EPÍSTOLA A MI AMIGO LIZONDO

Ricardo García Moya

Tras el café, en tono miste­rioso, me dijiste: “Ricart ¿vols preguntarli al camarer ahón está el servici?”. Sin disimular la sonrisa, te contesté: “Che Vicent ¿y per qué no li hu pre­guntes tú?” Mirando de sosla­yo, susurraste: “Es que mosa­tros sempre tenim raere y aguaitant, prop o llunt, a pe­riodistes del Levante que apro­fiten qualsevol motiu pera fe­rirmos en critiques”. Estabas agotado por tu frenética activi­dad en UV, la fábrica, el Con­greso, las Fallas, etc., y te ator­mentaba el acoso mediático. Si confundías una fecha históri­ca, al día siguiente la prensa catalana elevaba tu lapsus a cuestión de Estado. Tenías el don de conectar con el pueblo, y los profesionales de la políti­ca no podían tolerarlo.

Los mismos que minaron tu vitalidad hasta aniquilarte, si­lencian las asnadas del catala­nismo. Analiza estas líneas de Corominas sobre “germanía”, voz valenciana que pasó al cas­tellano y catalán, y verás que tienen trampa: “...hay mucho de cierto, o todo, en lo que me escribía hace unos veinte años un sabio y patriótico amigo va­lenciano”. El etimólogo no dice el nombre del “savi patriòtic amic valenciá”, por lo que sospechamos que seria él mismo el autor del siguiente razonamiento en catalán: “les Germanies fou una guerra contra la noblesa i la monar­quia cesarista; per aixó la Cort de Madrid els tenía un odi molt gran: tots aquella nobles cortesans pronunciaven el mot germania en sentit molt odiós per a ells, la germania era el populacho (sic), la pleb, i l’a­plicaren també a l’hampa, als rufians, per a ells tot era vil i li donaren al mot els usos més denigrants” (DECLLC). Fija­te, Vicent, que aluden a una supuesta “Cort de Madrid” coetánea de Carlos I y las Ger­manías, ignorando los muy burros que bajo el reinado ce­sarista jamás fue corte Ma­drid, siendo ambulante la ubi­cación de la misma, aunque el emperador residía con fre­cuencia en Valladolid, Toledo, Granada y, esporádicamente, en otras capitales europeas.

Lo chocante, Vicent, es que si buscamos “germanía” en el diccionario etimológico caste­llano del mismo autor y equipo (pensado, ¡ojo!, para su ad­quisición por filólogos castella­nos) el pícaro Corominas ocul­ta la historieta de despreciati­vos cortesanos de Madrid y nos endosa a nosotros (pueblo que aplaude a quien le hu­milla) estas perlas: “germa­nia... parece ser empleo trasla­ticio del anterior originado en la ciudad de Valencia, famosa en el S. XVI por el desarrollo que allí tomó la gente de mala vida” (DCECH). Así que la Va­lencia del XVI, donde Lope de Vega decidió residir en des­tierro, donde la corte del Du­que de Calabria elevó la cultu­ra al máximo nivel y donde Cervantes quedó asombrado por el ambiente literario del círculo de Timoneda, queda convertida por las maquina­ciones de Corominas en cueva de rufianes y asesinos. ¿Lo ves, Vicent? Los santones del cata­lanismo yerran conceptos his­tóricos, manipulan la etimolo­gía y aplican adjetivos y des­calificaciones pensando en el lector. Los miserables que te atormentaban en vida por atribuir a un Borbón los he­chos de otro, silencian las bu­rradas inmersoras.

Mira, Vicent, los niños va­lencianos leen bazofias como “El catalá a traves dels temps” de Lluis López del Castillo, un espabilado ensayista que re­produce textos valencianos pa­ra demostrar la igualdad de la lengua, siendo experto en el timo de catalanizar el original. Según Lluis López, en 1768 usaba el valenciano Galiana estas voces y morfología: “i refermant-se sobre una gaiateta... i amb més moquita” (El catalá, p.74), pero el original dice: “y refermantse sobre una gayateta...y en mes moquita” (Rond.p.41) Este pillastre cul­tural (autor de prestigio en Cataluña por publicar en 1966 “Faristol”, primer libro de “llenguatge per a nois i noies” después de la guerra), cambia preposiciones, conjunciones, altera morfologías y, lo que es peor, difunde disparates ex­pansionistas que asimilan los estudiantes valencianos, ya que el panfleto lo adquirió la Generalidad de San Zaplana para la ESO y Universidades.

Supongo, Vicent, que por ahí verás valencianos ilustres. Si tropiezas con Arnau de Vila­nova, cuéntale el enigma que plantea el erudito catalán Ru­bió i Lluch en un libro de 1908, reproducido facsímil en el 2000 por el Institut d’Es­tudis Catalans y adquirido perdiendo el culo por la uni­versidad sardanera de Alican­te. En catalán, leemos: “Jaume II manifesta a Arnau de Vi­lanova que, a prechs seus, re­comana a les gens de la Com­panyia catalana que no mo­lestin els monestirs del Mont Athos. Li demana que li envii la seva novella obra speculum medicinae” (Rubió: Doc. 2000, p.45). Es decir, según Rubió, el rey ruega a la Compañía cata­lana en Grecia que no moleste a los monasterios del Monte Athos, y pide a Vilanova su “Speculum medicinae”. Ríete de tus errores, Vicent, pues el enigma surge al cotejar lo que dice Rubió con el documento auténtico, una carta real es­crita en latín donde no hay una sola referencia a la “Com­pañía catalana” ni a ningún catalán. Fechada en Valencia el 1 de julio de 1308, el valen­ciano Jaime II habla de “gen­tes nostras in partibus Ro­manie”, frase que Rubió trans­forma en “Companyia catala­na”. En la misiva sólo aparece el valenciano del Grau “magis­tro Arnaldo de Villanova”, y otro de Manises, “Petrus Boyl”. La nación catalana, amigo Vicent, era desconocida para Jaime II en 1310, fecha en que escribe al papa Clemente y titulándose: “Ja­cobus Dei gracia rex Arago­num, Valencie, Sardinia, et Corsice, comesque Barchino­ne” (ACA,1 octubre 1310, reg.336, f.191).

Amigo Vicent, tengo aquí otro documento de los que te gustaban. Se trata de un me­morial de Alicante recordando que en el sur del Reino, por fue­ros valencianos, sólo podía exis­tir su puerto comercial, y exigía que se impidiera a los de Elche usar el de Santa Pola. Lo que tiene interés son los territorios que enumera: “cláusulas que tienen el Reyno de Aragón, el Reyno de Valencia, el Reyno de Mallorca, Condado de Bar­celona, Rosellón...” (Bib.Nac.­VE.199/9. Memorial de la ciu­dad de Alicante, año 1692, f.1). Ahora enseñan en la Univer­sidad que fuimos un país cata­lán dependiente del Principat de Catalunya. En fin, aquí si­gue la cacería de los colabora­cionistas hacia los pocos que mantienen la dignidad, como María Beneyto o la RACV. La jauría aúlla por la subvención de 2.9 millones a la RACV, mientras que pide más para la otra, la de Ascensión y Hauf, pues “sólo” le han regalado unos 550 millones para em­pezar. La desvergüenza, Vicent, rige nuestro indefenso Reino.

Diario de Valencia 4 de Noviembre de 2001

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