EPÍSTOLA A ARRABAL, DESDE LA CERVANTINA VALENCIA

Por Ricardo García Moya

Querido Fernando: nos alegras con tu última obra "Un esclave nominé Cervantes" en la que tratas sobre la indudable, dices, homosexualidad del autor del Quijote; compañero sentimental del bey de Argel; del cardenal Aquaviva y del bailarín Getino. Lástima que el buceador de clásicos Antonio Regalado -en reciente cara a cara- estableciera coto a tu fantasía al espetarte: "Te lo has inventado todo, Fernando".
Pero no eres es el único ilusionista literario. Según dicen, donde mejor se saborean las vivencias del Manco de Lepanto es en Barcelona. En el Paseo de Colón puedes ver la Casa de Cervantes y, si hay tiempo, leer el libro "Cervantes en Barcelona" de Martín de Riquer, en el que expone la visita del escritor y muestra un plano de la "Barcelona cervantina". Está claro que Riquer te supera en fantasía, pues no existe un sólo documento que testifique la estancia de Cervantes en Barcelona.
Te darás cuenta que somos distintos. Los valencianos, con documentada relación, no lo pregonamos. Nuestros vecinos, sin pruebas, organizan un circuito turistico cervaritino. ¿Qué harían si fueran catalanes los soldados Melchior Velluter, Martín Cubells, Joan Guerola y Joan Bautista Vilanova, que combatieron junto a Cervantes en Lepanto? Fíjate que Cervantes -en la visita de don Quijote a las galeras de Barcelona- no sitúa como "cuatralvo" a un catalán, sino "a un principal caballero valenciano". EI novelista recordaba al "cuatralvo" de galeras Guillén de Rocafull y, en especial, a Miguel de Moncada, segundo de Juan de Austria en Lepanto.
Es evidente que desconoces la amistad que Cervantes tuvo con nosotros; y te ocurre por basarte en biógrafos actuales que nos llaman levantinos o -como hace tu admirado Canavaggio- considera murciana a Altea en 1600. Tenías que haber manejado documentos coetáneos y hallarías filones para tus filias.
Sabías que Cervantes anduvo tras la familia del valido real -el valenciano Duque de Lerma-, especialmente de su sobrino, joven que destacaba por su ritmo al bailar. En las fiestas de Valladolid, a donde se habían trasladado la Corte y Cervantes, los cronistas anotaron que, "cierto Conde sobrino del Duque de Lerma, dansa muy bien y es la cosa que mejor hace" (B. Santa Cruz de Valladolid, Ms. 511, f. 190).
Ten en cuenta, Arrabal, que el joven "que dansa muy bien" fue a quien Cervantes dedicó sus mejores obras -la segunda parte del Quijote, Persiles y Segismunda..y, después de ser nombrado por su tío, virrey de Nápoles, el escritor intentó acompañarle a Italia. Todo acabó bien, la familia del Marqués de Denia -especialmente el sobrino que "dansaba muy bien"- evitaron que Cervantes muriera de hambre (en palabras suyas, "me sustenta y me ampara") en su vejez.
Te diré, que el único catalán no ficticio relacionado con el mundo cervantino es el bandolero Roque Guinart; por el contrario, la lista de valencianos es copiosa. Tras su liberación de Argel, llegó a Valencia en 1580, encontrándose con sus amigos: Cristóbal de Virués, al que ensalza su heroísmo en Canto a Calíope y su obra poética "una de tres mejores que, en lengua castellana, están escritas"; el valiente Andrés Rey de Artieda, que influenció a Cervantes con sus obras sobre Amadís de Gaula y Los encantos de Merlín. En Valencia, Cervantes gozó en el Corral de Comedia y participó en tertulias con Timoneda.
Observa, para entender lo que sigue, que la lista más copiosa de obras citadas por Cervantes fueron editadas en el Reino de Valencia: "La Diana", del Gil Polo, que "merece que se guarde como del mismo Apolo"; "EI mercader amante" de Gaspar Aguilar; "EI enemigo favorable", del canónigo Tárrega. "Tirant lo Blanch", que consideraba "el mejor libro del mundo". "La Carolea", de Jerónimo Sempere (Valencia,1560), "EI verdadero retrato de la batalla de Roncesvalles", de Francisco Garrido (Valencia, 1555). Hasta Montemayor vivía en Valencia cuando publicó su "Diana" en 1559.
Pues bien, todo este bagaje cultural ha pasado a Cataluña. Si tuvieras tiempo y ganas, podrías conocer un proceso expansionista del que somos víctimas los valencianos (levantinos, para la prensa madrileña, y catalanes irredentos, para la catalana que se edita en Valencia).
Te pondré un ejemplo significativo: en la revista "L'Avenç" (enero,1996), un catalán que fue ministro, Ernest Lluch, arrambla como producción catalana las ediciones efectuadas en territorio valenciano desde 1476, sean en latín, castellano o valenciano. Todas las obras citadas en El Quijote -donde autores como Timoneda o Martorell presumen de ser valencianos y escribir en idioma valenciano- pasan a ser patrimonio catalán. Y otro detalle chusco, Ernest Lluch hace y deshace títulos a su antojo, al llamar Principado de Cataluña a su territorio y -no sabemos por qué regla de tres- a nuestro Reino de Valencia lo denigra en un anodino país valenciano (p. 20).
Puede que percibieras el tufillo fascistoide cuando nos visitaste recientemente, y tu verbo escandalizó a Canal 9 hasta el punto de retirarte el micrófono. Quizá, cuando vuelvas, ya no seremos aquel Reino de Valencia donde Cervantes -con novio o sin él- encontró el Parnaso cultural y pudo oír la más dulce lengua de Europa. Nos habrán incorporado a Cataluña, terrorífico lugar donde, además de quemar a los "novios", fabricaban pólvora con sus cenizas.

Las Provincias 27 de Marzo de 1996

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