ERRATAS Y ERRORES

                                                     Por Ricardo García Moya

Una  coma que se evapore o el cambio de vocal puede salpicar de humor el texto más anodino, como el de aquella carta que remití a la directora de una biblioteca. En ella, el habitual "un saludo" que suelo utilizar para despedirme se había convertido en "un salido", acompañado de mi firma. En otro escrito, la "expulsión de los moriscos" lo transformé en la "expulsión de los mariscos"; y un "entrecomillado" lo degradé a "entrecolillado", etc. Son erratas involuntarias, como el error que cometí en el artículo "Toneladas de flexió  verbal"  (LP,  31-X-98), motivado por la necesidad de reducir citas farragosas. Borré una cita, pero no la obra a que pertenecía, uniendo libro y autor distinto. Todo era correcto y textual, incluso la página 158 citada, pero la crítica sobre los extranjeros que confundían a catalanes y valencianos no se encontraba en "Notas al canto del Turia" de 1778, sino en las que el dominico Teixidor redactara años antes.

Otra cosa es el horror, no error, que produce la masiva compra de productos en la lengua de Convergència i Unió de las editoriales de Barcelona para catalanizar las bibliotecas del Reino. Hagan la prueba por Internet y busquen, por ejemplo, la entrada Teixidor de la Biblioteca Pública de Castellón. Comprobarán que Ediciones 62, Laia, Ediciones B, Edhasa, Crüilla, Premsa Catalana, Pòrtic, Orbis, La Galera, etc., están forrándose con nuestros impuestos.

Hay erratas que no son tales. Un lector de LAS PROVINCIAS advertía  educadamente sobre errores descubiertos en mi artículo sobre el "Vocabulario del humanista".  Alarmado, avisaba sobre "la trascendencia de la equivocación que conduce a, por lo menos, confusión", (LP, 24- IX-98) . Por desgracia, y no es ironía,  lamento decirle que no hubo  equivocación; la "Gran Enciclopedia Valenciana" ocultó la referencia al "Vocabulario del humanista",  (año  1569)  y  su valioso contenido sobre el idioma valenciano. Aunque  peor hizo Gulsoy con el citado "Vocabulario" al afirmar que estaba en "catalán". ¿Y saben dónde lanzó esta pequeña infamia, que diría Carmen Posadas? En la "Revista valenciana  de filología"  controlada por el IEC. Por algo se tituló "Revista valenciana", sin especificar si era de filología turca, vietnamita o valenciana.

La ocultación de libros se realizó conscientemente en la GEV, y hay más casos idénticos al anterior. En 1667 publicaba J. Batiste Ballester el "Ramellet del bateig"; obra considerada por la "Gran Enciclopedia Catalana" como la más valiosa del autor, especialmente por su "apología de la lengua catalana". Afirmación rara, muy rara, pues Batiste ensalzó la "destrea de la llengua valenciana", incluyendo normas gramaticales sobre la misma y -sin erratas ni ambigüedades aludía despectivamente a la catalana.

Tiempo después que la "GEC" se publìcaba la "Gran Enciclopedia Valenciana",  magno empeño que rectificaría, ¡suponíamos!, los errores citados.  Lamentablemente fue lo contrario. Igual que silenciaron el "Vocabulario del humanista", también ocultaron el "Ramellet del bateig" al citar las obras de Batiste. ¿Fue casual el olvido de una obra que defendía la lengua valencia-  na en 1667? No, rotundamente  no, pues los autores de la "Gran  Enciclopedia Valenciana" eran los mismos que colaboraron en la "Gran Enciclopedia Catalana": Joan Fuster, Sanchis Guarner, Alfons Cucó, Ernest Lluch, Dolors Bramon, etc. Conocían, por tanto, que Batiste Ballester era autor del "Ramellet", obra peligrosa que convenía censurar.

Con la estrategia que todavía practican, fingiendo imparcialidad, contrataron  a unos pocos intelectuales valencianistas para cubrir entradas léxicas secunda-  de la "Gran Enciclopedia Valenciana". En ella, además de escamotear información, atribuían el  uso de ridículos inventos léxicos catalaneros a  nuestros clásicos, hasta el punto de meter la "amb" de marras al misógino Jaume  Roig en sus versos de 1459. Lo pueden comprobar en la entrada   "Dormir" de "GEV": "Amb ses loçanes".  Los errores (?) devoran hasta el gentilicio. Así, los chicos de PJ están emperrados en ello, desde el encumbrado Umbral que aludía al "chalet de un amigo levantino adonde va Aznar" ("El Mundo", 29-VII-98), hasta el crítico de cine. "Tabarca, isla de Levante" ("El Mundo", 14-X-98). Comprendemos que hay topónimos conflictivos como Asquerosa y Porquerizas, que adoptaron por razones obvias los de Valderrubio y Miraflores de la Sierra; pero no es ofensivo, creo, escribir "amigo valenciano" o "isla valenciana", a no ser que en  "El  Mundo" desconozcan que Tabarca o Benicássim están en el Reino de Valencia. No es la primera vez que nos endosan un seudotopónimo.  En la longua do germanía de los siglos XVII y XVIII aparece el topónimo  "Molancia", usado por la rufianesca para aludir a Valencia.

Un intelectual como Cela no tiene miedo en recordar que el territorio que acoge a Castellón, Alicante y Valencia se llama "Reino de Valencia" (Cela: "Diccionario geográfico". Madrid 1998, p. 79). Por el contrario, en el programa "Negro sobre blanco", de TVE, un pedante sentenciaba que "Azorín era un levantino que hablaba catalán", ante la sonrisa complaciente de Sánchez Dragò. Si hubieran leído al de Monòver se enterarían de que presumía de ser valenciano y que amaba a la "lengua valenciana" (Azorín: "Ejercicios", Madrid 1960, p. 210).  Resumiendo, amigos lectores: hay erratas simpáticas, errores por despiste y, lamentablemente, falsos lapsus que producen horror.

Las Provincias 8 de Noviembre de 1998

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