ISABEL CLARA SIMÓ Y ORIHUELA

Por Ricardo García Moya

La bella ciudad, antaño se­gunda capital del Reino, es hoy cámara de gas donde el catala­nismo contempla impertérrito el envenenamiento de la pobla­ción, única en Europa con un río de excrementos como co­lumna vertebral. Los miles de millones derrochados en catala­nismo darían para construir un cauce de oro con agua mineral, pero la inmersión es priorita­ria. Orihuela es urbe tranquila, cercada por puticlubs donde zapateros de Elche y políticos tiran de tarjeta oro y chapurre­an ruso. Arriba, el Seminario o factoría productora de onanis­tas, comunistas de extrema de­recha, gastrónomos y catalane­ros enloquecidos; abajo, con­ventos de monjitas y palacios mutilados que recuerdan la Orihuela del Reino, la de fieles ciudadanos que lucharon en la Germania y, en 1649, con el ejército valenciano que rechazó la invasión catalana de la fron­tera norte. Hoy, el fascismo inmersor espera que los gases del Segura exterminen la here­jía idiomática; como si los orio­lanos no tuvieran el derecho democrático a usar el idioma que deseen; otra cosa sería que voluntariamente, sin coaccio­nes, recuperaran su idioma. Pero ya sabemos, ¡ay!, que las autoridades prohiben el valen­ciano, desprecian el español e imponen el catalán.
Orihuela hablaba valenciano, no catalán. Cualquier docu­mento lo proclama, como las actas «del ofici de fusters de la lleal Ciutat de Oriola” del siglo XVII. Los carpinteros trataban sobre nombramientos de “cla­varis y vehedors en est dia de hui...”, de asuntos económicos, “contes de cinquanta lliures y dihuit dinés”; de gastos para “eixir en el Corpus”, del “pendó nou del Gloriós Sent Joseph”, de la prohibición a “Pere Oliver de fer guitarres, ni cossa tocant a violer”, etc. De igual modo, en el “llibre de obrers de vila “nos hablan sobre actos “dels dies de dumenge y festes” (AHO, Lli­bre de obrers de vila, 24 sep­tembre 1623), y en la lista de “descarrech” apuntan costes del “oli pera la llantia”, el “llo­guer de 4 antorches”, los “sis reals que gastá en el asta del Pendó chiquet” o si había “que pagar dites semanes desde el dumenche”. Con las variables morfológicas habituales, el léxi­co y sintaxis de Oriola era el mismo que en Valencia, y dis­tinto al catalán.
¿Tenían conciencia idiomáti­ca los oriolanos? Los catalane­ros dicen que no, pero ocultan y desprecian los testimonios contrarios a su dogma. El lector puede apuntar los datos si­guientes, ya que los académicos de Ascensión no suelen incluir­los en los libros de texto que au­toriza Tarancón: “...en la cate­dral de Orihuela, capilla de Santa Ana, y baxo sus pies es­tos versos en lengua valencia­na” (Martínez Paterna, Fco.: Exequias por Geronymo Si­món. Orihuela, año 1612, f.50). Es decir, el mejor historiador de Orihuela testifica sobre el uso de la lengua valenciana en los actos religiosos y, probablemen­te, el propio Martínez pudo ser el autor de las composiciones, al ser presbítero y beneficiado de la citada catedral.
La intelectualidad eclesial no dudaba de la existencia del idio­ma valenciano, pero los obreros y artesanos ¿eran también conscientes? Siempre lo fueron, incluso en el siglo XVIII. En un documento que me ha propor­cionado el filólogo oriolano don Jesús García Molina (detalle que le agradezco sinceramen­te), se aborda el problema que planteaba para los escribanos en castellano la inserción de pá­rrafos de los antiguos libros de los gremios. En documento ofi­cial y papel sellado de 1735 lee­mos que los horneros deseaban transcribir “capítulos de nues­tro Oficio hechos en nuestra ciudad en su Antiguo Gobierno en Idioma Valenciano, y supli­can (que) en el expresado nuevo Libro se arreglen y traduzcan nuestros Capítulos del Idioma Valenciano en que se hallan a el Castellano” (Arch. Hist. Orihuela, Actas de los horneros, año 1735). El pueblo debió se­guir usándolo, pues transcurri­do medio siglo las autoridades advertían que “no permita el maestro que los niños y niñas hablen en el idioma valenciano sin que se les instruya en el cas­tellano” (Carta Orden de la Sala del Crimen a las autorida­des de Orihuela. AHO, año 1787).
Y ahora, ¡lagarto, lagarto!, abordamos el asunto del epígra­fe: la relación entre Orihuela y la alcoyana Isabel Clara Simó, premio “Andrómina” de narra­tiva en catalán 2001. Eliseu Cli­ment le ha entregado los cuatro millones de pelas (Climent, pro­letario millonario, no sabe qué hacer con los millones que le entregan nuestros políticos) y, sinceramente, creo que Isabel se merece mucho más por su pastoral diaria en el Avui y las encíclicas en “El Temps” del citado Climent. Son escritos que, prueban la miseria moral a que llega un colaboracionista para ayudar al expansionismo; y es que Cataluña recompensa generosamente a sus peones. Respecto al nexo de Isabel con Ori­huela, lo habrán adivinado, es el hedor del Segura y la obsesión que padece la alcoyana por olfa­tear las partes pudendas de los seres humanos, especia1mente desde que se identifica con el tema de su novela "L´home que ensumava les dones”, y su protagonista, el “cony de una dona”, según declara la dionisiaca sesentona.
En el catalán de los que le pa­gan, claro, dice Isabel que el se­xo de la mujer “és el que més m’ha costat d’esbrinar” (E Temps, 5-XI-01, p.52). Por su afán investigador estuvo en pe­ligro de partirse en dos al “in­tentar olorar-me jo mateixa, pe­rò va ser impossible”. A la Coco Chanel de Alcoy no le bastaba la peste de pililas y parrusos aje­nos, por lo que intentó introdu­cir su nariz bajo el propio arco del triunfo; pero su anatomía de capicul se lo impidió y, supongo, acabaría metiendo la mano (per cert, reverent Batllori ¿li doná la ma a esta sinyora en el ultim Premit Octubre?) Acróbata y li­terata, Isabel merece un aplau­so por sus contorsiones físicas y conceptuales; en ambos casos se mueve por idénticas latitudes. Dicen que el rostro define a la persona y, quizá me equivoque, el de Isabel lo asocio a culo de mandril con gafas, aunque al­gún fisonomista cruel diría que se parece a Gloria Marcos.
No puedo, no puedo -que diría Chiquito- olvidar a Isabel Clara Simó cuando el orinal del Segu­ra me asfixia. A esta mujer sen­sible -catalana autodidacta que lucha por conocerse interior­mente, aun a costa de quedar baldada-, le recuerdo estos ver­sos del oriolano Miguel Hernán­dez: “Algún día estarás, me cago en C...,/ dentro del purgatorio de un retrete / enunciando la mier­da con tu aliento”. Quién le iba a decir a Miguel y sus cebollas la llegada al poder del fascismo catalanero y coprófilo, disfraza­do de progresismo. Y al lector, un aviso: si les da la mano madame Parrús, ¡lagarto, lagarto!, jabón eficaz.

Diario de Valencia 25 de Noviembre de 2001

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