Mª Teresa Campos y Copito de Nieve

Ricardo García Moya

La evolución, que diría Darwin, los separó; pero la ingenuidad y otras caracterís­ticas hermanan al gorila y la sureña. Copito se aturde ante la complejidad humana y adopta expresiones tristes, da la espalda, devora sus excre­mentos, etc. La sureña, más comedida, también se estrella con problemas insolubles, como asociar cierto gentilicio al territorio homónimo. Hace meses, un telespectador pro­testó porque llamaba `levantínos' a los valencianos; a lo que el histriónico Javier Nart -con expresión de asqueado- respondió que era natural que nos llamaran "levantinos, igual que llamamos ponenti­nos a los extremeños". ¡Vaya! ¿Desde cuándo llamamos Po­niente a Extremadura? En­trando al quite la periodista nacida en Sur, mirando a las cámaras y removiéndose len­tamente com si tinguera caparres en cert puesto, con voz sensual, susurrante, ex­clamó: "¡Ay, no sé, al final no sabremos cómo llamarlos!". Llama madrileños a los hijos de esa comunidad, aunque sean nacidos en Aranjuez; pero sus neuronas no admi­ten que los nacidos en la Co­munidad Valenciana se lla­men valencianos. Es raro, pues la melosa sexagenaria ha aprendido a pronunciar voces como Aberri Eguna, Euskal Herria, euskaldun, donostia­rra, ikastola, lehendakari, gudari, abertzale...; pero el gentilicio 'valenciano', ¡uf, difícil!, no puede. He hablado de Sur y sureña en lugar de Andalucía y andaluza para que Ma Teresa, si se esfuerza, capte la sutil matización semántica.

Saltamos al tiempo de Cervantes para hablar de César Vidal. En 1615, Felipe III permite a Francisco de la Rocha la edición de un trata­do de sastrería en Valencia. Publicado en 1618, en la auto­rización leemos: "Francisco de la Rocha, de cinquenta o cinquenta y dos años, y dos dedos de la mano izquierda señalados y un diente menos en lo alto de arriba..." (Geo­metría y traça, 1618). La des­cripción no difería mucho de las aplicadas a caballos o vacas, y es que en tiempos de Cervantes desconocían la huella digital y el DNI. Por el contrario, en el tratado se identifica el territorio valen­ciano como Ciudad y Reino de Valencia, siendo desconocidas las denominaciones Levante y Mediterráneo, usadas por manipuladores de la toponi­mia  histórica como César Vidal, tertuliano en el `Día a día' de la Campos. De currículo voluminoso, es doctor en Historia, Teología y Filosofía, licenciado en Derecho y defensor, dicen, de los dere­chos de los pueblos; desde el hebreo al mexicano, pero, ¡ay!, no de los culturales e his­tóricos de los valencianos. Vidal es autor de una Enciclopedia del Quijote (Pla­neta. Barcelona, 1999), donde informa sobre vocablos y protagonistas cervantinos, aunque las conexiones sean tan forzadas como las de Mark Twain y, también, se extasíe con el escrutinio de personajes relacionados con Cataluña; así, por ejemplo, del bandido Guinart habla cual si del mismo Cervantes se  tratara. Respecto a Barcelona, recuerda que es ciudad de Cataluña y dedica más de una página a alabarla, incluyendo errores lamenta­bles, como afirmar que Cervantes estuvo en ella en 1609 ( ¿qué documento avala esta noticia, doctor Vidal, aparte de las fábulas de Martí de Riquer ?),

Vidal dice poco de Valencia, Reino que tanto alabó Cer­vantes por sus amistades lite­rarias, desde Timoneda a Gil Polo; y de donde salió la pri­mera edición del Quijote; aparte de sus aventuras con soldados valencianos en Lepanto y el rescate de Argel, gracias a comerciantes y frailes valencianos. ¿Saben cómo llama al Reino de Valencia el doctor Vidal?; "Valencia. Ciudad española de Levante" (p.477). Vidal rehu­ye escribir Reino de Valencia, denominación usada por Cervantes, aunque se deshace hablando de los catalanes y recalcando que Barcelona es ciudad de Cataluña. Jamás se atrevería a escribir: "Barce­lona. Ciudad española de Levante", aunque tan levan­tinas respecto a su amado Madrid sean Barcelona, Ma­llorca o Almería, ¿Tan igno­rante eres, doctor Vidal, que desconoces la toponimia coe­tánea del Quijote? En el 1600, cuando alguien aludía a Levante se refería al territo­rio turco, desde Grecia a Egipto. Y el Reino de Valen­cia existió, pero no en Tur­quía. Recomiendo a Vidal que estudie documentos origina­les, como `E1 viaje a Levante y descripción del Imperio de Turquía' (Bib. Nacional. Ma. 17.786. año 1631). Incluso los valencianos que vivían en la levantina Siria, recuerdan lo que Vidal ignora: "Fr. Fran­cisco Cañes, misionero hijo de la Prov. de S. Juan en el Rey-no de Valencia.,, este vocabu­lario lo escribí en la ciudad de Damasco y por ser verdad lo firmo en el año 1760 a 30 de enero" (Bib. Nac. Ms. 5.294).

Los que llaman Levante al Reino son los mismos que ocultan alusiones a la lengua valenciana. Así, sí alguien quiere saber algo sobre el Tirant lo Blanch (novela que don Quijote salva de las lla­mas), la Enciclopedia Corvantina de César Vidal le dirá que fue escrita por Martorell, pero calla que es valencia­no y que fue escrita en len­gua valenciana, aunque Martorell lo expresara en la novela. Vidal rehuye informar sobre la valencianía de Martorell, contrastando con la información meticulosa que ofrece sobre personajes secundarios, como "Jules Massenet, compositor francés nacido en Montand". Ya lo ven, dicen que existió Levante; pero no el Reino lla­mado Valencia, ni una lengua valenciana, ni escritores va­lencianos. Los manipulado­res, enarbolando doctorados como sables, liquidan nues­tra historia, creando un despersonalízado Levante o un amorfo Mediterráneo. Así, Vidal oculta que Alicante era ciudad del Reino de Valencia en tiempos cervantinos, y la convierte en villa acuática: "Alicante. Capital española situada en el Mediterráneo" .

Si regresamos a la dialécti­ca del nazismo, con la aplica­ción de términos despersonalizadores a colectivos huma­nos (llamarme 'levantino' es humillante), en las tertulias se hablaría de maquetos, go­dos, churros, charnegos, cha­chos, sudacas, etc. Y resalta­ríamos taras como las del sas­tre de 1615, que tenía "un diente menos en lo alto de arriba". Así, p,ej.: "So Ma Tereseta Mondongo y Culflorit, huitanta anys, chacho y en aspecte d'haver engolit un gamell". De igual modo que les encanta lo de levantinos, en Muchamel llaman `chacho´ al castellano. Así me lo contó Baldaquí: "fa temps, morts de fam, mos aplegaren una riua d'andalusos pera treballar en la tomata. A mosatros mos fea riure que sempre dien ¡Muchaaacho!, pera escomensar qualsevol conversació. D´ahí vingué lo de dir chacho al castellá, fora mascle o femella".

Chacho Vidal ha desentra­ñado, dice, los misterios de Nostradamus y de las checas madrileñas; pero ni él ni Ma Teresa captan que levantinos o sureños hay en Japón o Borneo, al existir Levante y Sur en cualquier área geopolí­tica, pero no una Andalucía o un Reino de Valencia. En fin, ¿nos respetará la Campos? Sospecho que -como Copito de Nieve- responderá con miraditas a la cámara, movimientos de glúteos sobre la silla y, como mucho, quizá nos dedique alguna ventosidad a los `levantinos'. Tras el esfuerzo, seguirá alabando a vascos y catalanes, al País Vasco y Cataluña.

Diario de Valencia 12 de octubre de 2003

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