LOS VALENCIANOS Y EL MAL DE ALMANSA

Por Ricardo García Moya

Nos hablan del Mal de Almansa, consecuencia de la derrota sufrida por regimientos ingleses, portugueses y holandeses -no valencianos-, el 25 de abril de 1707; pero pocos especifican qué personas sufrieron o gozaron de tal evento. Así que vamos a conocer dos casos reales, con nombres y apellidos.
Un beneficiado del Mal de Almansa fue el epicúreo y caprichoso Dalmau Copons, al que la derrota de Almansa supuso una gran alegría. En el Archivo Histórico Nacional se conservan escritos suyos reclamando al monarca la concesión de bienes procedentes de nuestros antepasados: "Señor: Dalmau Copons, canónigo de la catedral de Barcelona, en consideración de sus servicios, y en particular el abandonar su casa y en ella más de dos mil doblones de alhajas. Suplica la merced de 800 escudos al año de pensión sobre los bienes confiscados del Reyno de Valencia, para que con ellos pudiese mantenerse según su calidad y estado" (AHN. Cons. Leg. 6804).
Hay que advertir que los valencianos no habían sustraído al botifler Copons ni un real de veIlón, por lo que bien podría demandar bienes de los que se iban confiscando a los catalanes, pero no fue así. EI Reino de Valencia, después de sufrir ocupación de los ejércitos maulet y botifler extranjeros ambos, se convirtió en sustancioso botín para los vencedores.
Los escritos de Copons -hasta que logró que los escudos entraran en su faltriquera adquirían matices autoritarios: "Que se repita la orden al juez de las confiscaciones del Reyno de Valencia a efecto de que con toda brevedad la ponga en cumplimiento." EI monarca concedió lo que pedía, pero el nerviosismo del catalán iba en aumento e insistía en que: "Su majestad ordenó librarme ochocientos escudos de dicho Reyno de Valencia", por lo que imperativamente deseaba cobrar "sin dilación". La última carta va firmada por "Dalmao Copons, a 19 de septiembre de 1708".
Ahora conoceremos el caso opuesto. En carta a Felipe V, una de las víctimas expresaba su desamparo: "Martín Brotat, torcedor de seda de la ciudad de Valencia, dice que en virtud de la orden para embargar todas las haciendas y caudales que hubiese en el Reyno, pertenecientes a valencianos, se embargaron en la ciudad de Toledo trescientos y treinta y seis mil quinientos reales de vellón, pertenecientes al suplicante." Estas incautaciones son las que iban a engrosar el patrimonio de los Copons y compañía.
Las confiscaciones provocaban casos dramáticos. Martín Brotat, próspero comerciante antes de 1707, declaraba "que se halla con crecida familia y muchos acreedores que le molestan, sin tener más medios para su manutención que dichas cantidades". No le hicieron mucho caso, repartiéndose su hacienda entre unos y otros; sólo en Toledo "entraron en poder del tesorero de Rentas Reales 114.727 reales de vellón".
Curiosamente, los valencianos que sufrieron el saqueo de los maulets no recibieron tanto apoyo. Lo corrobora la viuda del Justicia de Alicante, que demandaba una caridad en estos términos: "Diego Picó se hallaba en el encargo de Justicia Mayor de Alicante al tiempo que los enemigos asaltaron aquella plaza. Executaron con él muchas hostilidades y vejaciones y de enfermedad que le sobrevino murió, y habiendo saqueado su casa sólo pudo escapar doña Tomasa Mora, mujer del susodicho, con el coche galera, mulos y algunas alhajas, retirándose a Monóvar. Allí le sorprendieron (robaron los maulets) coche, mulos y galera; huyendo a Hellín."
Los ingleses -núcleo del ejército maulet- se comportaron cruelmente con el Justicia de Alicante: "Fue llevado Diego Picó a los navíos ingleses, adonde habiéndole despojado de sus vestidos, y dejándole tan indecente, fue sentenciado a muerte." Parece que Picó sufrió algún ataque cerebral o depresión profunda, ya que en vista de su estado, "le devolvieron a la ciudad descalzo y con la misma indecencia" (AHN. Leg. 6804).
Hasta las monjas sufrieron acoso de los maulets. EI obispo de Orihuela, compadecido, escribía al rey: "Sor Francisca Antonia del Convento de la Sangre de la ciudad de Alicante, por la invasión de los enemigos le fue preciso pasarse al Convento de la Santa Faz, habiendo perdido en el saco la mayor parte de sus bienes. Dejaron la clausura muchas religiosas, entre ellas la priora. Fue preciso recurrir al amparo de su hermana, que estaba en Valencia." La monja era más modesta que Copons, ya que sólo "solicitó 50 doblones sobre bienes confiscados del Reyno de Valencia".
Hubo poblaciones leales a Felipe V a las que el Mal de Almansa no tenía que haber afectado. EI memorial que Xixona dirigió al rey destacaba sus actos heroicos: "Bajo el comando de Bruno Aracil, hijo de Xixona, capitán de caballos de la costa de este Reyno de Valencia, recuperaron AItea y otros lugares." Los fieles xixonencos querían vengar la escabechina de los maulets "en la Torre de las Mançanas, donde degollaron hasta los enfermos que estaban moribundos" (AHN. Leg. 6804).
La villa, como premio, pedía "Que haga única a Xixona en honras. Que sus hijos puedan traer armas de todos géneros por todos los Reynos de España." Estos inocentes vasallos no sospechaban que los planes de Felipe V eran sojuzgar y castellanizar a todo el pueblo valenciano, incluida Xixona. Por cierto, los turroneros solicitaban al rey que: "Exonere a Xixona de todo género de pechos (impuestos) que se impongan a las demás ciudades del Reyno de Valencia." Y, también -¡ojo al dato, alcoyanos, que tiene gracia!-, sugerían "que los créditos y deudas de los leales vasallo de Xixona los pague anualmente la villa de Alcoy".

Las Provincias 25 de Abril de 1995

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