SOBRE EL LLAMADO “PENDÓN DE LA CONQUISTA”

Por Ricardo García Moya

De regreso a tierras valencianas, y cuando esperaba  tranquilidad tras un verano tenso -visitar la biblioteca de Cataluña y otros centros relacionados con el pujolsocialismo erosiona a cualquiera- me encuentro con la polémica sobre el pendón y, lo peor, artículos que simplifican los datos basándose en comentarios pie de foto del "Tratado de la Real Señera". En el libro, aparte de los asuntos principales, esbozo varias hipótesis sobre esta enseña.

EI llamado pendón de la Conquista, aunque su confección material fuera anterior de 1538, aparece en la historia en tal año gracias a la oratoria del fantasioso Beuter.  Ningún documento, durante tres siglos, hace referencia a la enseña depositada (en teoría) por Jaime I en San Vicent de la Roqueta. Jamás mereció una línea del año 1238 al 1538, y en ningún acto festivo, religioso, áulico o militar consta  su  presencia  o que fuera objeto de la mínima atención.

Las reliquias dudosas hunden sus raíces en la cómoda "tradición", hasta que alguna evidencia establece el tope cronológico máximo, y en este caso -siendo indulgentes y sin faltar el respeto a nadie- bien pudiera establecerse que el  9 de octubre de 1338 (en que se conmemoró solemnemente el primer centenario de la Conquista), todavía no existía el presunto pendón. Las crónicas describen cómo el pueblo valenciano y sus máximas autoridades visitaron en procesión cívica las iglesias -incluida la de San Vicent de la Roqueta- en plena exaltación de la figura de Jaime I, e ignoraron totalmente la presencia del pendón, hecho inadmisible de haberse encontrado allí la más valiosa reliquia donada por el conquistador a Valencia.

En  consecuencia,  a  partir  de 1338 hay que entrar en el campo de la especulación para aventurar su procedencia, hecho habitual en este tipo de objetos, pues ¿quién sería capaz de escudriñar la procedencia de la "auténtica bandera del caballero San Jorge Mártir", o del "pedazo de esponja (sic) con que dieron hiel y vinagre a Cristo"? Ambas reliquias "auténticas", como el pendón, también Ilegaron entre los siglos XIV al XVI a los templos de Valencia.

Respetando el tope cronológico de 1338, en el Tratado de la Real Señera sugiero varias hipótesis, teniendo en cuenta que las iglesias  recibían  banderas de todo tipo, desde las contemporáneas de la guerra de la unión contra Pedro IV de Aragón (p.e: en las cercanías de Bétera, el 19 de diciembre de 1347, las tropas del Reino capturaron enseñas al ejército real), hasta las utilizadas en el mar, como el estandarte de una galera de Lepanto que Miquel de Moncada donó al convento del Remedio de Valencia.

Pero las más numerosas, hasta el punto de que a fines del XVI cubrían los muros de algunas iglesias, eran las confeccionadas para actos relacionados con la monarquía, desde visitas reales a exequias.  Se  confeccionaban  hasta "300 senyals reyals", como en las exequias de Juan I I (año 1478), a las que acompañaban otras banderas de reinos y posesiones de la Corona de Aragón. Incluso cuando fue trasladado el cadáver del rey de Mallorca -muerto en la batalla de Lluchmajor- , se encargó una bandera real (no del reino de  Mallorca)  que fue colocada sobre "su cos den la seu de Valencia". EI "pagamente" de 1414 cita "la corda de canem e cadena on penja la dita bandera".

Y no hay que olvidar que la propia  Iglesia utilizaba banderas barradas. Cuando el cismático Benedito XIII entra en Valencia en 1414, es precedido por un "ganfanó" o bandera eclesial de barras rojas y amarillas, idéntica a la que llevaba el vexilario papal en el Concilio de Costanza, también en 1414. Pero los valencianos, no lo olvidemos, ya teníamos la Real Señera coronada, como demuestran los pergaminos de París fechados en 1410 y 1413.

Y hay un hecho esclarecedor: toda la quincallería atribuida  a Jairne I es, por lo menos, un siglo posterior al mismo. EI  famoso casco con el monstruo (usurpado por la actual Generalidad Valenciana al soberano de la Corona de Aragón), se remonta al reinado de Pedro el Ceremonioso, hacia 1350, la venerada espada de don Jaime, que estuvo clavada durante siglos en el artesonado de la Casa de la Ciudad, es del XV, y el tan divulgado fotográficamente escudo del conquistador, no supera en antigüedad el año 1400.

La fecha de origen del pendón debe encajar en estas centurias en que la fiebre por poseer reliquias Ilegó a extremos disparatados. Lo que sería absurdo es atribuir al "mestre en Sacra Theología Beuter" el encargo material del pendón, bastante atarantado anduvo aquel año de 1538 con la feligresa embarazada. EI canónigo sólo transformó, con su oratoria, una vulgar enseña de las abundantes que cubrían los muros eclesiales en la señera de Jaime I.

Y en  aquel  9 de octubre de 1538, la única bandera que presidió todos los actos fue la Real Señera  coronada.  Las  máximas autoridades -incluidos  Virrey, nobleza, diputados de la Generalidad y alto clero-, acompañaron a la enseña que había salido verticalmente por la ventana de la Sala del Archivo... no de San Vicent de la Roqueta.

Las Provincias 21 de Septiembre de 1994

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