Joan Costa, ¿ministro valenciano?

Ricardo García Moya

Existe un separatismo fétido y minimalista, fomentado desde Madrid y Barcelona, con­tra comunidades tan inofensi­vas como la valenciana. Así, al ministro Joan Costa -nacido en Castellón de la Plana-, le irrita que le consideren valenciano. Lo curioso es que este compor­tamiento gusta a los políticos que braman contra el separa­tismo vasco; y es que ciertos subproductos del PP, nacidos en el Reino, se comportan como miserables Arzallus contra su tierra; destrozando la es­tructura social creada y defen­dida por antepasados como Gaspar de la Figuera, poeta morellano que sufrió la inva­sión del Maestrazgo por los ca­talanes en 1645, hasta que los tercios del Reino fumigaron la mierda hasta Barcelona.

Persona culta, Gaspar escri­bió sus obras en Morella, atala­ya que consideraba "la Vizcaya del Reyno de Valencia por su fidelidad y nobleza" (Figuera, Gaspar de la: Miscelánea sacra, 1658, p. 230) ¡Qué diría de la Vizcaya actual y del susodicho Joan Costa! En fin, el morella­no fue paradigma de in­telectual barroco y admirador de "los griegos Homero y Píndaro, los latinos Virgilio y Ho­racio, los italianos Dante y Taso, los castellanos Garcilaso y Góngora, y nuestros valen­cianos Ausias March y el comendador Falcón" (ibid. p. 126). Su formación le permitía distinguir entre voces del valenciano medieval y el barro­co de 1650; p. e., en versos dedicados a la Virgen de la Balma ("...nos segur port vos, Balma, / entenent roca tallada / segón significa balma"), comenta que, en "antiguo valenciano, balma y sobalma significan el nicho de la cueva, o su hueco" (p. 163). Aparte de morfologías como "tallada" ("tallá", en valenciano actual), "balma" era una voz prerromana, común al sur europeo y sobreviviente a sus sinónimas latinas y árabes. Este arcaísmo equivaldría al "espluga" cata­lán. Por lo demás, el orgullo de ser valenciano está presente en toda la prosa y poesía de Gaspar de la Figuera, contras­tando con los morritos, despre­cios y malos gestos que exhiben los exquisitos como Joan Costa, ofendidos cuando se les llama valencianos de Castellón (algunos catalaneros de Castellón prefieren llamarse levantinos, catalanes o medite­rráneos para no confundirse, dicen, con los de la ciudad de Valencia ¿y un morellano, por idéntica razón, no podría argu­mentar que no quiere llamarse castellonense?).

El morellano Gaspar de la Figuera reflejó el mundo mági­co y místico que encandilaba a sus compatriotas, fueran "los silvos maravillosos que da una espina del Señor, en Morella, quando la sacan contra las tempestades", o "los milagro­sos golpes que se oyen en el arca del beato Pascual Bailón, en Villa Real" (p. 29). Aparte de pinceladas parapsicologícas y musicales, testifica sobre la posesión de una lengua propia que no es la catalana, pese a estar en contacto geográfico y social con el sur del expansionista `país catalán´. Así, recor­dando a Gaspar Puntcr, valen­ciano de Morella, dice: "Gaspar Punter, obispo de Tortosa, en su declaración de la Doctrina Christiana... sus palabras son las que siguen en su lengua materna valenciana: ...esta costum de les Iglesies, que tots los disaptes se cante..." (p. 237). Fuera en valenciano o castellano, el Caballero de Montesa Gaspar de la Figuera (sin contagio anacrónico, claro, con el Parnaso catalanero de la Figueres), manifestaba su amor a la lengua del Reino: "...en la lengua valenciana, / así antigua lección allí lo ense­ña, / del qual sentido la noticia mana" (p. 81). Los conocimien­tos de Gaspar sorprenden por la vastedad, sea con sus metá­foras gongorinas, sus citas sobre los misteriosos "essenos, montes antiquísimos judíos" o, principalmente, su dominio de la Historia valenciana.

Por desgracia y voluntad de esas autoridades que nos enga­ñan, los libros de texto y exá­menes de Selectividad están dedicados a fomentar el odio hacia España y ensalzamiento de Cataluña, ocultando el testi­monio de poetas como Gaspar de la Figuera. Todo es posible con ambiguos ejemplares como el ministro Joan Costa y un Camps que ejerció de Inmersiomán (de ahí los vergonzosos exámenes de Selectividad). ¿Podían seleccionar para análi­sis de texto, en lugar de basuras catalaneras, los del morellano Gaspar de la Figuera. Al ministro antivalenciano (¿es su ideal la separación de Castellón del resto de la Comunidad?), lo vimos el otro día con Pujol, observando los terrenos catalanes donde el Gobierno del PP intentará premiar a la pobre y fiel Cataluña con "el mayor centro de investigación mun­dial"; mientras que a los blan­dos valencianos nos vende como un éxito el cuento de los barquitos de vela, o que el AVE llegue a nuestra Comunidad cuando en Burgos, Zaragoza o Barcelona sea una reliquia industrial.

Aquí vendría bien la frase ¡Mos deixarán fets un senlláser!, pero no puedo hacerlo por no tener la lengua valenciana la libertad que tenia respecto al castellano y catalán en tiem­pos de Gaspar de la Figuera. En primer lugar, los comisarios sustituirían el  pronombre "mos" por "ens"; después ven­dría la burla sobre el acento agudo sobre vocal abierta (¿por qué acatar normas impuestas por el fascismo expansionista catalán?); y el pitorreo mayor lo ocasionaría el sustantivo "senlláser", al que considerarí­an un vulgarismo derivado del catalán "Sent Llátzer". No, no es así. El "senlláser" valencia­no procedería, efectivamente, de "Sent Llácer", ya que Lázaro es "Llácer" (Escrig, 1887), documentándose en tiempos de Gaspar de la Figuera: "com un sent Llácer" (BUV Morlá: Ms. 666, h. 1650), y en los años del protocatalanismo: "traguérenme com un sen Lláser" (Semanari El Pare Mulet, 1877, p. 19). Los fachas catalaneros dirán que Sen Llácer no es "senlláser". De acuerdo, fachas, pero en la for­mación léxica y derivación semántica se manipulan morfosintácticamente los vocablos para alumbrar el neologismo. Cuando uno dice "senlláser'' no piensa en el Lázaro cubierto de llagas, sino que puede apli­carse a conceptos tan distantes como la inelegancia en el ves­tir: "Tú ni ixes de casa feta un senlláser" (Peris: Sal de la figuera, 1917, p. 3.).

Obsérvese que cuando Galiana escribe: "parlar adefesits" (Rondalla, 1768, p. 39), está usando el sustantivo "adefésit" (disparates), derivado de la frase latina "ad Ephesios" (a los ciudadanos de Éfeso). De igual modo ¿por qué en idioma valenciano no podemos aceptar "senlláser"? ¿No deriva el cas­tellano "pordiosero" de la frase "por Dios", usada para pedir limosna? El llagado Lázaro ya originó el castellano "lacerar" y el catalán "llatzerar", pero los blandos valencianos no tenemos derecho a usar el deri­vado "senlláser". En la tierra donde vivían orgullosos valen­cianos como Gaspar de la Figuera -paladines de la frontera geográfica e idiomática-, ahora retozan extraños tipos como el ministro separatista minimalista Joan Costa. De todas formas, si en la misma capital del Reino no hay quien vomite ante los rótulos calleje­ros en catalán ¿qué puede espe­rarse en Alicante y Castellón?

Diario de Valencia 21 de septiembre de 2003

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