La Mare dels Desamparats: Patrona militar del Reino

Por Ricardo García Moya

Pocas personas recuerdan, al atravesar el umbral de la Basílica, que se hallan en un monumento proyectado en tiempos difíciles para nuestros antepasados, y que sus sillares expresan gratitud a la Virgen por su protección en la epidemia de 1648 y la victoria del Reino de Valencia en la "guerra dels Segadors". Esto último sucedió en 1650, cuando injustamente fue atacado el Maes­trazgo por franceses y catalanes. La agresividad enemiga se había incremen­tado ante la debilidad de las tropas enviadas por Felipe IV. Para hacernos una idea de la calamitosa actuación de estas fuerzas, sólo en el cruce del Ebro -11 de septiembre de 1650- se "ahogaron 50 soldados reales y 80 de infantería, que fueron llevados a un remolino" (Conquista de Cataluña, Barcelona, 1652, p. 15). Los catalanes, envalentonados, pensaban que el Reino de Valencia era presa fácil y que no ofrecería resistencia. Pero se equivocaron. Según Bartolomé Villalba, coetáneo de la guerra, los preparativos militares comenzaron "antes de ganarse Tortosa, sacando a la Vir­gen de los Desamparados con real aparato de su Capilla". Previamente se prepararon "ora­dores que la aclamen", siguiendo un ceremo­nial similar al actual. El narrador recuerda el combate y las arengas empleadas: "No te­máis, ilustres valencianos, tenemos por bla­són a la Madre de los Desamparados." Los tercios del Reino, después de vencer en el Ebro, querían seguir combatiendo "con voz de entrar en Barcelona" (Villalba, B.: Acción de gracias a N. S. de los Desamparados. Va­lencia, 1650. p. 21). Dos días después de regresar el ejército, el 11 de diciembre de 1650. se celebró en la catedral una "acción de gracias a la imagen de los Desamparados por la restauración (conquista) de Tortosa. y a cuya protección reconoce el triunfo de sus armas". El espec­táculo fue impresionante: "Sacan a N. S. de los Desamparados de su capilla de la Seo. La leal ciudad con bizarría saca sus banderas (...) se canta la victoria y para que en nombre de la Reyna de los Desamparados el Reyno de Va­lencia se diga el vencedor", (p. 22) Inmediatamente se puso en marcha el pro­yecto de la Basílica que, pensado en años anteriores, estaba paralizado; así, en 1652, se "comenzaron a abrir las zanjas para los fun­damentos". Este triunfo sobre Cataluña y Francia, bajo la protección de la Virgen de los Desamparados, hizo que su imagen fuera bla­són habitual en los hechos de armas del Rei­no, como sucedió en la guerra de Sucesión y en la contienda contra Napoleón.

Obviamente, allí donde habían valencianos se extendía el culto a la Mare dels Desampa­ráts, como sucedió en el Hospital Real de la Corona de Aragón a principios del siglo XVII, cuando Madrid recobró la capitalidad del im­perio y las naciones se preocuparon de cons­truir hospitales para los subditos que cayeran enfermos en su estancia cortesana. El Hospital de la Corona se inauguró en 1617, aunque el lugar -donado por et cata­lán Gaspar Pons en la zona más insalubre y abandonada de las afueras de Madrid-; sólo era adecuado para roedores y batracios; los hilillos verdosos que caracoleaban entre hierbajos no eran precisamente de agua mineral. En consecuencia, la esperada revaluación del terreno no fructificó, a pesar de la ayuda eco­nómica de Felipe III y "la nobleza de la Coro­na que residía en Madrid" (González, G.: Tea­tro de las Grandezas; Madrid, 1623, p, 307). Los enfermos, en lugar tan pestilente, falle­cían. Según el valenciano Samper, la zona "no era a propósito para los enfermos, porque los aires no llegan puros como a otras partes, y está tan apartado del comercio y concurso de la corte" (Samper, Hipólito: Gratulación a N. S. de los Desamparados; Madrid 1686).

Otro valenciano -el poderoso Crespí de Valldaura- tuvo que remediar la situación y en 1658 colocaba la primera piedra del nuevo Hospital de la Corona, "junto a la plazuela de Antón Martín", según leemos en su intere­sante manuscrito autógrafo (Bib. Nac. de Madrid. Ms. 5742). Al acto asistieron otros representantes del Reino, como el conde de Albatera y caballeros de Montesa. Lógica­mente, la imagen de la Mare dels Desampa­rats fue situada como protectora de los enfer­mos regnícolas. Sin embargo, "la Virgen de los Desampara­dos no estaba de escultura, como su original, sino de lienzo", hecho que disgustaba a Hi­pólito Samper. administrador del hospital, pues Aragón y Cataluña tenían allí esculturas de sus patronas: las vírgenes del Pilar y Mont­serrat, respectivamente. Aunque pronto se re­medió la situación:

"En 1685, Antonio Folch, protector de este Real Hospital, agradecido de la salud que recibió de su protectora, la Virgen de los Desamparados, resolvió hacerla de escultura; porque estando en este templo las tres titula­res de su Corona (Desamparados, Pilar y Montserrat), sólo en la nuestra se echaba de menos esta circunstancia. Quitóse el antiguo lienzo y se colocó el Divino simulacro, a 9 de febrero de 1686. Ya Madrid no tiene que envidiar a Valencia; ya nuestra imperial Corte ha conseguido igualdades" (Samper: Gratu­lación).

Por cierto, en los escritos relacionados con la Mare dels Desamparats se respetaba escru­pulosamente nuestra singularidad idiomática, incluso en los concursos poéticos: "cartel de desafío literario (...) que la lengua sea valen­ciana, castellana o latina" (Torre. F.: Fiestas de la Virgen de los Desamparados. Valencia, 1667, pp. 33 y 44). Eran tiempos en que los valencianos no dudaban de sí mismos.

Las Provincias 9 de mayo de 1993

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