Navidad, titot y espetec

Por Ricardo García Moya

Los combates alegóricos, aparte de alegrar al lector refle­jan oposición entre conceptos e instituciones: Carnaval y Cuaresma; Rat Penat y Ga­lápago dels Obrers; Mercadona y Caprabo; o, en lid navideña, el “titot valenciá” frente al “gall dindi català”. Esto pensaba en el super inaugurado en la playa de San Juan, lugar donde -según anunciaba la TV, se podía escoger de todo, o casi; pues el impreso de la tarjeta Caprabo no me ofrecía el idioma valen­ciano entre la oferta de catalán, euskera, alemán, castellano, francés, inglés, etc. Este ningu­neo al idioma valenciano sería explicable si Caprabo dependie­ra de Verónica Cantó o Alfred Ayza, artísticos puntilleros de la AVL. En fin, pregunté a la encargada sobre esta selección idiomática y, mirándome como a una garrapata, lo justificó “por ser Caprabo empresa cata­lana”. Tras el chasco, pienso el manjar que simboliza la Navidad catalana es el “espe­tec”, voz que los falsos dicciona­rios valencianos de Tabarca, Bromera, Gregal, etc. (ampara­dos por “Inmersionmán” Tarancón), hacen pasar como valenciana.
El “espetec” que devoran algunos seres humanos proce­de, léxicamente, del “pet” valenciano de Jaume March (Dicc. rims, any 1371); poeta que también utilizó por primera vez el infinitivo “petejar”. Posteriormente, humanistas como Esteve usaron el verbo frecuentemente, incluso en relación a postres navideños: “les castanyes son ventoses…petejarás” (Liber, 1472). El idio­ma valenciano influía en toda la Corona Valenciano-aragonesa, fertilizando el condado por la ruta a Lleida; de ahí que, en el XVIII, surgieran derivados catalanes del medieval “pet” de March: petaire, espetegaire, espetec, etc. Los filólogos barce­loneses del Romanticismo poe­tizaron la voz al asociarla al estallido del trueno o cohetería, aunque el meollo léxico (es-pet­ec), señalaba al padre de la cria­tura. En idioma valenciano tenemos “esclafit” como equi­valente al catalán “espetec”, documentándose en el Tirant por primera vez el infinitivo “esclafir” y el sustantivo “escla­fit”; sin connotaciones morfoló­gicas de inodoro. Hilando fino, mejor que “esclafit”, la traduc­ción más ajustada de “fuet espetec” al idioma valenciano sería “llonganiça petorra”.
En fiestas donde la sidra y el vino (el cava sienta muy mal) inundan estómagos, el idioma valenciano hizo polisémico al “pet” con la acepción de borra­chera, probablemente por el aroma que impregna al bebedor contumaz: “empinaben la bota…agarraben grans pets” (Coloqui de Miquelo, h. 1800), “la set t’apreta, mira no agarres un pet” (Cent. Venida Cristo del Salvador, 1850). Esta apor­tación semántica valenciana tuvo éxito y fue adoptada por castellanos y catalanes; por algo la literatura coprológica tiene piezas sublimes en nuestra len­gua: “Tratat del pet”, obra com­pleta de Joan Fuster, “Coloqui de la merda”, etc. También choca que el clero sea el que más ha cultivado el género, incluso con patentes de marca como “el pet de flare” que reco­gía Corominas en el Maestrat.
Por cierto, dados sus ingre­dientes, no sería raro que el espetec “espetegaira”(¿) si le aplicamos fuego: lactosa, espe­cias, dextrosa, antioxidante, nitrato potásico, ascorbato sódi­co, potenciador E-621, etc.
Lavadas las manos (tras rozar el “espetec”), pasamos al pavo que, en idioma valenciano, adoptó nombre distinto al de las lenguas vecinas. Lo de “guajalo­te” mexicano era extravagante; y lo de pavo o gallo de Indias, anfibológico; por tanto, los valencianos recurrieron a la fértil onomatopeya y lo bautiza­ron “tito”. Traído de América por el 1550, basta el XVIII no se popularizó su consumo y, en el XIX, era el plato fuerte navide­ño en todo el Reino de Valencia; incluso fue título de una obra de enredo (Lladró: El titot de Nadal, Valencia 1876), siendo frecuente su aparición en saine­tes: “está més ert que un tito” (Ovara: Per tres pesetes, 1881); “titot” (Vercher: En la velà d’un albat, 1867); “trenca el perol y mata el titot” (Bernat: El virgo de Visanteta, 1845); “titot” (Liern: La paella, 1862). El sus­tantivo fue recogido por Eecrig: “tito, titot” (Dicc. 1887), y dio nombre al semanari “El Titot, 1841”.
La vitalidad del idioma en el Romanticismo permitió crear neologismos y valencianizar expresiones foráneas, actividad posible al no existir el tapón del “Inmersionmán”. En un romance valenciano de la Biblioteca Serrano Morales, impreso hacia 1850, leemos: “Nadal, esplicació (sic) de tot lo que pasa en estes festes”. Aparte del neutro “lo”, terror de Alfred Ayza y la Cantó, el autor explica que: “Nadal se va acostant, / y la Nit Bona ha de vindre...”; a pie de página aclara que la Nochebuena, “parlant en valencià, es Nit Bona”. Nuestros antepasados se sentían poseedores de un idioma propio, y no se destroza­ban lengua y estómago con “fuet”, “espetec” y cava. El catalán “fuet” (látigo, en caste­llano) es corrupción del diminu­tivo francés “fouet”, y equivale al valenciano de étimo árabe “açot”, o “cinglaor”.
La longaniza cruda o “aspe­tec”, para secarse, se colgaba de un ”fuet” hecho de “penis de brau” (en valencià: pene, par­dal, piu de bou, etc.). Tota esta bonyigueria lléxica catalana es amorosament arreplegá en els diccionaris catalans autorizats per “Inmersionmán”; pero no se dejen engañar, pues el cata­lán “cop de fuet” equivaldría al valenciano “colp d’açot”; y, el verbo “fuetejar”, al clásico valenciano “açotar”. Una frase valenciana escrita en el Renacimiento reúne los tres sustantivos: “lo esclafit del colp dels açots” (Thesaurus, Valen­cia, 1575); frase que los parási­tos catalaneros corrompen en “l’espetec del cop dels fuets”. El poeta Vicent Esquerdo, creden­cier de la General del Reyne, versificaba en pleno Barroco con el verbo aludido: “Apenes açotaba / del vent mudable...” (Cançó proemial. Recopilació de furs, 1625)
Y si montan el belén, no crean que la figurita del pastor haciendo sus necesidades es un invento catalán, ya que es un recurso irónico tradicional en la iconografía europea. La apari­ción del defecador tras un matorral aparece en óleos manieristas, grabados ingleses, belenes napolitanos, etc., lla­mándose “cagané(r)” en cata­lán; y “cagó”, en idioma valenciano. Como los furtaparaules arramblan con todo, aunque sean vocablos coprológicos, recordamos al IEC que “cagar” y “cagalló” también son docu­mentados por primera vez en el idioma valenciano de Jaume March, en 1371. Y acabo estas líneas pidiendo disculpas por si he herido sensibilidades, así que olvídense de todo lo refe­rente al “fuet”, Fuster, Verónica Cantó, “pet”, Alfred Ayza, “cagalló”, “Tarancón”, “pardal”, Caprabo, etc. Sean felices en Navidad, y aléjense del cava catalanero y el “espe­tec”.

Diario de Valencia 22 de diciembre de 2002

INDICE

http://rgm.idiomavalencia.com