Gayates, delit y deport

Ricardo García Moya

El títul está en valenciá, encara que el virus SALT de Tarancó mos el traduix al catalá “gaiates, delicte i esport”. A los menores de 30 años les parecerá exótica esta morfología valenciana, tanto como la universitaria Virgen de la Sapiencia. Poco a poco los políticos del cobra y calla nos destruyen; erosionándo­nos con máxima eficacia en fiestas como les Gayates, donde carteristas y catalane­ros aprovechan el jolgorio para actuar. En tiempo de “gayates, delit y deport”, Castellón proclamará lealtad al Institut d’Estudis Catalans usando la corrupción “gaia­ta”; despreciando la morfolo­gía nacida en el mozarabismo valenciano y usada por clási­cos y modernos: “aquella mateixa gayata” (Roiç de Corella: Obres 1490); “y ga­yato proveixch” (Timoneda: Misteri de la Iglesia, 1569); “gayato” (Pou: Thesaurus, 1575); “espardenyes, gayato, fona” (Blay: Sermó, 1666); “atre li prenia la gayata” (Galiana: Rondalla, 1768); “en el gayato” (Merelo: Tot ho apanyen els dinés, 1866); “gayat, gayata, gayato, gaya­tá” (Escrig: Dicc. 1887); “por­te hui el gayato” (Portolés: Nelet d’Alboraya, 1893); “en una gayata” (Guinot: Capolls, 1899); “gayata” (Gadea: Voc. 1909); “gayata” (Fullana: Voc. 1921); “gaya­ta” (DRACV, 1997) La AVL dirá que no importa una semiconsonante más o menos, y si es así, ¿por qué la altera?

Respecto a “delit”, en idio­ma valenciano, sufrió un cambio semántico, no morfo­lógico. El “delit” medieval equivalía a placer y delito, dualidad que fue diluyéndose hasta adquirir el significado de acción contra la ley. En el XVII, el carmelita Eliseo Ar­mengol habla del que, sin ha­ber cometido delitos, es ahor­cado: “com aquell que está penjat sens delits” (Rodrí­guez: Sacro Novenario, Va­lencia, 1669). La palabra se consolidó: “es riurien si no es confirma el delit” (Balader: El pare alcalde, 1871); “es més delit” (Lladró: El titot, 1876) Hoy, cualquier valenciano normal llama “delit” al acto delictivo, pero el IEC impone el arcaísmo “delicte”. Puestos a clonar dinosaurios podían autorizar “fortuna”, con la acepción de tormenta que tenía en el XV; o, mejor, el relativo “cuala” de raigam­bre clásica: “pren la vianda, quala mes vulles” (Roig:, Espill, 1460); “quala” (Mar­torell: Tirant, 1490); “Sí, a cuala?” (Millás: Els micro­bios, 1884). Corominas re­cuerda que “el femenino cua­la es muy frecuente en auto­res valencianos del XV” (DCECH). Y en Busot, pues una alumna mía, hablando en valenciano, lo usa habitual­mente. (¿No ha elevado el IEC a exquisitez sintáctica la vulgaridad de anteponer artí­culo a nombre propio?: “la Rita, la Cipriana...”).

Los comisarios imponen acepciones inventadas por el franquismo catalán en 1940, como el “trobada” equivalen­te a reunión (“feo anglicismo, calco grosero de una lengua extranjera, “to meet”, Co­nominas dixit); e implantan barbarismos como “esport”; alegando que “deport” sólo expresa diversión; pero mienten. Hasta la llegada del fascismo catalanero, los valencianos llamábamos “deport” al fútbol, natación, caza..., siendo recreo y diversión par­ticipar o ver estas activida­des. La voz “deport”, po­lisémica, sufrió una trasla­ción semántica habitual en todos los idiomas, incluido el valenciano. Así, poniendo el ejemplo de otro vocablo, en el cielo de Valencia volaban en 1800 aviones con alas y cola. Se trataba de los vencejos o “avions” (Escrig, 1887); y, en el XX, también volaban “avions” con alas y cola, pero el motor no contenía sangre, sino queroseno. La voz, al actualizarse con otro signifi­cado, se hizo polisémica; como “deport”.

El “deport” medieval podía aludir a los ejercicios milita­res y el goce de observarlos: tiro con ballesta, caza, pelota, esquivar cañas o lanzas, etc. Todos saludables, salvo para el que le asaetaban una oreja por error o, en deportes vena­torios, le devoraba un oso. En 1395, Antoni Canals habla del “deport del poble en lo dit joch”, aludiendo a la lucha con puñales y, en el mismo folio, trata sobre la regula­ción en tiempo de paz de “los jochs e fets d’armes”. Un siglo después, el setabense Loys de Alcanyis aconseja hacer ejercicios militares, “joch de canyes, pilota...”; prácticas saludables para “conservació de la vida hu­mana” (Regiment, 1490). La polisemia del vocablo era evi­dente: “son homens de deport e de plaer” (Tirant, 1490); “deports per negres orts” (Roig: Espill, 1460); “deixem lo deport” (Procés de les oli­ves, 1497); “deport: deporte” (Escrig: Dicc.1887); “deport: deporte” (Fullana: Voc.1921); “deport, deportiste” (DRACV, 1997).

Los valencianos mantenían su estado físico con el goce del “deport”, especialmente la caza. En 1778, el erudito Francisco Cerdá recordaba la “Obra feta sobre un deport de l’Albufera” (Notas al Canto del Turia. Madrid, 1778). Nacido en Castalla, Cerdá hablaba valenciano, pero no sus colegas de las academias de la Historia y de San Fernando, como tampoco Carlos III, del que era Biblio­tecario Real; así que, después del título, Cerdá aclaraba a los madrileños qué “deport” era el practicado en la Albu­fera: “es un lago a legua y media de Valencia, delicioso para la caza”. A continuación daba el nombre del autor: “per Mossen Fenollar e per lo magnifich Joanot Escrivá, cavaller”. El “deport” era placer y ejercicio para mante­ner el cuerpo apto para los combates que, en el XV, los valencianos tuvieron con africanos, ponentinos caste­llanos, levantinos catalanes, italianos, franceses, etc.

El estigma de “deport” fue su parecido al deporte del “castellá, llengua dels mor­tals enemics de la nació cata­lana, viragos i homes incivils” (DECLLC); por lo que el protofascismo catalán adoptó el anglicismo “esport” en tiempos del mojama de Banyolas, hacia el 1900. Pero Corominas, en un insólito momento de honradez inte­lectual, baja la guardia y comenta que descalificar era: “terme de deportistes” (DECLLC, t.VI, 890); cuya derivación inversa daría, en idioma valenciano: “deportis­te, deport, polideportiu...”; familia léxica prohibida por Tarancón Inmersiomán y la academia de catalán Canal 9. La palabra “deport” mantuvo la morfología aunque amplia­ra el significado, como suce­dió con “regatejar” y “conta­minar”. El verbo “regatejar” (Espill, 1460), documentado en valenciano antes que en castellano y catalán, era voz comercial; pero no por ello dejamos de usarlo en frases como “eixe arbit impedix re­gatejar a Carew”. Otro verbo robado por los catalanes, “contaminar”, lo usa Marto­rell: “contaminar la noble sanch”; y Roig: “contaminant la sua fe” (Espill, 1460). Hui, actualisant semánticament la veu, mosatros diem: “la con­taminació del chapapot del IEC y del fem catalaner”. Estem en temps de gayates, delit y deport.

Diario de Valencia 23 de febrero de 2003

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