Rosas para don Vicente

Por Ricardo García Moya

Tus enemigos culturales no te conocían. Tolerante y abierto al diálogo, me hiciste modificar el título de "Señeras valencianas y pendones catalanes" por el de "Tratado de la Real Señera". Lo considerabas ofensivo para los que, poco después de tu muerte, te insultarían desde los centros de enseñanza. A ti, Vicente Gonzélez Lizondo, dedico estas líneas sobre Rosas valencianas; el mejor homenaje que puerlo ofrecerte es defender tu ideario.
Amigo Vicente, los intelectuales del Barroco eran unos traviesos morfológicos; Lope de Vega Carpio se transformaba trastocando letras en el griego Gabriel Padecopeo. Medio siglo antes, por la Universidad de la Virgen de la Sapiencia deambulaba el humanista Ioannes Siliceus, latinización de un Juan Pedernales que podría haber comprado romances al librero Diamonte, anagrama de nuestro Timoneda. El juego de reordenar letras de nombres y apellidos también gustó a Narcisa Torres, la cual se convertía en Rosa Trincares, enigmática poetisa integrada en el círculo del notario Ros, el catedrático Ródenas y el ilicitano Esclapes. En el "Elogi dels tres llibrets" confiesa que "parle per mi mateixa, puix apenes acertava a escriure una paraula, sent valenciana". Rosa aprendió a escribir en idioma valenciano gracias a Carlos Ros: "Amostres a be escriure les llengues castellana y valenciana". Sus versos, Vicente, correspondían a una mujer de carácter fuerte, defensora del Reino y del joven Ros, al que ensalza sin recato: "Com a Phenix, resucites la llengua valenciana". Lo que Rosa no sospechaba es que en uno de sus escritos se documentaría la voz "peluques" por primera vez en idioma valenciano: "Lo peller vol ficarse en fer peluques"; y tam- poco podría entender que, en 1998, este vocablo sería prohibido a los valencianos por orden del Institut d'Estudis Catalans. Pero era dueña de su idioma en 1734, de ahí que insertara el sustantivo valenciano "sombrerer" -también prohibido- en otro de sus versos: "Parla de agricultura el sombrerer".
En el cuarteto satiriza sobre el "peixcador quen jamés aurá eixit de bora cequia" y presume de intrépido "argonauta". Rosa recurre al mito helénico de los héroes que navegaron por mares embravecidos, contrastándolo con la placidez del fantasioso pescador de tencas y anguilas en acequias oriolanas o albuferencas. ¡Pobre Rosa si viviera en 1998! Los comisarios le impedi- rían escribir "peixcador", y si quisiera acceder a una plaza en Canal 9, Generalidad o Enseñanza tendría que usar el castellano y catalán "pescador". Recuerdo, Vicente, cuando decías "eixe es un artiste", con la terminación iste, matiz diferencial que Rosa también conocía en 1734, "lo juriste" (v. 102). La poetisa no dudaba en utilizar los recursos morfosintácticos de la lengua valenciana: el adverbio apenes,el pronombre yo, la conjunción mentres, la y griega, plurales como homens; el odiado lo, "en lo que he dit" (v. 122); el subjuntivo sapia, el demostrativo esta, "per esta causa" (v.107).
Aquí, Vicente, todo sigue igual. La academia de catalán Canal 9 sigue con sus perruquer, amb y esport; incluso un día dijeron "almas" por "ánimes" (tenemos "ánimes", "almas" y "alnes", unidad de medida, pero no "almes"). ¿Recuerdas al catalán que vino para hablar sobre la Real Señera en un congreso de vexilología? Afirmaba que sólo tenía dos palmos de tejido azul, y cuando le pregunté por qué no citaba los "sis alnes blaus" se quedó blanco. ¡Desconocía que, en lengua valenciana, alnes era una unidad de medida cercana al metro! Y venía de Barcelona a dar lecciones. Esto confirma, Vicente, la utilidad de aquel diccionario trilingüe que, en 1575, explicaba a los catalanes el significado de alna: "De la punta del dit gros a la punta del dit chic, estesa la ma, en Valencia, 4 fan alna; en Barcelona, 8 fan cana" (Pou,1575). Y era común en todo el Reino (en Sta. María de Castelló, Jaume Giner anotaba el 1 de febrero de 1610 "les nou alnes" de tejido para cubrir el sagrario).
A ti, Vicente, te hacían gracia esos catalanes que venían a culturizarnos y hablaban ex cáthedra sobre la Real Señera (haciendo el ridículo) la paella o de cómo atarse los saragüells. A ti no te engatusaban los sacamuelas de la inmersión, aunque fueran y son reverenciados por los progresistas (?) catalaneros que parasitan la Universidad de la Virgen de la Sapiencia. En tiempos de Rosa Trincares no padecieron esta lacra, pues la Universidad contaba con personajes como el catedrático de Retórica Fray Raymundo Joseph Rebollida, capaz de componer poesías "en seis lenguas, como era la Valenciana, la Española, la Portuguesa, la Latina, la Italiana y la Francesa"; y así lo hizo en las fiestas de la Quinta Centuria en el 1738.
No nos vencerán, Vicente, mientras existan Rosas como la de 1734. ¿Cómo vamos a ser derrotados si tenemos en nuestras líneas, actualmente, a mujeres como cierta poetisa que escribe bajo el seudónimo de Rosa Valenciana? Crea composiciones sencillas en idioma valenciano y contra la inmersión; ella misma las edita y ella misma las distribuye. ¿Sabes cómo? En el tren que utiliza, donde viajan estudiantes, deja sobre los asientos ejemplares de su obra. Esas son, querido Vicente González Lizondo, las Rosas valencianas que colorean la geografía y la cultura del Reino que tanto amaste.

Las Provincias 21 de Junio de 1998

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