La tragicómica `La Traca´

Ricardo García Moya

Habría que advertir al turista fallero que, en el Reino de Valencia, persiste la guerra idiomática entre los que impo­nen el catalán y los que defienden el idioma valencia­no. Aparte del léxico, los rótu­los de las fallas marcan la dualidad: están en valenciano si aparece la “ch” (chiquet); el neutro “lo” (“lo millor”) y la preposición “en” (café en llet). Si, por el contrario, usan “x” (xiquet), “el” (el millor) o “amb” (café amb llet), usted tiene delante una falla colaboracionista, de la catalanización. Aparte, algu­nas revistas supuestamente falleras (ed. Eliseu Climent), dan catalán por valenciano. La politización camuflada es un arte que el omnipotente fascismo expansionista, como es el catalán, domina.

Una revista de resonancia fallera, “La Traca”, muestra en su larga vida (nace en 1884), nuestros avatares político-lingüísticos. En su prime­ra época usaba el idioma va­lenciano, fustigando a bur­gueses puteros, curas glotones y políticos defraudadores como “Carballeda...que ha malversat fondos”. El humor era popular; así, en una cafe­tería dialogan la dama encor­setada y el caballero elegante: “Ella.- ¿Es veritat qu´el que mencha de lo que té li creix?./ Ell.- Aixó diuen./ Ella.- Pos mira, ton cosí Chuano se coneix qu’ha menchat molta safanoria” (La Traca. 23/8/1913). En otra viñeta, quizá ambientada en lo cantó dels carrers del Pilar y Vinatea, la mamelluda aguar­da al client a la porta de l´escaleta. Dalt, un rótul diu: “Se colocan capitales”. Un panchut borrachet, ben vestit, marmola: “¡Güey! Vaig a colo­car dos pesetes que tinc de sobra” (La Traca, 23/10/1915). En 1931, proclama­da la II República, La Traca se decanta hacia el ideario republicano y socialista, susti­tuyendo el idioma valenciano por el español, incluso en plena Guerra Civil. El humor de La Traca pierde agudeza y propugna la eliminación físi­ca del rival político: “Vuelva ese rey (Alfonso XIII) con presteza… ¡que queremos su cabeza!” (20/6/1931). En estos ejemplares colaboraban san­tones progresistas como Soler Godés, en español, que no hacían ascos a la pena de muerte colectiva. Así, la por­tada del 27 de agosto de 1932 mostraba tres personajes arrodillados que eran ajusti­ciados por guardias republica­nos, con este texto:” Los trai­dores a la República deben morir así: fusilados por la espalda”. Freud decía que las bromas eran manifestaciones de deseos, acertando en el caso de La Traca.

En mayo de 1936, antes de la sublevación fascista, La Traca sugería el fin que merecían los religiosos, poniendo de prototipo al cura maricón que toca el trasero a “los luises jovencitos”. En la última viñeta, unos republica­nos ahorcan entre risas a “mosén Pollastre”. Al cura se le podía insultar, torturar y fusilar; los progresistas habí­an logrado que se les conside­rase menos que a un perro (táctica similar a la usada por el catalanismo con los que lla­man “blaveros”; en realidad, valencianos que no se han doblegado). En 1936, La Traca ofrecía la sección: “Qué haría usted con la gente de sotana”, con estas sugeren­cias: “el que pese más de 35 kgs, cortarle el sobrante de la parte del cuello, cabeza y entrepierna...”. Un tal Pala­zón recomendaba: “quemar­los, aventando sus cenizas; luego abriría a sus madres...”. La progresista Manuela Manzanera prefería: “meter­les 12 botellas de líquido infla­mable y, una vez dentro, dar­les con una piedra en la barri­ga; y si quedara alguno con vida, recomendarlos a los chi­cos de la F.A.I.”; indicándose zonas para estos actos cultu­rales, por ejemplo: “en medio de la partida del arrozal de Corbera”. Aquella simpática revista del 1900, donde el bon vivant bromeaba con carnosas cupleteras en lengua valencia­na, se convirtió en vehículo de la histeria asesina a partir de 1931.

La revista ha tenido tres fases: la primera, en lengua valenciana, practicaba la críti­ca humorística a todo bicho viviente; la segunda, en lengua española, degeneró hacia el chivatazo criminal; la terce­ra y actual, en lengua catala­na, es una vil muestra de la degradación a que es capaz de llegar un valenciano, como Eliseu Climent, para conver­tir el indefenso Reino de Valencia en colonia del País Catalán. Si en La Traca del 1900 usaban, por ejemplo, la morfología verbal valenciana “decidixquen”, Climent la cambia por la catalana “deci­desquen”; si el dativo aparecía con el enclítico “li”: “ficarli”, el colaboracionista lo sustitu­ye por el catalán “hi”: “ficar­hi”. Aparte de introducir léxi­co catalán como natges, avui..., Climent asesina los matices morfológicos que dife­rencian ambos idiomas. Así, prefiere los catalanes “esten­dard, esperit, maduresa...”, a los valencianos “estandart, espirit, madurea...”.

Comparo anuncios en cata­lán de las revistas de Climent con los que usaban el idioma valenciano hacia el 1900. La Traca no estaba sola, en “El Poble valenciá, semanari valencianiste. Pago rigurosament adelantat” (31/3/1917), leo: “Rellongeria. Especialitat en inglesos”, “Estampació de Metals” Hoy, hasta la Genera­lidad del PP ordena escribir en catalán: “setmanari valencianista, pagament, rellotge­ria, anglesos metalls”. Ocul­tan, por ejemplo, que “inglesos” es morfología propia: “ab la nau inglesa” (Archiu Mun. Alacant, Llibre de la peixca, 1578); “Joan Grut, inglés, que du bacallar” (Ms. Ll. peixca, 1578); “tots los inglesos” (Real Pragm. Imp. Huete 1586); “tinguesen per enemichs als inglesos” (Real Acad. Hist. Ms. Porcar.1626); “inglesos enemichs” (Archiu Mun. Oriola, 2035. Gene­ralitat, oct.1704); “quedaven els inglesos” (Tormo: La gato­maquia, 1770); “als inglesos els costá” (Conv. de Saro. 1820); “tres inglesos” (Sema­nari El Cullerot, Alacant 17 abril 1898); ”els pantalons son inglesos” (Gadea: Tipos. Apendix 1908); “tres bucs inglesos” (Fullana: Gramática valenciana 1915); “inglesos en tirereta” (Angeles, Josep: Guerra als cabuts, 1924).

En el panfleto de Eliseu leo “bel.ligerant”, con “l.l” gemi­nada y punto fabriano, inexis­tentes en idioma valenciano. También figura en los falsos textos valencianos aprobados por el PP de Camps, Tarancón y la academia de Ascensión. Esta panda se apoya en el IEC y la autoridad de Corominas que, en su Dicc. ECLLC, recoge: “bel.ligerant. Escrig, 1851”. Pero miente. El diccionario valenciano de Escrig muestra “beligerant”, igual que en las reediciones de 1871 y 1887. Manipulan todo. Los textos que aprueba Inmersiomán están en cata­lán, y así aparece escrito en ellos (Valencià, Llengua. SM. Batxillerat, 2002, p.93), y todos callan cobardemente cuando se afirma que el terri­torio valenciano son “terres catalanes” (DECLLC, t.lV, 451). Como buitres, esperan hasta después de las elecciones y, con poltrona asegurada, nos rematarán con el diccionario catalán de la AVL, los nuevos académicos catalaneros, etc. Estos político-filólogos valen­cianos son, para los catalanes, “cagallons per sequia”.

Diario de Valencia 16 de marzo de 2003

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