promocionando la catala- nización, y celebremos la Navidad sin "migranyes" valencianas y "nyaros" catalanes.

Las Provincias 20 de Diciembre de 1998

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