Cubata gitano

Por Ricardo García Moya

Mezcla de vino y Coca Cola, es un sucedáneo aceptable del auténtico. Culturalmente, si se me permite la discreta metáfora, nos están emborrachando con cubatas de composición dudosa; y no somos los únicos afectados. Me topo en Internet con la web del último film de Spielberg, donde Aragón se convierte en centro mundial de la inteligencia artificial en el 2140; pero lo chocante es que localizan a Zaragoza "en la zona de España que antiguamente era conocida como Cataluña". Nosotros pensábamos lo contrario, al situar a "Barcelona en Cataluña de Aragón en España" (Gallucio, Ioan Paulo: Teatro del mundo y del tiempo, año 1606, f. 127). El error no es culpa de Spielberg, sino de las publicaciones que el catalanismo ha distribuido desde Alicante a Pekín, falseando la historia política y lingüistica de la antigua Corona de Aragón.
Más cubatas exóticos. El jueves, 15 de julio, el programa educativo Tómbola fue interrumpido aparatosamente en el momento de máxima audiencia. Cuando todos esperaban la aparición de alguna estrella mediática (Tamara y su madre, Pocholo o Aramis Fuster...) surgieron el Honorable y un señor del PSOE entre sonrisas, carantoñas, palmaditas en la espalda y guiños de complicidad picaresca. El Honorable explicó lo mucho que había sufrido para encontrar a los sabios defensores de la lengua; y el partenaire, exultante, disertó sobre "la nostra llengua"(?), los "avui" y los "amb". Emocionado, San Zaplana asentía complacido al ver cumplida la trayectoria iniciada en la alcaldía de Benidorm, cuando recibía lecciones de Rafael Aiemany (normalitzador pata negra), y confiaba a Eliseu Climent la formación del jurado de los premios literarios y la edición de las obras.
No sé la causa, pero la honorable pareja fue remisa a definir el idioma que tanta excitación les provocaba. En el Reino jamás existió ese temor a declarar su nombre, pues desde los bautizos a la última voluntad se realizaban en el idioma llamado valenciano; y quienes lo hacían no eran miembros de UV o el GAV Veamos un ejemplo vulgar y corriente del siglo XVI, la última voluntad del Juan Valero de Xérica: "testamento otorgado en 2 de febrero de 1592... cuyas cláusulas a la letra, vertidas del idioma valenciano al castellano." (Bib. Nic. Primitiu, XVII, F.35). Eran tiempos normales, donde las autoridades del Reino no tenían vergüenza del nombre del idioma. En 1619 se volvía a imprimir la pragmática del año 1394 dictada por Joan I, monarca que tenía como asesor lingüístico y traductor a fray Antoni Canals; pues bien, en la fórmula medieval leemos: "Traduhida de llati en vulgar valenciá per los Reverents mestres de la Seu de Valencia en lo Any Mil trecents noranta quatre". Este orgullo idiomático, característico de la curia valenciana del cardenal Jaime de Aragón, estaba ausente en la honorable pareja tombolera.
Volvamos al presente. Es un hecho que se ha otorgado el poder de la AVL a un grupo de filólogos que podríamos llamar del "Comando Benidorm", formado por inofensivos y honestos ciudadanos, pero expertos en adulterar la Lengua Valenciana y transformarla en catalana; así como degradar la denominación de Reino de Valencia a país catalán. Los Rafael Alemany, Antoni Ferrando y Jordi Colomina difundieron el catalanismo en publicaciones como "Estudis de literatura catalana al País Valencia" (Ed. Ajuntament de Benidorm, 1987), gracias a la generosidad del consistorio, que "amb una liberalitat no massa freqüent en aquesta zona sud del domini lingüistic de la lengua catalana" (id). Para los miembros del "Comando Benidorm" somos un país catalán, y así lo proclamaron en sus panfletos: "anormalitat política en que viuen els països catalans" (Ferrando, A.: Lit. catalana. Ajunt. Benidorm. p.55). Este inmersor será quien corte el bacalao en la AVL, con el aplauso incondicional de 14 de sus miembros.
La institución podría (uso el condicional) convertirse en la Academia Valenciana del "lapo"; que no es un insulto, sino una honorable y documentada voz valenciana que equivale al catalán "cop", por lo que encajaría en el proyecto pensado -si analizamos el historial de los académicos- para golpear al hereje valenciano que no acepte dogmas del Institut d'Estudis Catalans. El vocablo "lapo" estaba arraigado en el fecundo siglo XIX, cuando el idioma valenciano todavía creaba voces y moldeaba barbarismos hasta darles morfología propia. En "Conversacions de Saro" leemos: "li aguera asentat un lapo" (any 1820), y en poesía de Pallarés localizamos el plural correspondiente: "els cluixen a lapos" (La Degollá, any 1859) Palabras similares a "cluixir" y "lapo" serán el fiel de la balanza de la AVL, según adopten respecto a ellas una de estas posibilidades: a) la AVL las aceptará, desoyendo al IEC (algo milagroso); b) se mantendrá la prohibición impuesta por el Institut d'Estudis Catalans; c) serán entregadas al citado IEC para su análisis con lupa y -caso de ser aceptadas por el IEC- engordarán los diccionarios catalanes.
Y no se crean la consigna inmersora de que el idioma valenciano del XIX era un cadáver. En textos como las "Conversacions de Saro" (Valencia, 1820) se documentan vocablos por primera vez en la historia de la lengua, como los verbos "descucar" ("descucar els alfals"), o "desemboirar" (¿Está ya desemboirat?), que posteriormente serían sustraídos por los lexicógrafos catalanes. Hay otras palabras que todavía no han sido saqueadas por el pirata norteño, como el infinitivo "desbrafar", el adjetivo "pesmes" y el sustantivo "micapa" ("bona olleta y forsa de micapans"), que procedía de la lengua madre latina ( de "mica-panis", miga de pan).
Mientras tanto, prosigue el disimulado estrangulamiento de la capital del Reino. Nadie reacciona ante el engaño y la burla hacia las señas de identidad valencianas que, como táctica, se perpetran en las ciudades donde se fomenta el odio a Valencia. En Castellón instalaron el Institut d'Estudis Catalans (¡vaya lapo!); y en Alicante fue prohibida la Real Señera en el desfile de las Fuerzas Armadas (el año anterior, en idéntico acto, Barcelona estaba llena de cuatribarradas). La blandura valenciana permite tropelías como la del AVE, que llegará al Altet por decisión de Madrid, pero no a Manises. El viajero procedente de Londres o París que pretenda trasladarse a Albacete o Castellón tendrá que ir a Alicante para subir al AVE en el mismo aeropuerto. Lamentablemente, en Manises tendría que revivir las aventuras del entrañable Paco Martínez Soria, arrastrando maletas por el Metro, o en infierno de caravana, taxis y semáforos para enlazar con la estación del AVE. Pero la alcaldesa Nolla no lo tolerará; por algo ha sido defensora de la unidad de la lengua, y la que casi ha traído a Valencia la capitalidad cultural, las Olimpiadas, la Expo y la suerte al Valencia C.F. En vista del panorama, me engullo mi segundo cubata gitano.

Diario de Valencia 24 de junio de 2001

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