Semántica "petonera" para el 23 de abril

Por Ricardo García Moya

Dado que el culto Tercio de Cataluña formado por rectores de las universidades valencianas actuará junto al grupo Els Pets en los actos del 23 de abril, me uno a la fiesta con estas líneas. El Institut d´Estudis Catalans, velando por la moral de los valencianos, ha prohibido la voz clásica "cult" (culto), por su parcial homofonía con otra "indecorosa"; en su lugar, el Tercio de Cataluña ha introducido la catalana "culte"; no obstante, en los textos de la ESO -revisados, dicen- hay vocablos que suenan mal, y no los suprimen. Así, en "A debat" (3. ESO, Editorial Marfil de Alcoy) divulgan entre los alumnos esta jerga: "jo i amb la meva, mica quelcom, afavoreixen altres, esporuguiment, xerrada, assaig, amb, missatge, onsevol, isc, petó", etc.
Son palabras raras, especialmente esa de "petó" (beso, en catalán). No la recogen los diccionarios valencianos de Esteve (1489), Pou (1575), Ros (1764), Escrig (1851), Fullana (1921) y LAS PROVINCIAS (1997), porque en idioma valenciano no existe tal engendro; aunque los pedagogos de De. Marfil instan a los alumnos a que analicen lingüísticamente y con detalle ciertos anuncios de la prensa catalana sobre "petons amb sexi i petons amb taca" (A debat", p. 39). De igual modo, también el falso diccionario valenciano de la Generalidad del PPSOEUV (Bromera, 1995) ha incluido la voz catalana y sus derivadas "petonejar" y "petoner".
El asco a la palabra "cult" y el amor al onomatopéyico "petó" son producto de la ñoña burguesía catalana de la época del cuplé. Los tentadores traseros con polisones eran aldabonazos lujuriosos, y los glúteos sólo se permitían en óleos de Rubens, mármoles de Praxiteles o, mejor aún, si estaban disecados como el del Negre de Banyolas. Las sonrosadas catenarias indignaban, no sus connotaciones metafóricas, pues Alcover recoge que "petó es derivado afectuoso de pet". Ahora, los niños ya no dirán "cult" en lengua valenciana, y sí ese barbarismo que gozó del favor de la burguesía barcelonesa, hasta el punto de que en 1904 compuso el maestro Joseph Guarro "La capseta dels petons", zarzuela donde encontramos "petons" de todo tipo: "petó sens malicia" (p. 10), "petonet d´amistat" (p. 19), etc. El "petó" catalán fue un desastre léxico, coetáneo del militar del 98 y el marítimo del Titanic.
En el Reino nos valíamos del clásico verbo "besar", común a todos los romances hispánicos, poético y sin connotaciones desagradables como el barceloní "petonejar" (besuquear), ofertado por los catalaneros como cultismo. Con este vocablo -que jamás atravesó la frontera del Cenia- los inmersores y sus amigos del Institut d´Estudis Catalans se acercan a los galicismos dialectales "putú" (beso), y "putuná" (besar). Pero no se alejan de los idiomas peninsulares, ya que los descendientes del incómodo latín "pedere" están esparcidos desde Gibraltar a la Torre de Hércules. Así, el gallego "petar" equivale a llamar; y por tierras andaluzas se baila y canta la "petenera", popular aire relacionado con La Petenera, una folclórica nacida en Paterna de Cádiz. Pero los etimólogos del condado también reclaman el origen, argumentando que los "tacatá, tacatá, tacatá del taconeo, y los plas, plas, plas de las palmas, habrían sido calificados -según recoge el Dr. Corominas (DCEC)- como cante "petaner o pedorrero" por los catalanes. Hasta el jondo nació en las Ramblas.
Los valencianos no degradaron el romántico bes (del latín "basium") con metáforas alusivas al latino "pedere". En los textos forales alterna el castellano petardo (hijo del francés "petard", y nieto del "pedere" latino), con la voz autóctona "coet", documentada en el diccionario valenciano de Esteve (año 1489), y común en las crónicas festivas: "los coets voladors" (Fiestas del Carmen, 1622, p. 217); aunque también usaban trueno: "ensés puchá lo tro" (Cielos de fiesta, 1692, p. 80). Según sugería Corominas, "cohet es de origen valenciano mozárabe" (DCEC); vocablo que daría el "coetaire" catalán y el castellano cohetero.
El tótum revolútum de petons, peteneras y coetaires montado por la inmersión conduce a que no sepamos qué léxico es valenciano, castellano o catalán; incluso podemos confundir a Petrofí - poeta nacional húngaro (1849)- con un político catalán; y a Petain, con un filólogo del IEC. Los matices semánticos generados al catalanizar la lengua valenciana son engorrosos, por ejemplo: si a una poética expresión tomada textualmente del diccionario Alcover, le añadimos nombre y apellido de una diputada que defiende la catalanización quedaría así: "Na Gloria Marcos va tirar un petó", que significa exactamente que lanzó un beso al aire. A doña Gloria le encantará, por ser esperanto del IEC, pero no sé, queda raro. Yo mismo no tengo claro si el refrán valenciano del XVIII, "Ni afaytarme en barber modorro, ni dormir en home petorro" (Ros: Adages, 1736, p. 77) aludía a un besuqueador pegajoso, a un "desafinado cantaor" de peteneras o a otra cosa.
La lengua valenciana utilizó voces derivadas del latín "pedere", especialmente en "coloquis", sainetes y "llibrets de falles"; también en voces alusivas a la pirotecnia y artillería, pero no admitió la catalana "petó". Lo más parecido a esta corrupción aparece en unas décimas del valenciano Pare Mulet, escritas hacia 1660; pero quizá no se refería a "resonando cada besote" cuando escribió "resonant cada petot" (Tratat, De. Aitana, p. 83). Tendría que preguntar estas dudas semánticas al ejército de parásitos catalaneros, familiares, víctimas y despistados que -con el "Els Pets" a la cabeza- , humillarán al Reino de Valencia y su historia el 23 de abril.

Las Provincias 6 de abril de 1998

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