Vicent Soler, llingüiste comprometut

Ricardo García Moya

En el diario del Ferranet, la faz de Vicent Soler busca la del lector como pidiendo loas a su valía intelectual: “Mireume aspayet, soc yo, Vicent el socialiste; defensor del catalá, el que sap d’economia, el comprome­tut ¿Voleu una lliçó magistral sobre el aturar?”. La fotografía oculta su oreja derecha, recor­dándome el angustiado autorre­trato de Van Gogh. Sentando cátedra, Vicent airea su apoyo a “aturem” y no a “parem”; pero, con la apoyadura hecha un lío, se engancha y repite “atu­rem la guerra, aturem l’erosió, aturem açó, aturem alló, aturem l’aturem, aturem...”. Aunque lo de la oreja me intriga, pasare­mos a su jácara “Aturem tot”.

Vicent defiende la reimplanta­ción de “aturar” por haberlo usado Jaume I, St. Vicent, Roig y Sor Isabel. Con estas cuatro citas, copiadas del diccionario de Corominas, pretende engatusar al lector; sea éste el panadero somnoliento, un oficinista ner­vioso que bebe el café, el Carrascosa que lee y otea maci­zas en lontananza, etc. Estos incautos son las víctimas de nuestros Van Gotets de la lin­güística; pero Vicent hace tram­pitas (y sabe que se las vamos a pillar, de ahí su carita seria), al dar a entender que “aturar” es un verbo emblemático y genui­no del idioma valenciano, ama­gant que’s més castellà que les gorrites del parruç d’Isabel la Católica. El verbo aturar era común a los romances peninsu­lares: gallego, valenciano, judeo­español, portugués, castellano y catalán; figurando en el actual diccionario de la Real Academia Española, igual que aturada: “duración o detención”. En las neolatinas gozó de amplia varie­dad de matices semánticos, y así consta en la “Estoria de Espanna” de Alfonso X de Castilla (h.1270); en textos de Berceo (h.1238), Abraham de Toledo (h.1250), en el Libro de Alexandre (h.1240), en las Farsas de Lucas Fernández ­(h.1510), en Cervantes, etc.

Los valencianos no sentirían apego al verbo aturar, al escu­charlo en castellano y catalán, decantándose hacia otra familia léxica también común, la derivada del latín “parare” usada por Joanot Martorell: “se pará tal que... en terra stigué per bon espay (...), faré parar a cada pas”. Si Vicent hubiera leído algo más a Corominas sabría que “parar” es especialmente valenciano: “anar a parar, aná a parar en tal puesto”. Es decir; uno camina por la calle o por la vida, metafóricamente, hasta que fija tal lugar como estable, finalizando su corto o prolonga­do deambular. El etimólogo catalán recogía también la mor­fología moderna: “amollen dos paraes d’aigua”, en idioma valenciano de la Marina; o “fiquen la pará a la sequia pera regar la finca del costat”, en Almansora; razonando sobre el posible origen mozárabe de topónimos como “La Pará”, en Salem; y “La Pará de Roc”, en Albayda, etc. En Benimasot recoge: “encara es veu un paraor”, igual que en Benitachell.

Los vocablos que evoluciona­ron por apócope en idioma valenciano -sin coacciones fascis­tas- se enfrentan a los tabúes impuestos por la RAE y el IEC. Voces castellanas y catalanas como vegada, vomitada, torna­da, parada o aplegada,- aunque arcaísmos valencianos-, actual­mente las consideramos extra­ñas al idioma valenciano. No­sotros podemos escribir y pro­nunciar perfectamente vegada y tornada sin reducción silábica, como artificialmente hacen los catalaneros; pero no renuncia­mos a una característica del valenciano moderno, oral y escrito, con registros literarios y en prosa filológica de especialis­tas como Fullana. No podemos admitir la descalificación de filó­logos que viven del expansionis­mo fascista catalán. Para ellos, toda singularidad lingüística valenciana es ridícula y “pera fer riure”; aunque aceptan la bisutería del IEC y su mascota la AVL.

La inmersión rechaza que usemos “parem la guerra”, dife­renciado del catalán “aturem la guerra” y castellano “aturemos o paremos la guerra”. Tampoco permiten la braquigrafia “pará”, distinta a la “parada” castellana y catalana; pese a estar documentadas literaria­mente la apócope y supresión intervocálica: “a la pará d’atra amiga” (Fambuena: Fer les car­tes, 1881); “te pará en lo mer­cat” (Ovara:Per tres pesetes, 1881); “per les paraes del mer­cat” (El Bou solt,1877); “una paraeta” (Bib. Nac. Ms. 14185: Chaques l’olier. c.1850). El clási­co verbo “parar” ha estado pre­sente desde los clásicos como Martorell hasta nuestros días: “sinse parar en torreta” (Coloqui dels platerets, c.1780); “paralitics y parats” (Conver­sacions de Saro.1820); “el que va parant el sol” (Liern: La mona de Pasqua, 1862). “deixar a ú parat” (Escrig: Dicc. 1887). Los gudaris de salón, como Vicent Soler, podrían exhibir pancartas con fraseología en idioma valenciano: “Bush, pare vosté el carro (o l’eixercit)”; “Home parat no fa guerra” (Ros: Tratat,1736), etc.

Los Vicent Soler son las coris­tas del teatro catalanero, aplau­diendo el “aturem” o disimulan­do la humillación diaria que suponen las publicaciones de Inmersiomán, la televisión esta­tal o autonómica, recibos en catalán, etc. Ahora mismo he escuchado un comentario sobre la saltadora valenciana Mon­taner, que un tío de La 2 de TVE pronuncia “Muntané”, imitan­do el barceloní para hacer méri­tos. Renuevo el carné ante un cartel que dice “torn” en cata­lán, cuando en idioma valencia­no es “tanda”. Esta voz de étimo árabe se incorporó al romance valenciano en textos escritos en el Reino, como la Crónica de Jaume 1, que había de cruzar el Júcar por turnos, “per tandes”, en la misma frase que usa el verbo “nadar” y el sustantivo “colp” (no nedar, ni cop). Y el antiguo Carrer del Torn no alu­día a “turno”, sino al giratorio torno para bebés abandonados. En idioma valenciano, aunque el PP imponga el catalán “torn”, diríamos: “Tocarli a u la tanda, deixar passar la tanda, entrar en tanda, la tanda pera regar, etc” (Escrig: Dicc.1887).

Los Van Gotet e Inmersiomán rechazan hasta la ch de “chi­quet”. ¡Qué tiempos, cuando en la renacentista Venecia los humanistas valencianos exigían al impresor el uso de la palatal africada! Así hizo el judío ale­mán Hertzoc en el Salterio de Roiç de Corella: “dona enteni­ment als chiquets” (Bib. Nac. Inc.1462); y, en 1489, el italiano Paganinus en el Liber de Esteve: “chiquet... chiqueta me­nuda”. Hoy, con el idioma valen­ciano prohibido en la enseñanza y administración, hay que bus­car referencias al mismo en filó­logos no contaminados por el fascismo catalán. Así, en el ensayo “Borges y la palabra”, Carla Cordua cita a Schiaffino y sus comentarios sobre el espa­ñol, el “gallego, el catalán, el valenciano...” (Borges Studis. University of Aarhus, Dane­mark). Nos esperan otros cuatro años de parasitismo catalanero.

Diario de Valencia 25 de mayo de 2003

INDICE

http://rgm.idiomavalencia.com