Juli Esteve, Netol de Pla

Ricardo García Moya

En publicidad constituye un clásico el anuncio de Netol donde un señor, encantado de la vida y sonriendo, “limpia y pule metales”. Con similar expresión, el corresponsal de “TV3 al País ValenciA” (sic), Juli Esteve, trató de limpiar y pulir a Joan Ignaci Pla, al que observaba en TV como: “mediocre incapaz de articular una frase entera, o tener un pensa­miento sensato o hablar sin tra­bucarse... aquel candidato que parecía tan corto...” (Levante, 20/05/03). Con amigos como éste, ¿cómo iba a ganar las elec­ciones? En otro escrito, tras aparentar que alaba la ilegali­zación de Batasuna, lanza esta piedra: “Habrían podido dictar un decreto para prohibir los tiros, las bombas, la guerra... ¿De veras que ninguno ha teni­do otra idea mejor?”. ¡Arreee, gos!

Con sonrisa Netol, Juli ejerce de prosista gracioso en la corte de Ferran Belda, realizando la­bores gratas al expansionismo catalán, con chascarrillos que exhiben voces y morfología con­dal: tardor, càstig i sencera (no los valencianos otony, castic y sancera). Al Juli le da igual que, ya en el Renacimiento, los hu­manistas diferenciaran el bar­barismo catalán “tardor” del cultismo valenciano “otonyo” (Pou: Thesaurus, 1575), sus­tantivo que siguió vivo hasta nuestros días: “otonyo” (Tor­mo: Gatomaquia, h. 1760); “seba marina d’otony” (Cavani­lles: Obs. 1797); “otony” (Sanelo: Dicc. 1805); “otony, otonyá, otonyat, otonyar” (Escrig: Dicc. 1871); “en estiu o en otony” (El Bou solt, 1877); “l’estiu, l’oto­ny” (Palanca: Les freses, 1888); “este otony” (Fullana: Gramá­tica valenciana, 1915, p. 236); “otony” (Fullana: Ortografia valenciana 1932, p. 65). Si al Juli le repugnaba la voz por su homografia hispánica, podría haber escogido otra de clásico pedigrí: “autumne” (Eiximenis: Terç. c. 1400); “primavera, es­tiu, obtumne e yvern” (Ferrer, St. Vicent: Quar. 1413); “au­tumne” (Esteve: Liber, 1472); o haber optado por la popular “primavera d’hivern”. Pero el Juli, fiel al IEC, selecciona la voz catalana y escupe a las valencianas.

Todas las cortes -áulicas o mediáticas-, han sufrido a pato­sos sin gracia. Cuenta Ba­rrionuevo (el del s. XVII), que: “a un músico capón del Rey, que se llama Don Lázaro, le han retoñado los genitales, y está tan gozoso que los enseña a todos”. Esta anécdota acaeci­da en junio de 1655 podría parodiarla (sin ser músico ni capón) en una de sus crónicas a la TV3 el gracioso Juli Esteve, paseándose con la sonrisa Netol y los huevos al aire por la Ciudad de las Ciencias; pero tendría tan poca gracia como sus artículos. Por suerte, mien­tras en la corte se lucía Don Lázaro, los valencianos mante­nían la dignidad idiomática. Así, el catalán Francisco de la Torre, cronista de las Reales Fiestas de Valencia en 1667, escribe sobre las lenguas “va­lenciana, castellana o latina” (p. 44), criticando a los que, como Miquel Serres, sólo domi­naban el idioma del Reino: “que escribe bien a la valenciana, aunque escriba mal a la cas­tellana” (p. 344). Tampoco dudaba Francisco de la Torre en usar el valenciano en sus burlas a las quintillas de fray Josef Carbó: “y si lo quieren oír en valenciano, óiganlo mejor: Pera papers no son bones, / que es pot fer (tan groses son), / un pegot a la paret, / de les lletres de Carbó” (p. 329).

Las autoridades mantenían cierto orgullo, defendiendo los fueros del Reino. Esta actitud inspirò el “Soliloquio de la Reina sobre la elección de para­je para su residencia: En Valen­cia hay poquísima sustancia, / mucho arroz, flores, fuero y contrafuero, / y, en fin, a todo tengo repugnancia. / Mas pues nada me agrada (caso fiero), / una de dos, o ser Delphina en Francia, / o quedarme en Ma­drid, es lo que quiero” (Bib. Nac. Ms. 4052). Actualmente no tenemos autoridades que se opongan al contrafuero que sería al fascismo catalán, que exhibe en los centros de ense­ñanza los mapas donde el descalabrado Reino aparece inclui­do en Cataluña o, en junio de 2003, que alienta a los directo­res que se niegan a colocar en las fachadas la Real Señera y la bandera de España. Los estu­diantes signen leyendo en escuelas, institutos y universi­dades que, por ejemplo, Sorolla es pintor catalán (Gran En­ciclopedia Catalana), y los políticos disimulan, mientras los tipas con sonrisa Netlol aumen­tan día a día.

Todos callan. No me extraña que la progresia de braga en ristre y soma a Mendiluce, como Lucía Echevarría (perdón Etxebarria), oculte que nació en Valencia (El Cultural, 22-5-03). Todo vale para destrozar­nos, desde llamarnos Levante basta decir que Cullera es ali­cantina. Se burlan de nosotros, y valga de ejemplo el cachondeo de una publicación de los retor­cidos frailes de Montserrat, muertos de risa ante un manual de catalán para estu­diantes alemanes (J. Lüdtke, Katalanisch, München, 1984), donde el autor “addueix un pas­satge del Blanquerna” como ejemplo de catalán del XIII. La gracia consiste, según los moti­lones, en que el texto es la tra­ducción valenciana que Bon­llabí efectuó en 1521, de ahí que “emprá ja dos per al feme­ní y l’ac. amb la prep. a” (Textos i estudis. Abadía de Montserrat, 1988, p. 13). Es decir, que en el valenciano de 1521 se “amprá ya dos pera el femení (no “dues”) y l’acusatiu de persona en la preposició a”. Por tanto, si Bonllabí leyera del Juli esta frase: “A Canal 9 hem vist Pla dues vegades”, la tra­duciría al valenciano moderno: “En Canal 9 ham vist a Pla dos vegaes”, igual que hizo con el Blanquerna. La publicación de los perversos monjes añade con letra pequeña que, del Blan­querna en valenciano, se han recogido muchas “primeres do­cumentacions” de vocablos atribuidos a Llull y al siglo XlII; cuando en realidad son innova­ciones del idioma valenciano medieval.

Otro tema: en el Registro se pitorrean de los nombres va­lencianos que no constan en la misteriosa lista “normalitza­da”. Y si admiten alguno, lo pu­tean con morfología catalana, como Ximo. Para que no les engañen, damos este listado que acredita Chimo y su hi­pocorístico: “Chimet”(Liern, Rafael: El que fuig de Deu. 1878); “Chimet” (Capilla: Cada ovella en sa parella, 1868); “es casará en Chimet” (Balader: El pare alcalde, 1871); “Rahona­ment entre Chimo y el tio Joan, 1797); “Chimo el matalafer” (Fuster, L.: El nano de la falle, 1894); “Chimo” (El Cullerot. Alacant, 1898); “¿Tú, dentiste? Pobre Chimo... “(Bellido: Un francés de Rusafa. 1876); “Chi­mo” (Merelo: Tot ho apanyen els dinés, 1866). Aceptan el vas­co Gorka o el catalán moderno Empar; pero los sacamantecas inmersores rechazan los valen­cianos Chimo, Ampar o Donis. Es el triunfo de Inmersiomán y los Netoles.

Diario de Valencia 1 de junio de 2003

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