Eulalia Duran: valencianos a la carta

Ricardo García Moya

Miembro del IEC y catedrá­tica de la Universidad de Barcelona, Eulalia Duran es prototipo de filóloga depreda­dora catalana, de las que extienden la zarpa más allá del Cenia. Durante décadas ha impartido clases y escrito libros para transformar en realidad el sueño de los fas­cistas barceloneses de los años 20: la Gran Cataluña o Países Catalanes. Su firma aparece en Historia dels Paísos Catalans, Les Germanies als Paísos Catalans, etc.; obras que infectan bibliote­cas y centros de enseñanza valencianos para que los es­tudiantes se transformen en votantes de Pla, Carod o la tía de las cuatro barras. La estrategia de Eulalia es sen­cilla: roba lo que no tiene Ca­taluña y, por ejemplo, en “Renaixement a la carta” (Du­ran, E.: Dep. Fil. Catalana. Univ, Barcelona, 1996), ex­tiende “l´area catalana” has­ta Orihuela. Su codicia mere­cería la pluma de un saineter que la parodiara.

Per lo matí, ulls en taranyines, Eulalia rechupla el got de cafenet en llet i, aponanse en la caira, escomença a escriurer sobre el Renaiximent en Catalunya. La dona patix, no troba renaixentistes catalans y –deixant a un costat epistemologies dels Hauser o Segdwick, cavila: “No trobe lo que vullc. A vore ¿quín humaniste y pedagoc catalá tinc del 1500? ¿Ningú? Pues huí me rota furtar a Lluis Vives. ¿Hi há algún polític valenciá que no estiga fet un cagó y s´atrevixca a dirme chut? ¿No, ni u? Pues a peixcar valencians y guanyar dinés”. Así de fácil resulta robar a Luis Vives, humanista que no pisó Cataluña ni escribió una frase en catalán. Eulalia se jubila en septiembre, reci­biendo estos días el homenaje de los filólogos expansionistas catalanes (¿acudirá Carod?), por su labor pedagó­gica; especialmente por obli­gar a los estudiantes a que memoricen animaladas como que Lluis Vives perteneció a “aquest conjunt d’intel-lectuals catalans del segle XVI” Al insumiso, respetuosamen­te, se le ofrece la opción transversal: ¡Al puto carrer, chiquet, a vendrer mocaors, misteres y condons en els semáfors! Para reforzar el arti­ficio de un Vives catalán en el “Renaixement a la carta”, la filóloga incluye textos donde el humanista escribe como si fuera un Eliseu Climent o un académico de Ascensión cual­quiera: “Aquesta mena de noia, amb 1’esperit...”. El ori­ginal de Vives está en latín, claro, y son consejos que es­cribió en Inglaterra en 1524, cuando era preceptor de Ma­ría Tudor. En el libro de Eu­lalia aparecen en catalán, por lo que el aborregado estu­diante asimilará que el Reino de Valencia era una colonia o país de Cataluña en el 1500, y que Vives aceptaba su con­dición de catalán, ¿Y el PP de Camps que nos gobierna (por ahora), cómo reacciona? Ad­quiriendo el femer de doña Eulalia para las universida­des valencianas.

El título “Renaixement a la carta” refleja la estrategia de Eulalia, Para ella, el Reino es un restaurante repleto de manjares exquisitos que pue­de escoger a la carta y, ade­más, gratis: aquí ensarta al historiador Beuter, devora al humanista Vives, tritura la novela epistolar de Sirlot, en­gulle poemas de Gaspar Guerau, mordisquea las composiciones de Joan Fernández d´Heredia, deglute la didácti­ca de Pere Joan Nunyes, de­gusta teorías librescas de Ar­gilagues, mastica a Timoneda, etc. Es sabido que los ca­talanes, carentes de Siglo de Oro, roban los clásicos valen­cianos y sus arcaísmos; pero también el Renacimiento fue valenciano, motivo por el que Eulalia se adueña del mismo. Así, para explicar el complejo mundo de la imprenta en el 1500 se lanza sobre Francesch Argilagues, médico va­lenciano que, tras estudiar en Pisa y Siena, se convirtió en editor de obras médicas en el norte de Italia. Mientras los catalanes capaban cerdos con los dientes, los valen­cianos editaban en Venecia textos científicos; Argilagues lo hacía con el Articella (1487) y el Conciliator (1483); Joan Esteve con el Líber elegantiarum (1489) y, quizá el mis­mo Argilagues, habilitó la edición de Opera Arnaldi (1505) del valenciano Arnau de Vilanova.

Al abrir el Articella (Vene­cia, 1487), aparece el Prólogo donde Argilagues saluda al lector italiano y declara que es valenciano, no castellano o catalán; detalle que con pun­tería ventosea Eulalia. Supe­rada esta nimiedad, la filólo­ga incluye en su libro el pró­logo de Argilagues, pero en catalán; incluso usando co­rrupciones catalanas del si­glo XIX. La trampa está lista. En la Universidad de Alican­te hay montones de “Renaixement a la carta” de Eula­lia, mamotreto que hay que aprender. El incauto estu­diante hijo de manchegos o andaluces (lo más usual por aquí), leerá que Argilagues escribía “no pas a la meva” (p. 101), o “i que, de bell antuvi” (p, 100); es decir, asi­milará un idioma que no es el valenciano y que lo está ase­sinando, pues cada vocablo, estructura sintáctica o mor­fología catalana desplaza a su sinónima valenciana. El ex­terminio idiomático cuenta con total apoyo de los cobar­des políticos valencianos, si­lentes como ratas ante agre­siones tan humillantes como el “seva” de las tarjetas electorales del P.P. La valentía de estos políticos la ejercen con­tra los débiles, derrochando dinero en publicidad en los diarios Levante, El País, In­formación, etc., medios que escupen al PP y favorecen la catalanización que nos des­truye. El único diario que hay que aplastar, según Camps, es el Diario de Valen­cia; que diariamente hace examinar para comprobar que se cumple su orden de no insertar publicidad de la Generalidad. Hay una dife­rencia entre el catalanismo de Carod y el de Francisco Camps: que éste lo practica con engaño y nuestros im­puestos.

Eulalia crea la ficción de un Argilagues que utilizaba voces catalanas como “antu­vi”, inexistente en el 1500. Aquí topamos con la ley del embudo del IEC y su mascota la AVL. Para Ascensión y Camps los castellanismos va­lencianos son horripilantes y deben eliminarse; pero los es­cogidos por Verdaguer, Ruyda, Vayreda y los comandos fascistas de Pompeu Fabra hay que sacralizarlos. Así, del antuvio y antuviarse de los Nebrija, Cervantes o Lope de Vega nació el castellanis­mo “antuvi” en la Barcelona del 1830. La voz hubiera sido condenada, pero su empleo por momias como Verdaguer fue mérito para elevarla a voz culta, usándose la locu­ción “de bell antuvi” por la peste catalanera actual, de igual modo que los asquero­sos barbarísmos “a més a més” o “tot plegat” que im­pone el Canal 9 del PP a los niños valencianos. La dulce Eulalia incrusta “de bell an­tuvi” en la prosa renacentis­ta de Argilagues, de igual modo que “natura del fetus” (p. 102). En idioma valencia­no moderno no en el del fas­cismo expansionista tendría­mos “naturalea del feto”, pues “natura” es un latinis­mo arcaico, y el “fetus” es una pedantería nacida entre falsificadores, taxidermistas del Negre de Banyolas y pro­fascistas catalanes del 1900. El engaño a los valencianos sigue. Las Universidades pi­den más millones para catalanizarnos y formar futuros votantes de Pla, Carod o la tía de les quatre barres ¿Y qué hace Camps? Administra el restaurante donde doña Eulalia, gratis, traga valen­cianos a la carta.

Diario de Valencia 21 de marzo de 2004

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