Irles y Julio de España

Por Ricardo García Moya

Con el paso de los siglos, del latín "ínsula" surgió un raci­mo de corrupciones en los rei­nos europeos: el antiguo "illes" del bable, el "peniscola" valen­ciano que mangó Nebrija, etc. Generalmente, los filólogos de cada territorio defendieron su monstruito léxico, salvo en el Reino de Valencia, donde se habilitó el tanatorio AVL para liquidar la lengua valenciana. Sus miembros prohiben, por mandato del Instituí d'Estudis Catalans, cultismos valen­cianos como "isla" (ínsula > i (n) s(u)la > isla), ocultando que es patrimonial: "en la isla dita Epidauri" (Canals: Trad. al valenciá del Valeri, h. 1395); "la Isleta no te atalladors" (Ord. Reals Costa R. Val. 1573); "acompanyat també de sos vasalls a la isla de Cerdenya" (B. Nac. Ms. 3746, h, 1590); "puga entrar... en la Albufera, isles limits" (Crida Real, 31 octubre 1671); "senyor de les Isles Terceres" (Bib. S. Morales. Real Pragmática, 1694); "aquelles tres isles" (Bib. Nac. Ms. 3947, Trobes de Febrer, h.1670); "unes isles desconegudes" (El Mole, 1837); "apleguí a una isla que aparegué" (Lladró: El titot, 1876); "isla, isleta, islot" (Escrig: Dicc. 1887); "defendre a la isla dels lladres yankees" (El Cullerot d'Alacant, maig 1898), "isla, islera, isleta, isleny islot" (Fullana: Voc.1921). Por algo, en las traducciones del catalán al valenciano, apa­recen hasta derivados: "aislat, sempre está desamparat" (aforismes traduits del catalá al valenciá, 1853, p. 18).
Hay otro derivado curioso, el sustantivo "irles", o "porció de terra rodejá d'aigua dolça". Es decir, "isles" serían las is­las marítimas; e "irles", las fluviales o lacustres. Todo apunta a que "irles" fue un mozarabismo como sangone­ra, Cullera o Morvedre; voces documentadas antes del 1238 por ser topónimos singulares. Las conquistas de Morvedre y Cullera, o incluso acceder al río Sangonera fueron gestas dignas de recordar; pero reco­rrer "irles" de un río, o comer­se un pato en una "irla" del mismo, ¿interesaba a la poste­ridad? Desde siempre y no por castellanismo -según Corominas-, tenemos "La Irla, en el riu Segura, en Guardamar"; y, en zona cercana al Júcar, le comentaron: "Li diuen Séquia de la Irla, perque tot alló son irles". La confusión entre al­veolares sonoras afectó al va­lenciano y, también, al caste­llano (chirla, del latín "scilla, squilla"); y, especialmente, en el sur: "Mi alma, mí arma; la falda, la farda; mardito, mal­dito; er chiquetete cabrón, etc," Hay más nexos que bro­tarían del mozarabismo; así, cuando Fernández de Ávila re­produce el habla del nativo andaluz en el XVIII, escribe "llucero, llengua, llance, etc. " (como perspicazmente recuer­da Leopoldo Penarroja).
Aparte de "les irles" tene­mos los Irles, dinastía valen­ciana cuyas características fueron la lealtad y bravura, Allí donde el rey de Valencia solicitara ayuda, como hizo Alfons el Magnanim, allí acu­dían con armas y caballos; y no sólo en el Reino, pues Jofre de Irles (nacido en Biar, "clau del Reyne de Valencia") com­batió a los turcos en Belgrado por el 1525. De aquellos aguerridos valencianos queda su espíritu en algún descendien­te, como Rafa Doménech Irles, que mandó a tomar por el saco la Filología en el último curso y -con un corpachón como el del gobernador de California o el de la alcaldesa de Valencia-, ejerce de escolta por el Goierri, igual que Jofre de Irles ha­cía con Luis II por tierras húngaras.
Cuando las fronteras del Reino de Valencia perdieron su función (al estar dentro el enemigo), acomodaron su vida a actividades pacíficas, sur­giendo figuras como Eduardo Irles, poeta de las Hogueras de Alicante y autor, "en llengua valenciana, del Romans del bon alicantí: En tartaneta de fira.,.". Los de la Gran Enci­clopedia Valenciana dicen que escribió en "lengua vernácu­la", por aquello de marear al lector; pero Irles sólo escribía en valenciano y español. Ésta era la lengua valenciana de Alicante en 1935: "¿Ahón anirás ara, bon alicantí? M'en aniré en els chiquets de la Casa de Beneficensia, y de allí ixiré algunes níts a pasechar els meus barrios, después que's queden dormits els chi­quillos. Y yo tornaré ans de que's desperten al atre matí" ("Hoy" de Alicante; 29 de ju­nio de 1935). En la misma pá­gina leemos: ''Otro viejo alicantí, Altamira, leía emocio­nado el romance de Irles junto a la falla". La denominación de falla era tan habitual como foguera hasta hace poco entre los valenciano-hablantes ali­cantinos; pero los llegados con la oleada de andaluces y manchegos en el siglo XX -enemi­gos de lo valenciano-, son ca­paces de empalar a los que de­nominen falla a una hoguera; aunque son corderitos ante el catalanismo, enarbolan las cuatro barras y han aprendi­do, p.e., a escribir Mutxamel en catalán; pero Irles, claro, era fiel al valenciano: "Festes de Muchamel: Mare de Deu del Loreto, / entre moros y cristians... ". El poeta vivió tiempos dramáticos que le ins­piraron composiciones lúgubres, como la llamada de la muerte: "Tac, tac. / ¿Quí es? / -Ningú hiá en la porta. / -Tanca; será el vent. / Tac ,tac / -¿Quí es?...". Versos que pira­teó el Premi de les lletres Ca­talanes y Nobel de la Merda Vicent Andrés Estellés,
En 1939, tras el triunfo de los fascistas de Joan Fuster, todos esperaban lo peor para Eduardo Irles, firmante del Apoyo a Rusia, homosexual y masón; pero su popularidad le hacía intocable. Colocado de archivero, tampoco era feliz por su aerofagia y flatulencia que, en el silencio del archivo, podía provocar alarma. Por lo demás, el sensible poeta escri­bía moralizantes artículos: "Los hombres lucen bonitos y honestos bañadores a grandes cintas blancas y azules" (Fo­guerea, junio 1950, p. 14); guardando discreta amistad con el modisto Tomás Valcárcel -alma de la Hogueras-, aunque los intolerantes, cuan­do salía de la barraca "Obri l´ull", le gritaban por la Expla­nada "¡Valcárcel, aubri l´ull... y tanca el cul" En sus últimos años, Eduardo siguió compo­niendo, pese al exceso de gases que emitía por delante y por detrás (En confiança y en va­lenciá, pareix que un amiga­cho taxidermiste, quan li portaven animalets pera disecar -un fardachet, per eixemple-, 1i guardava la carn a Eduart. A lo millor, açó seria l´orige dels flatos).
De Eduardo nos queda su obra, con léxico como "furtar, chiquet, ensomit, picher, ahon, alfábegues, cuallá..."; y poemas que son "irles" de va­lencianismo entre aguas tur­bias de los nuevos alicantinos llegados del País Vasco, Extre­madura o Argentina (els que diuen 'Levante' al Reyne de Valencia). ¡Vaya contraste! Mientras que los Irles de Alacant, Biar o Elig defendían su personalidad valenciana con puños y espadas (siglos antes de la creación de la provincia de Alicante), el deseo de los llegados en el siglo XX es ani­quilar cualquier raíz regional. Y més perill pera mosatros, pero molt més, tenen encara els Julio de España y Catalu­nya (yo he vist cóm li tremolava la pancha aplaudint al sub­vencionat espantabutonis Raimon).

Diario de Valencia 19 de octubre 2003

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