"Xuflas de Alboraya" y "cloïses amb patates" de Gandía

Por Ricardo García Moya

La historia que sigue es un homenaje a los ayuntamientos -como los de Alboraya y Gandía- que, con gran sacrificio (del contribuyente), extienden por nuestro neolítico Reino la culta lengua del principado sin príncipe.
Hace poco, en la biblioteca de la Universidad Central de Barcelona (allí donde está cercado el doctor Blecua, catedrático de lengua española) consulté el "Diccionari de barbarismes" (Barcelona , 1987) más utilizado por los estudiantes catalanes. Su autora, Isabel Gimeno, siguiendo al IEC catalogaba como bárbaras a muchas palabras originarias del sur del Cenia, como el sustantivo chufa. Y tenía razón, ya que el diminuto tubérculo "cyperus" se escribe y pronuncia chufa en otra lengua: la valenciana.
Los dos idiomas han hecho corte de mangas a la etimología y al nombre que la taxonomía botánica endosó al vegetal. Por el barcelonés Pla de la Boquería podemos saborear horchata de xuflas ofrecida por xuflaires; pero nadie pedirá al camarero una horchata de "cyperus esculentus".
En otro "Vocabulari de barbarismes" (el de Aureli Cortiella, prologado por el Institut d'Estudis Catalans) repiten que las formas correctas son xufla y xuflaire. Pero, pensándolo bien ¿quién es el Institut d'Estudis Catalans para enjuiciar el léxico nacido en Alboraya y tildarlo de bárbaro? Lo chocante es que carecen de argumentos lingüísticos para prohibir las voces chufa, chufes y chufers. Además, la herencia idiomática y la documentación existente suman más autoridad que la del politiza- do IEC y las universidades de Eliseu Climent.
Examinemos, por ejemplo, el testimonio de tres notables gramáticos anteriores a la lucha idiomática: el castellano Sebastián de Covarrubias, nacido en Toledo el año 1539; el catalán Onofre Pou, nacido en Gerona hacia el 1550; y el valenciano de Oliva don Gregorio Mayans y Siscar, nacido en 1699.
Covarrubias, en 1611, defendía en su "Tesoro de la lengua española" que "chufa" era palabra valenciana. En el siglo anterior, era 1575, el catalán Onofre Pou incluía el plural "chufes", con CH, en su Thesaurus Puerilis. EI gerundense -alumno de la Universidad de la Virgen de la Sapiencia de Valencia- fue doctor en artes y catedrático de filosofía en la Universidad de Perpiñán. Su obra la reeditaron en Barcelona, Perpiñán y Valencia, incluyendo siempre el nombre de aquel tubérculo que en la Universidad de Valencia (donde estaba Palmireno) denominaban "chufes". De igual modo, el mayor erudito del siglo XVIII, Mayans y Siscar, recordaba que "chufa" era un valencianismo incorporado al castellano (Orig. de la L. Esp.). Hasta Corominas -cosa rara- sugiere que "chufes" es una evolución del latín "cyperus" a través del mozárabe.
Respecto al símbolo de Alboraya, la "horchata de chufes", tampoco parece barbarismo escribir "horchata" con H. Así lo consideraba el P. Fullana, conocedor de su lejano étimo latino "hordeata", con H. Respecto a la CH de horchata, todavía merece mayor respeto al ser herencia del "mozárabe valenciano", según apunta el etimólogo catalán Corominas.
No sabemos el tiempo que tardará el Consistorio de Alboraya en sustituir chufes por xuflas. De momento -en barcelonés- convoca jornadas deportivas para el 29 de noviembre: "espor amb altres joves d'Alboraia". No como escribimos los bárbaros y Fullana: "depor en atres jovens d'Alboraya". Está claro que el "cyperus esculentus" no tiene otra de- nominación en idioma valenciano que chufa, con plural "chufes". Y los que cultivan el tubérculo entre los baladres del Carraixet que pintó Sorolla no son payeses "xuflaires", sino "llauraors chufers".
Otro adalid de la inmersión es el Ayuntamiento de la chipiritifláutica Pepa Frau, siempre dispuesta a financiar mogollones cuatribarreros a costa del contribuyente. Valga de ejemplo el libro sobre cocina gandiense (?) en que -para agradar a la rumbosa alcaldesa- hablan de País Valencià y Corona Catalana con prosa de perlas sardaneras: "mongetes petites, escalivada, sota, amb, mica, patates, avui, brou i ceba petita amb cloïses" (Els fideus. Amb ajuda de I'Ajuntament de Gandia, 1995).
EI libro financiado por Pepa Frau (perdón, por los paganos de Gandía) en catalán puro -nada de bárbaros valencianismos- hace propaganda de la cocina catalana y del restaurante "Parellada de la gandiense calle Argenteria de Barcelona; del "Can Roca" de la gandiense Girona, y del situado en el gandiense Paseo Marítimo de Eivissa. Mientras aquí tiramos piedras y pedreños sobre nuestro patrimonio, otras regiones como la asturiana defienden con uñas y dientes su mínima personalidad lingüística editando obras como el "Diccionariu Asturianu-Castellanu" (Oviedo, 1996).
Por si teníamos poco con la chipiritifláutica, ahora nos atacan ciegamente desde Madrid. La ONCE ha inundado los centros de enseñanza valencianos con la convocatoria del Concurso Escolar ONCE 1997 en "Catalá, Euscara, Galego y Castellano". De ahí que se dirijan a los niños valencianos diciéndoles que "els sigui més còmode, trucant avui al Concurs. Comptem amb la seva participació".

Las Provincias 20 de Noviembre de 1996

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