UN VALENCIANO DE CATI EN LA BARCELONA DE 1600

Por Ricardo García Moya

Con harta frecuencia, los medios del régimen entrevistan a personas que viven en la antigua raya del Reino con el Condado. La finalidad es la de siempre, zascandilear con el tema del idioma para confundirnos a los valencianos. La muralla china informativa impide huir de la propaganda filocatalana, sea el sonsonete de la Otero, o la serie Benifotrem, en la que retoman la fórmula de burlarse del pueblo -tratado como cateto por hablar valenciano auténtico-, en contraste con los héroes de la comedieta que son cultos y pronuncian excrecencias barceloninas.
Mientras tanto, los 40.000 inmersionistas de Villalonga con la faz dura, diamantina, insisten con el rollo esenio de que nunca ha existido secesión lingüística entre valenciano y catalán. ¿Cuándo aparecerán libros de texto que digan la verdad? ¿Cuándo se hará la historia del idioma, dando la importancia debida a los siglos XVII y XVIII? Inocentemente, hemos caído en la trampa de tomar como modelo el siglo XV, despreciando la singularidad lingüística incrementada hasta el siglo XIX. Pero siempre hubo valencianos conscientes de la independencia idiomática.
Tenemos, por ejemplo, el testimonio de Fray Blas Verdú hace 400 años, ajeno por tanto a la tomatina idiomática actual. Era "natural de Cati, Reyno de Valencia", lugar cercano a San Rafael del Río, población fronteriza con Cataluña. Precisamente el alcalde de esta localidad -político nacido en Tortosa y militante de UV- fue entrevistado recientemente por el régimen. Como catalán José Antonio Cervera nada entre dos aguas al declarar que, "en Valencia disfrazo mi forma de hablar para que no me tomen por catalán, sería menos escuchado".
Actitud idéntica a la que yo adopto en verano cuando visito ciertos recovecos controlados por el Omnium Cultural en Barcelona. Para que no me tomen por valenciano blavero; y me traten despectivamente (como ya me sucedió), olvido el valenciano que tanto irrita a los integristas. Evidentemente -a pesar de los miles de millones tirados en la inmersión- todavía no han conseguido unificarlos. La secesión entre lenguas romances comenzó en el medievo, no en el siglo XX.
Respecto a Fray Blas Verdú, en su "Libro de las aguas del Avellá" publicado en Barcelona el año 1607, se muestra orgulloso de su valencianía: "Dicen que la patria es buena para nacer y morir, pero no para vivir; yo digo que para saberla estimar, es bueno ser algún tiempo peregrino". Seguidamente, después de sugerir que no se halla satisfecho en territorio extraño (Cataluña), habla de su patria y lanza esta indirecta a los catalanes: "ésta es la condición de los valencianos, tienen al extraño como natural. Líbreme Dios de las naciones que al extranjero, todos como lobos, se le comen".
EI libro pregona las excelencias de las aguas del Ávellá, de ahí que en las 200 páginas incluya curaciones de valencianos fronterizos: Leonor Sans, de Catí; Tomás-Cerdá, de Morella y otros de Canet, Culla, la Cenia, San Mateu, etc. Todos ellos -incluido el autor- habitaban zonas que ahora, con la inmersión, dudan sobre su gentilicio. Desde Barcelona, Blas Verdú lo tenía muy claro al referirse a los citados de este modo: "Los valencianos huelgan (gozan) mucho de milagros. No piden los valencianos milagros para creer, sino porque creen" (p. 175). Obviando la taumaturgia, el texto deja claro que no existía sombra sobre la valencianía de los que vivían en la frontera con Cataluña.
EI fraile también aborda el tema de la lengua al tratar sobre la grandeza de Tortosa -a cuyo obispo dedicó la obra- destacando que la hablada en ella no tiene "la ternura del lenguaje valenciano y la aspereza del catalán" (p.199). Blas Verdú concede igual tratamiento -sin prioridades- al valenciano y al catalán. En 1607 no existía una enseñanza de la lengua valenciana; en consecuencia, las isoglosas lingüísticas eran flexibles en la frontera, provocando el trasiego social y comercial abundantes filtraciones léxicas y morfosintácticas de un idioma a otro; exactamente igual que sucedía en la franja sur o raya con el reino de Murcia.
Podríamos elaborar una relación de cien citas de autores distintos, fechadas en cada una de los años del siglo XVII, con la constancia del uso de la lengua valenciana; y no me refiero a las refritas y valiosas frases de Escolano o Morlá. Por ejemplo, el anodino Domingo Salcedo, en 1614, publicó un enorme libro de 400 páginas en él incluye textos "en llengua valenciana: Turia dichos, digues qui sera com tu, ya convertixes les aygues en nacar..." (Salzedo, D.: Breve relación. Valencia 1614, p. 193).
EI uso del idioma valenciano fue totalmente habitual. En 1692, con motivo de la fiesta por la canonización de San Pasqual Baylón, el cronista dice: "los siguientes pregones que pongo, como es costumbre, en la misma lengua valenciana" (Jesús, J.: Cielos de fiesta, Valencia, 1692, p.61 ) Aquí no divagaban sobre "nostre idioma", "llengua comú" y demás trampas eufemísticas de los inmersionistas a sueldo. Lo decían con orgullo y bien claro: Lengua Valenciana, con mayúsculas. Qué natural era eI sentimiento valencianista de Blas Verdú, a pesar de vivir en Cataluña y editar allí su libro en 1607. Qué contraste con los valencianos que limosnean actualmente la procesión personal (sean cantantes; políticos, escritores o diseñadores) en Barcelona.

Las Provincias 17 de Noviembre de 1995

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