Honori Pasqual, Miles Gloriosus

Ricardo García Moya

Con prosa nerviosa y preci­pitada de bebedor de café, el membre del Grup de Capellans del Dissabte, Honori Pasqual, compuso un vibrante alegato contra el Cid (Levan­te, 20/09/03). A sotana abier­ta, Honori ha descubierto él sólito que el Cid era un "bandit castellá i mercenari" ¡Oh, quin cap el d'Honori!; ade­más, era tan malo que se dedi­caba exclusivamente a "ma­tar, asassinar i destruir". ¡Uy, quin motiló mes valent! ¡Lo que sap! Ya en trance, Honoriet insultá a "aquest malvat sense principis que no fossen el saqueig, el robatori i l´espoliació". Esto se veía venir: el planeta se calienta, árboles moribundos, Consuelín Ciscar y su look fardachot del Bacarot, el culo de Boris Izaguirre...; todo anunciaba la llega­da de Honori Pascual, Miles Gloriosus e historiaor de 'fanc y femer'.

Ahora, reverendo Honori, hablaremos en serio, o casi. Juzgas a un personaje medie­val con reglas del siglo XXI, olvidando que todos los pode­rosos fueron igual de asesinos, saqueadores y destructores; incluidos tus colegas con sota­na que se deleitaban los fines de semana sacándole un ojo, quemándole los menudillos y, posteriormente, socarrando lo que quedaba del desgraciado hereje. Respecto a Jaume I, según regurgitan, era muy dis­tinto al Cid, al formar "part d'una nissaga i d'una dinámi­ca" civilizada y culta. No sé, pero quizá el obispo de Gerona, al que Jaume I le cortó la lengua, no opinaría lo mismo; y respecto a la dichosa "nissaga" (desperdicio léxico catalán del 1800), ¿desconoces que el conde de Barcelona, Ramón Berenguer, se casó con una hija del Cid para presti­giar su linaje? ¿Lo captas? Tu admirada dinastía barcelone­sa buscaba emparentar con el malvado asesino, detalle que has pasado por alto. En reali­dad, no sé qué espera el arzo­bispo de Valencia para enviar­te un exorcista, pues eres com un paltrot ple d´odi contra tot, especialment lo valenciá. Hay un sustantivo valenciano, "desodi" nacido entre huer­tas en el XV (el "desori" es corrupción catalana posterior), que te retrata. Des­precias la Real Señera, a la que llamas del "blau confús" (los que decís que no os importan las banderas ¡qué pesados sois!); criticas a los que cantan el `Himne Valen­ciá' y -aunque finges defender la historia de los valencianos-, hablas de un "rei catalá i el País Valenciá", de la lengua catalana y de "les quatre ba­rres catalanes". O eres un ig­norante, Desodí Pasqual, o vendes tu alma por un aplau­so del expansionismo catalán.

Menos mal que tenemos y tuvimos curas cultos que no sembraron cizaña entre va­lencianos. Así fue Joaquín Centelles, predicador del "Sermó en la festa del primer dumenge después de S. Vicent Mártir, any 1824". Este sacer­dote explicaba lo que ignora Honori: "el idioma valencia­no, como se habla hoy en día, es enteramente distinto al lemosín, sucediendo lo misino que en el idioma castellano antiguo y moderno". Mientras que Honori vomita sobre el valenciano actual, usando el catalán que impone el IEC (nissaga, aquest, servei, mentre, amb, saviesa, retolació...), el retor decimonónico escribía: "la naturalea" (p. 9), "entre vosatros" (p. 9), "la seua vida eixemplar" (p. 10), "qui els ampare" (p. 10), "la noblea" (p. 10), "predicant en Salamanca" (p. 12), "volgué ser padrina del chiquet" (p, 14), "embaixador del rey" (p. 20), "llunt de profanarla" (p. 19), "un milló" (p. 19), "ya sa­bia qu'eixa font" (p, 22), "infels" (p. 23), "faré recort" (p. 20), etc.

Actúas como un Miles Gloriosus alanceador de cadáve­res. El enemigo que hoy mata nuestra cultura, saquea nues­tra historia y destruye nues­tro pueblo es el catalanismo que abrazas. Además, en el catalán que ordena Cataluña, defiendes el islamismo y criti­cas la "instrumentalització de Deu, que ho es de tothom, al servei d'un bandol, el dels vencedors". ¡Vaya Tartufo que estás hecho! Mírate al espejo y verás a un ejemplar de la Igle­sia vencedora del infiel. ¿No te gusta? Salte de dicha institu­ción y dedícate a la enseñanza del catalán en Canal 9 o a ven­der pañuelos en los semáforos, pero no te mantengas en una organización que odias; y lo mismo digo al "Grup de Capellans del Dissabte". Habría que analizar si los sotana-gore sois consecuencia de la contaminación, igual que la poli-gore Consuelín Ciscar y su Bienal "La merda es bonica" (en los solares las exhibía de todos los tamaños, formas y colores).

Respecto al cura Centelles, aparte de usar un bello valen­ciano: "¡Qué testes tan ruidoses! Tot es purea", ofrece datos sobre religiosos que amaban la lengua, como el do­minico Manuel Martí, que "predicó en idioma valenciano un sermón a San Vicente Ferrer en este convento de San Agustín en la festividad que anualmente le dedican los niños de la calle de San Vicente, el cual dio a la prensa en 1804". Esto lo publicaba el pacífico Centelles dos años antes de que los otros curas, los enloquecidos, asesinaran en 1826 a la última víctima de la Inquisición en Valencia; pero Centelles sólo perseguía herejías del idioma valenciano, usando sustantivos como "padrina", documentado ha­cia el 1410 en San Vicent Ferrer. También coincide con el Patró del Reyne en la grafía "mostí", perro al que la in­mersión catalana llama con el castellanismo "mastí". Cente­lles escribía en 1824 "un gos mostí" (p, 13), respetando la morfología del idioma valen­ciano: "los mostins" (Ferrer, S. Vicent: Quaresma, 1413); "mostins" (Roig: Espill, 1460); "lo mostí" (Pou: Thesaurus, 1575); "gos mostí" (Mulet: Poesies a Maciana, 1643); "mostí: mastín" (Ros: Dicc, 1764) "mostí: mastín" (Escrig: Dicc. 1887); '¡Mostinot! ¡Cara de grill! (Arnal: L´agüelo colomet, 1877),

Si Centelles, en 1824, respe­taba el léxico y morfosintaxis al escribir: "eixe chiquet" (p. 14), "colejals" (p. 21), "pera ficarlo" (p. 17), los curas como Honori lo convertirían en "aqueix xiquet, col-lejals, per a fícar-lo". El desocupado "Grup de Retors del Disapte" (disapte es clásica valencia­na), podía tomar ejemplo de los virtuosos que, para ahu­yentar ambiciones humanas, mortificaron su cuerpo. Sant Lluis Bertrán lamía llagas: "en Moncada, habiendo lami­do los lamparones a Esperan­za Asensio, quedo arrobado y puesto en éxtasis" (Saborit: ''Vida del Beato Luis Bertrán, 1651, p. 189). Según los testigos, el arrobamiento transfor­maba al místico en una poten­te bombilla que alumbraba la celda, como presenció Miquel Ponz, ermitaño de Cullera (p. 189). Si Honori y sus sotana-gore lograran tal mutación, podríamos rehabilitarlos co­mo farolas en la Ciutat de les Ciencies, por ejemplo. Aunque tu caso, Honoriet, es grave por el odio que acumulas. Para salvarte debieras imitar sacrificios como el de fray Antoni Margil, valenciano del siglo XVIII que, "en las horas más quietas de la noche, abría la sepultura y poniendo la cabeza dentro de ella apacen­taba el olfato con la hediondez que de los cadáveres salía" (p. 11). Ya sé, ya sé que no tienes un muerto a mano, pero... ¿y si t'arromangues la sotana y t´aulores la panolla? No em dones les gracies, estem ací pera ajudarmos uns a atres. Amén,

Diario de Valencia 16 de noviembre de 2003

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