Emili Félix: traductor de la Generalitat

Ricardo García Moya

Funcionario Emili: He leído tu denuncia en el diario de una empresa catalana (Levan­te, 1/12/02), y no hay derecho a que un político, ¡hablándote en español!, te presione para que adoptes voces raras como ‘rails’, ‘sendemá’, ‘yayo’, etc. Te comprendo, yo sufrí el mismo acoso. Sin enterarme, tenía un expediente en la Con­selleria de Cultura de Alicante por escribir ‘Muchamel’ con ‘ch’, tal como aparece en la documentación en idioma valenciano hasta la llegada de desinteresados traductores de catalán como tú. Me hubiera ido a la calle, pero mis compa­ñeros normales (no normalit­zats), convocaron claustro extraordinario y, ante el cariz que tomaba el asunto, el pro­ceso fue paralizado. La decla­ración de apoyo con las firmas tenía sello de entrada del 6 de junio de 1986 en la Conselleria. Posteriormente, los comisarios siguieron inves­tigando sobre “ese facha”.

Bueno, menda, tu caso no cuela. Montas el numerito del héroe solitario, teniendo a tu favor la Brunete mediática e institucional. Además, el que te acosa es débil por hablar es­pañol (¿verdad, Emili, que de­bía aprobarse una ley para expulsar a esa chusma o, por lo menos, caparlos?). En fin, ‘heroi’ de cacau y tramús, co­mo intuyo que no te enteras, entraremos en la filología d’espardenya, y lo haré para personas de tu nivel: Érase una vez un mago malo y feo que vivía en un principado sin príncipe (¿lo coges, Emili?). Su obsesión era chorizar palabras a los reinos vecinos, pensando que una vez las tuviera todas en su diccionario, tendría la lengua imperial que le permi­tiría apropiarse de los territo­rios sin idioma. Para ello, cavi­laba, habría que pagar a edito­res, firmar pactos entre PP y CIU, crear academias fantas­mas y tener traductores que impusieran las normas dicta­das desde el castillo del IEC.

El mago Corominas, ayuda­do por la bruja “La Caixa”, pu­blicó una serie de libros que, hoy en día, el aprendiz de filó­logo ha de estudiar para apro­bar ciertas materias. Todos le temían e hizo trapicheos para que los vocablos se documen­taran en catalán antes que en otros idiomas. Así, la voz ‘pis­tola’ decía que era catalana: “pues el diccionario catalán de Onofre Pou registra pistolet” (Dicc. Crítico Etimológico Cas­tellano e Hispánico, 1989). ¡Qué mago tan trolero! En pri­mer lugar, el Thesaurus se edita en Valencia en 1575, y es trilingüe en valenciano-cata­lán-latín; con voces y morfolo­gía valenciana que tú, Emili -en tu onanismo conceptual-, supones vulgares: ‘charrar, plaja, pechines, deposit, estan­dart, gasto, carchofa, chufes, lo mes alt, punches...‘. Allí está registrado ‘chic’, sustan­tivo y adjetivo: espantar lo chic, cavalls chichs, nau chica. (no el ‘xic’ que mancha el DDV). Para lograr que ‘pisto­la’ apareciera antes que en castellano (a. 1604), falseó lo escrito por Pou; que no era ‘pistolet’; sino ‘fistolet’, alusi­vo al ‘fistoletum’ o cañón pequeño. En el Reino eran fre­cuentes los derivados de fístu­la (caño de agua, tubo, llaga...). El traductor del pro­venzal de Llull al idioma valenciano usa el verbo enfis­tolar: ‘malalt enfistolat’ (Llibre d’oracions, 1521), pero los ‘fistolets’ del enfermo no eran ‘pistolitas’; sino ciertas características de la dolencia tan desagradables como hablar de ti, Emili.

Aunque sólo sea por aumen­tar tu ira, Emili, te diré que la primera aparición de ‘pistola’ correspondería al idioma valenciano: “despararen ses pistoles y lo baluart respon­gué. Valencia, 19 de febrer de 1599” ; pero no te doy la refe­rencia donde se encuentra, aunque acepto apuestas sobre su autenticidad. Desde tu bún­ker en la Generalitat, afirmas que el pueblo valenciano es casi analfabeto. No es eso, no; un pueblo puede mantener su idioma durante milenios (como el vasco), sin adoptar normas gramaticales o ense­ñanza institucionalizada; y los valencianos distinguen entre la lengua valenciana y la caga­lera idiomática que vomitáis los traductores como tú, reple­ta de arcaísmos arbitrariamente recuperados por el IEC, neologismos ridículos inventa­dos en Barcelona, geminación con puntito fabriano, margi­nación deliberada de léxico pratrimonial valenciano, imposición dictatorial de bar­barismos que escupen a las leyes etimológicas que tanto os gusta esgrimir; payasadas sintácticas sobre el acusativo, el neutro, los adverbiales, etc.

Los valencianos que no habéis engañado saben, por ejemplo, que la preposición “amb” no existe en lengua valenciana (¿me puedes decir, asombro de la lingüística, qué escritores nacidos en el Reino usaron “amb” y no “en” o “ab”, antes del fascismo cata­lanero?). En tu diatriba empleas sintaxis y morfología que, de gobernar autoridades anteriores a 1707, estaries pastant fanc en juncars del Llobregat. Empleas injuriosa­mente el adverbial ‘pas’ refor­zador de negación, ‘no són pas’, cuando hace siglos que nuestros antepasados recha­zaron el inútil arcaísmo que, por el contrario, está vivo en francés y catalán. Ademés, ¿a quín sant, Emiliet, mos fiques eixa ‘feina’ pudenta com a valenciá? ¿No saps, mante, que ‘faena’ es paraula clássica, que mosatros mantenim desde fa huit sigles?

Mira, areopagita, donde figura ‘pistoles’ leo el sustan­tivo ‘estandart’, que los tra­ductores catalanizáis como ‘estendart’. Aparte de docu­mentarse desde Martorell a Boronat Gisbert: ¿no sabéis que su étimo es el francés medieval ‘estandart’? Es incomprensible que, tras años de catalanizar en la Generalitat, sigas cobrando de nuestros impuestos. Las tra­ducciones al idioma del IEC que hacéis en la Generalitat o en Canal 9 son humillantes, pues los arcaísmos ‘ofereix, segueixes, vull, aquestes o altres’, tienen su correspon­diente traducción en los actua­les ‘oferix, seguixes, vullc, estes o atres’. ¿Y la piltrafa ‘gespa’, que pronunciáis con vehemencia y rapidez para fingir que es de toda la vida? Sabéis que es un barbarismo, pero tenéis que imponer está asura léxica que nació en el sur francés posteriormente al cultismo valenciano ‘céspet’, derivado del latín ‘caespes’. El significado lo daba Escrig hace siglo y medio: “Céspet: peda­zo de tierra vestido de hierba menuda” (Dicc. 1871). Por cierto, Tannhauser Tarancón ¿qué nos cuestan a los valen­cianos vuestras academias de catalán Canal 9, Radio 9 y Punt 2, especialistas en impo­ner guarrerías como “gespa”?

Mira, Emili, la ofensa que te supone escribir ‘yayo’ no es comparable a la que nos haces, por ejemplo, con la coentor de ‘vacances’, mierda catalana del XX. Por el contrario, el sustantivo ‘yayo’ fue aceptado por los valencianos libres de todo el Reino, sin coacciones; incluidos los alicantinos: “te vol més esta yaya” (Semanari El Cullerot. Alacant, 23 juliol 1898). ¡Qué suerte tienes, Emiliet! Si fueras traductor de la Generalitat de Pujol e intentaras valencianizar su lengua, ipso facto te jubilaven en la indemnizació d’un mas­clet ficat el lo fistolet de raere (!cóm m’agrá este adverbi valenciá!).

Diario de Valencia 15 de diciembre de 2002

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