Santa Carme Junyent, filóloga

Ricardo García Moya

Entre las toneladas de mier­da adquiridas por la Generali­dad para consolidar la catalanización se encuentra la enterne­cedora “Vida i mort de les llen­gües” (Barcelona 1992), escrita con la intención -según su auto­ra Carme Junyent- de defender al oprimido idioma catalán y a todos los parias lingüísticos del globo. En realidad, el ensayo es una navaja oxidada para hacer más daño en la herida idiomáti­ca española. Eliminado el valenciano, Junyent ofrece estra­tegias para debilitar al castella­no en Cataluña, llegando a proponer que en Girona -además de catalán y en lugar del espa­ñol- se imparta enseñanza en la africana lengua serer, por ser donde más se habla después de Gambia.

Junyent clama a la UNESCO (dirigida por el catalán Mayor Zaragoza) a favor de los desamparados idiomas, enume­rando ristras. En la India localiza el anal (p.114) con 6.600 practicantes; en California, el pomo con 9 hablantes; aunque le supera negativamente el wappo, con sólo un usuario que lo hablará, supongo, ante el espejo. La filóloga de la Universidad de Barcelona, sagaz, des­cubre que “la colonización ha sido un tipo de contacto que ha apostado fuerte por la desapa­rición de lenguas” (id. p.100) Las potencias coloniales, malvadas, planificaban la desapari­ción de lenguas y, con maestros inmersores, las sustituían por la imperial.., o condal, si la po­tencia era raquítica y no llega­ba a reino.

No se interroguen más. Entre los 5.000 idiomas amenazados, desde el wappo al anal, la filólo­ga olvida el valenciano. Carme Junyent no es una Teresa de Calcuta idiomática, sino un chusquero colonial que escupe y ventosea al idioma vencido. La colonial inmersión ha impuesto voces, morfología y construccio­nes sintácticas envueltas en celofán de prestigio. Un ejemplo lo ofrece la voz edra, hiedra en español. En el DCVB (Sanchis Guarner, Moll, etc) sentenciaron que la evolución del idioma ori­ginó la forma literaria heura en Cataluña, debiendo utilizarse en “registros formales y litera­rios” por los escritores cultos. Los agentes colonialistas conde­naron el uso de la valenciana edra, ordenando su sustitución por la colonial heura. Sorpren­dentemente, Junyent desconoce nuestras calamidades y conoce las de la lejana lengua gapsup de Nova Guinea (la de esos se­ñores que van desnudos, salvo un pimiento en su ídem).

Con cualquier grafía, la voz hiedra es literaria por asociarse metafóricamente a soledad, mu­ros vetustos, tristeza y resis­tencia; incluso en coplas (“Te siento cual a hiedra / ligada a mí / Y así hasta la eternidad....”). Lo que resulta diurético y la­xante es la afirmación inmerso­ra de que la catalana heura tiene mayor valor literario que la valenciana edra. La inmer­sión engaña, como vemos, para destrozar la moral idiomática valenciana; y quien tenía que defendernos, la Generalidad, aplaude estos disparates y los divulga. Así, en “El món vege­tal” (Ed. Generalitat Val.), se enseña a los niños valencianos la catalana heura (p.l7), ocul­tando la existencia de edra.

Como la Generalidad va a incrementar la catalanización (lo exigen a latigazos Eliseu Cli­ment y el catalán Levante), con­viene conocer estas manipulaciones. Nos imponen heura, ocultando que del étimo latino hedera surgieron la valenciana edra o hedra, la castellana hiedra o yedra, y la catalana heura o eura. El peligroso Corominas, en un descuido, reconoció que “hedra es la forma valenciana, seguramente de origen mozára­be” (DCECH). Es decir, creación de valencianos anteriores a 1238. Esto explicaría el arraigo literario y su uso por los clásicos del siglo XV “la edra” (Roig: Espill), “mes vert que la edra” (Corella), “la vert edra” (Procés de les olives), etc.

La Universidad -mamporerra de la colonización- niega pedigrí literario a edra, sustituyéndola por heura en los diccionarios. Lo chocante es que heura sí es barbarismo despreciado por prosistas y poetas de enjundia. Nosotros, aparte de Roig, Corella y Fenollar, tenemos el testimonio del universal botánico Cavanilles, que se ocupó de la   romántica trepadora, ofreciéndonos la forma latina hedera helix y la valenciana edra (Ob. 1797). Respecto a la incorporación de la h hay que advertir que fue tardía y motivada por la fiebre etimologista que hacía brotar haches hasta en palabras que no la llevaban en origen. En valenciano se añade en el XIX, con Escrig y Llombart, por in­fluencia del castellano hiedra, sucediendo igual con la catalana eura, convertida en heura. Con igual criterio podrían recupe­rarse vocales y obtendríamos hedera; pero sería latín, no va­lenciano.

La inmersión considera que ya ha eliminado la molesta voz edra. De hecho, en el diccionario del IEC(Ed.1995), ni nos la roban. La estrategia colonial de desprecio y sustitución se cum­ple a rajatabla en la Generalidad y Universidad; pero no­sotros -que no somos políticos ni vivimos del parasitismo in­mersor- les recordamos que edra es la única forma culta y literaria del idioma valenciano. Cuando Torres Naharro intenta en la Roma renacentista versificar en lengua valenciana, y así lo declara, escribe: “les belles edres creixerán plenes” (Propaladia,1517). ¿Lo ven? Aunque Guarner y sus compa­ñeros de redacción del idola­trado DCVB digan que edra no es literaria no nos engañarán. Ellos no pueden ofrecer, res­pecto a heura, un plantel de es­critores equivalentes a los va­lencianos. Además, la lengua valenciana posee obras en todos los géneros, por lo que podemos encontrar edra en coloquios: “de edra coronat” (Coloqui de Ti­to y Sento, Valencia 1789), o sainetes escritos junto al Vi­nalopó, “amagat allá en la hedra” (Lorente, Lluis: Ramona, Elig, 1887, p.11).

Queda menos para “Barce­lona 2004”, el mayor espectácu­lo mundial sobre naciones y lenguas oprimidas. Santa Carme Junyent, que está en todos los frentes, prepara el aquelarre entre lloriqueos, subvenciones, sollozos y sonidos de lenguas amadas (anal, wappo, etc.). Mientras, en Valencia 2001, el látigo catalanero seguirá azotando al Reino con la ayuda de nuestros políticos. Como diría una tal Nolla o Noia, la inmer­sión catalana la impone por sus c..., y con nuestros impuestos.

Diario de Valencia 3 de Enero de 2001

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