Cada u lo que li toca

Por Ricardo García Moya

La fantasía regnícola no ha creado un prototipo de monstruo autóctono. En mi infancia nos apañábamos con la amenazante figura del sacamantecas o "greixero dels canyars", estableciendo inconscientemente un mátiz chauvinista entre el "greixer" -comprador de sebo para jabón- y su castellaniza- ción en el siniestro "greixero". La voz "greixer', figura en el diccionario de la RAV y LAS PROVINCIAS, pero no consta en el del Institut d'Estudis Catalans y en los falsos diccionarios valencianos de Gregal, Generalitat y Bromera. Nuestros antepasados, aparte del "greixer", se asustaban con personejes como la analfabeta de la "calle del Fumeral, que hablaba latín; o la endemoniada de Alcoy, que salía por las calles tirando piedras" (Salón, M.: Vida. Valencia 1737, p.51). Todo ha cambiado, las posesas ya no tiran piedras o exhiben poliglotismo luciferino; sus habilidades las exponen en el "Parle vosté" a buen precio, especialmente si son brujas catalanas que hablan catalán. Pero seguimos sin tener un buen monstruo autonómico que amenice las noches regnícolas.
El homúnculo (vampiro, hombre-lobo, hombre-periquito comedor de hojas de Internet, etc.) es llamedo monstre en los falsos diccionarios valencianos que utilizan nuestros hijos y el Ayuntamiento de Valencia. Pero los de Fullana y LAS PROVINCIAS recuerdan que en lengua valenciana llamamos a estos seres "monstruo", voz derivada del bajo latín "monstruum" (en el XV, Roig ya endosaba el adjetivo "monstruoses" a las zaheridas damas del Espill). EI sustantivo tuvo la variable "monstro", co- mo vemos en unas quintillas compuestas en 1669 por el licenciado Roque Sala: "Un monstro pareix de tres mans" (Fiestas A s. Juan de Mata. Va- lencia 1669, p.496). Tenemos, pues, las formas valencianas monstruo y monstro, que no figuran en los diccionarios que utilizan los inmersores. En ellos sólo aparece la autorizada por el IEC, "monstre", corrupción del étimo latino.
"Les paraules s'enredren com les cireres", y en las quintillas de Roque Sala me enredo con otro vocablo considerado monstruoso por la inmersión: "Al mirarli la mollera /sens dificultat diguera" (Ibid, p.496). Los catalanes nos ordenan sustituir "mollera" por "clepsa" (Gimeno, I.: Diccionari de barbarismes, Barcelona 1987), pero los valencianos no tenemos motivos para rechazar la voz usada por Sala hace 329 años, y a la que Corominas sugiere un posible origen del mozárabe "mullaira". En el diccionario de Escrig (año 1851) mantenia la acepción de "parte más alta del cráneo", a la que acompañaba la locución: "Ser ú dur de mollera". Ustedes advertirán qué familiar suena esta expresión de 1850, algo que no encontramos en la jerga de Canal 9, pues al obedecer al lnstitut d'Estudis Catalans rechazan voces como el indefinido valenciano "U" prohibido por Cataluña, aunque fue habitual en la lengua valenciana desde la Edad Media hasta nuestros dias.
Era tan frecuente que en el mismo volumen donde el licenciado Sala poetiza sobre la mollera, aparece esta sentencia: "Cada hu lo que li toca" (p.102). El lema fue ideado por los trinitarios del Reino y en él encontramos tambíén el artículo lo, perseguido a muerte por la inmersión (aunque lo utilizara el rey Jaime en los Fueros y Escalante en sus sainetes). El inde- finido "hu" llevaba una hache muda y de escaso valor diacrítico; letra de quitaipón, ésta descendiente del ideograma egipcio que representaba un vallado, fue sustituida en el siglo XIX por un acento agudo sobre la ú. Ahora, las falsas gramáticas valencianas niegan la existencia del indefinido y desprecian el numeral homónimo. Por cierto, el académico Alarcos consideraba que "la tradicional distinción entre uno numeral, uno pronombre indefinido y un como artículo indeterminado carece de justificación" (RAE, Gram. 1994, p.l 22)
En las quintillas de Roque Sala se encuentran otras voces vivas, como sombrero, ahora vetadas por Cataluña: "un pobre li demanà el sombrero ab alegria", "negali el sombrero", "despedit sens sombrero"(p.497). No tiene justificación que el Institut d'Estudis Catalans se entromete en el Reino y nos prohíba léxico que tiene más de medio milenio de uso en la lengua valenciana. En el Thesaurus trilingüe del catalán Pou, publicado en Valencia en 1575 tras estudiar en su Universidad, leemos: "ni ha de afegir hu", "¿Quants per hu?, "Tres per hu". Y al tratar sobre los oficios que pudo observar en Valencia cita, entre otros, los de velluter, ferrer, llibrer y "sombrerer", voz tan arraigada en 1575 como las de sabater o esmolador. Por si fuera poco, también encontramos el vocablo "mollera" como palabra valenciana en el Thesaurus, incluso en la edición barcelonesa de 1580 (f.161 ).
Igual que todos nuestros antepasados, Carlos Ros usaba en 1736 el denostado hu: "Mes val hu en pau, que dos en guerra" (Tratat, p.71 ). Y en nuestro siglo, el prolífico Martí y Gadea recogía la forma actual, sin acentos ni haches inútiles: "U darrere del atre" (Vocábulari monosilabich, Valencia 1915). En fin, este ensañamiento contra la lengua valenciana puede deberse a aquel "monstro de tres mans" evocado por Roque Sala en 1669, que ahora tiene largos brazos: con una mano acaricia a Cataluña y la enriquece; con la otra, abierta, recibe el oro y el moro en Madrid; la tercera, en nuestro Reino, estrangula a Valencia. Por cierto, durante el Campeonato Mundial de Frontenis, toda España comprobó que en Valencia se utiliza el catalán, ya que el Excmo. Ayuntamiento puso con caracteres bien visibles lo de "Esportiva", voz inexistente en lengua valenciana. Cada u te lo que li toca.

Las Provincias 1 de Febrero de 1998

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